No podemos negar el enorme valor de instituciones como la Fundéu o la RAE, que resuelven nuestras dudas lingüísticas a golpe de una simple llamada telefónica o de un correo electrónico, y «gratis total» o, lo que es lo mismo, «por cero euros». El problema es que nos volvemos perezosos y, peor aún, no aprendemos prácticamente nada. Si acaso, despejaremos alguna duda que, dependiendo de nuestra memoria, volverá o no a presentarse.

Pero es que, además, considerando la gran cantidad de fuentes en línea (¿por qué será que este en línea no logra desplazar al omnipresente online…?) a las que podemos acceder en nuestros días, también de baracalofi, la tarea de investigar la propiedad, validez, oportunidad o tradición de una voz o de una estructura sintáctica puede resultar apasionante.

Veamos de qué herramientas disponemos y su jerarquía a la hora de consultarlas. Hay que tener en cuenta que estas son las herramientas que usa la propia Fundéu para dar respuesta a más del 90 % de las consultas que recibe y para redactar un porcentaje similar de sus recomendaciones.

En primer lugar, como no podría ser de otra forma, está el Diccionario académico, el famoso DRAE, que por ser el Diccionario por antonomasia, el diccionario de los diccionarios, se puede escribir con mayúscula y en letra redonda (no pasa lo mismo si nos referimos a él con su título completo, Diccionario de la lengua española, en cuyo caso sí irá en cursiva y solo con la inicial mayúscula en Diccionario, como dicta la Ortografía —otro caso de uso antonomástico, por cierto— para los títulos de obras de creación). Lo aconsejable es acudir a él en primer lugar cuando se presenta una palabra o locución que desconocemos o de cuya grafía dudamos.

Es importante tener en cuenta que muchas voces contenidas en el DRAE incluyen la llamada «Artículo enmendado», con un atinado color rojo de fondo para que no se nos pase desapercibida. En tal caso, de lo que se nos está advirtiendo es de que en la próxima edición del Diccionario, la vigésima tercera (o vigesimotercera, que ambas formas son correctas), que saldrá en papel (y no entiendo por qué, teniendo en cuenta su grado de obsolescencia) el próximo mes de octubre, alguna de las acepciones de dichas voces ha cambiado, de modo que es fundamental tenerlo en cuenta y pinchar en el enlace para saber la evolución del dictamen académico.

Pero habrá casos en los que el Diccionario no nos dará la respuesta que buscamos, o al menos, con el detalle deseado. Puede sucedernos con las dudas ortográficas, gramaticales, toponímicas o relacionadas con los extranjerismos y neologismos dudosos, entre otras. En tal caso disponemos, en mi opinión, de uno de los mejores diccionarios electrónicos de dudas jamás publicado: el Diccionario panhispánico de dudas (DPD) de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).

En él podemos encontrar, además de la respuesta a las dudas mencionadas más arriba, otras muchas relacionadas con el uso de mayúsculas y minúsculas; la escritura y uso de abreviaturas, siglas y símbolos; las concordancias verbales y nominales; el uso de la tilde; el tratamiento de los topónimos; la escritura y el uso de los numerales, y un largo etcétera. Además, incluye 5 apéndices de una extraordinaria utilidad, como son el de países y capitales del mundo, con sus gentilicios; el de abreviaturas o el de símbolos y signos que se pueden o no alfabetizar, entre otros.

De modo que cuando queramos consultar dudas gramaticales, léxicas complejas, ortográficas y ortotipográficas, nada mejor que empezar por el DPD.

Pero puesto que este superdiccionario de dudas, publicado ya hace nueve años (2005), se encuentra en periodo de adaptación a la Nueva gramática de la lengua española (2009) y a la Ortografía de la lengua española (2010), ambas en línea y de acceso gratuito desde hace casi dos años y que, como indican sus fechas de publicación, son posteriores a aquel e incluyen cambios no recogidos en el DPD, es conveniente acudir a ellas para contrastar las informaciones que consideremos más dudosas o sobre las que deseemos obtener un mayor detalle.

Y si nuestra duda tiene que ver con el español de América, disponemos, también en internet, en la página de la ASALE, del completísimo —más de 70.000 entradas— Diccionario de americanismos, en el que podemos contrastar el uso y, por tanto, la conveniencia o no de utilizar miles de vocablos habituales en los distintos países de Hispanoamérica. Para hacerse una idea de su importancia, baste con decir que sobre este diccionario se apoyó la Fundéu BBVA para elaborar la recomendación del término escrache, elegida palabra del año en el 2013 por la propia Fundación.

Para concluir con los múltiples recursos que nos ofrece la página electrónica de las Academias, no podemos olvidarnos de su banco de datos, en el que se encuentran disponibles tres corpus de gran utilidad para conocer diacrónicamente los usos contextualizados del léxico español: el Corpus Diacrónico del Español (CORDE), el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) y el Corpus del Español del Siglo XXI (CORPES XXI). El primero recoge 250 millones de registros, desde las primeras referencias escritas en castellano hasta textos del año 1975, la mayoría provenientes de la literatura, el ensayo, el teatro y la poesía. El CREA recoge más de 160 millones de registros, escritos y orales, en este caso recogidos en su mayor parte de medios de comunicación españoles e hispanoamericanos fechados entre los años 1975 y 2004. Y el CORPES XXI, en construcción, aunque ya accesible para su consulta, ya dispone de más de 160 millones de registros producidos desde 2004 hasta nuestros días, y su intención es publicar 25 millones de entradas por año.

En muchas ocasiones estos corpus resultan de gran ayuda, en especial cuando dudamos de si una expresión es tradicional en español o se trata de un calco semántico o sintáctico (normalmente del francés o del inglés), pero también para conocer el significado y características de palabras, expresiones y construcciones a partir de los usos reales registrados. Sea como fuere, puede incluso resultar un fantástico entretenimiento si te gustan las palabras…

Otros diccionario de español-español de prestigio y disponibles en la red de forma gratuita son el Clave, de SM; el María Moliner en línea (es una versión desactualizada, pero aun así, de gran utilidad) y el de Wordreference, principalmente por sus utilísimos foros y por su completísimo apartado de sinónimos y antónimos del español (y también del inglés).

En cuanto a los recursos más fiables para resolver dudas toponímicas, más allá del apéndice sobre países, capitales y sus gentilicios del DPD, mencionado más arriba (la Ortografía tiene otro más actualizado, pero desgraciadamente solo se ofrece en la edición en papel), cabe destacar el Libro de estilo interinstitucional de la UE, que incluye una actualizada y completísima lista de Estados, territorios y monedas del mundo consensuada con la RAE y con el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España. Otra referencia extraordinaria, aunque pueda resultar algo chocante, es The World Factbook de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana, la temible CIA, en el que se ofrece una amplísima información, actualizada semanalmente, de todos los países y regiones del mundo. Más allá de su interés intrínseco para conocer la geografía, demografía, economía, régimen político o militar de prácticamente todas los países del mundo, puede resulta de gran ayuda para investigar sobre toponimia internacional. Por último, but not least, está la página de la ONU titulada Estados miembros de las Naciones Unidas, en la que se ofrece una amplia información de sus 192 Estados miembros mediante enlaces a las webs compartidas por la ONU con cada Gobierno. Un filón para conocer de primera mano la toponimia oficial de prácticamente todos los rincones del mundo.

En otro artículo abordaré las referencias más fiables y prácticas, desde mi punto de vista, para acometer traducciones equilibradas, precisas, documentadas y razonables del enorme caudal de angloneologismos que se publican a diario en los medios de comunicación y cuyas correspondencias en español resultan en la mayoría de las ocasiones muy complicadas.

De momento, y para hacer más grata la espera, os paso el enlace a una web con las mejores páginas de descarga gratuita y legal de libros (incluyendo libros de texto y manuales de referencia): http://armakdeodelot.blogspot.com.es/2014/01/absolutamente-todos-los-sitios-donde.html. ¡Que la disfrutéis!

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

«Viajar en business, en un vuelo “doméstico” pagado en cash, y tener que alojarse en una motorhome o en un bungalow».

Parece mentira que en España, donde presumimos de haberle arrebatado a China el tercer puesto como destino turístico internacional (60,6 millones de turistas extranjeros recibimos el año pasado, frente a los 57,4 M que acogió el gigante asiático), solo por debajo de Francia, con 83 M de turistas, y de los EE. UU., con 67 M, el lenguaje del turismo siga tan atestado de anglicismos crudos.

Siendo como es nuestro país una de las principales plataformas de I+D+i para los técnicos de la Organización Mundial de Turismo, su campo de pruebas, de investigación, de innovación; un destino que ofrece respuestas a las nuevas necesidades y retos del sector a escala mundial; que ocupa a 2,5 millones de trabajadores, es decir, a más del 20 % de la población activa española (16,8 M, según la última EPA); que celebra anualmente la segunda feria mundial de turismo, Fitur, y que ha exportado léxico como paella, tortilla, tapa, siesta, sangría, flamenco, señor, torero, fiesta, ruedo, gazpacho, etc., a todos los rincones del planeta…, siendo un país así, decía, seguimos, sin embargo, ofreciendo una imagen tercermundista en lo concerniente a la promoción de nuestro idioma, que ignoramos, poniéndolo a los pies del inglés.

España, así, resulta un país acomplejado de su propia lengua, que no solo subestima como vehículo de comunicación con el mundo exterior, sino también entre sus propios ciudadanos, que insisten en desdeñarla en ámbitos en los que se piensa que el inglés es más chic, más distinguido. Porque es lícito pensar que en ámbitos como la ciencia o las nuevas tecnologías el inglés resulta más preciso; al fin y al cabo son los países anglosajones, principalmente los EE. UU., los que inventan, de modo que tienen ventaja a la hora de fijar sus propios referentes léxicos, que gozan de una especificad inalcanzable en otros idiomas, al menos hasta que esos inventos se popularizan, se entienden en toda su dimensión y, por consiguiente, se interiorizan, que es cuando pasan a ser traducidos y quedan asentados.

Pero en el caso del turismo no podemos pensar sino que se trata de un mero postureo[1]. Salvo rarísimas excepciones —como por ejemplo suite, aunque ya ha sido incorporada a la nueva edición del DRAE, donde aparecerá en redonda con el significado de ‘En los hoteles, conjunto de sala, alcoba y cuarto de baño’—, la mayor parte de los anglicismos usados en el sector del turismo tienen correspondencias inequívocas en español.

Veamos a continuación, para comprobarlo, una lista de anglicismos relacionados con el sector turístico (viajes, alojamientos, actividades de ocio y deporte, etc.), de uso extendidísimo, principalmente entre los profesionales del turismo —lo que tiene aún más delito— y sus correspondencias en español:

  1. Overbooking: sobreventa, exceso de reservas.
  2. Check-in: registrarse (en un hotel o apartamento); facturar (el equipaje).
  3. Finger (de avión): pasarela.
  4. Hub (de aeropuerto): centro de operaciones,  de conexiones o de distribución.
  5. Handling: servicio de equipajes o de maletería.
  6. Touroperator/tour operador: turoperador, agencia mayorista.    
  7. Catering: servicio de comidas (el Diccionario panhispánico de dudas [DPD] propone la adaptación cáterin, en redonda y de plural invariable: varios cáterin).
  8. Jet-lag: desfase horario.
  9. Transfer: conexión, trasbordo, correspondencia.
  10. Standby: en espera.
  11. Ferry: trasbordador, ferri.
  12. Vuelo «doméstico»: vuelo nacional (en español, doméstico alude a lo propio del hogar, no de lo nacional o interior, como sucede en inglés).
  13. Void: (billete) anulado.
  14. Rappel: descuento (aunque el DPD propone la adaptación rápel o rapel; plural, rápeles o rapeles).
  15. Forfait: paquete (turístico), abono (para los remontes) o precio global acordado. No obstante, la próxima edición del Diccionario académico ya recoge esta voz como propia del español, aunque debe pronunciarse como se escribe (/forfáit/), no a la francesa (/forfé/). Su plural es forfaits.
  16. Charter/s: voz adaptadas al español, aunque con tilde: chárter; plural, chárteres.
  17. Duty free shop: tienda libre de impuestos.
  18. Call center: centro de atención al cliente, de atención telefónica o de llamadas.
  19. Pack: paquete, lote, envase.
  20. Kit (de viaje): aunque ya está recogido en el DRAE, puede sustituirse por voces españolas como juego, estuche o equipo.
  21. Set: conjunto, serie, juego o estuche.
  22. Hall: salón, vestíbulo, entrada, recibidor.
  23. Lobby: vestíbulo, recibidor.
  24. Business corner: centro de negocios, sala de internet.
  25. Traveller’s cheque: cheque de viaje.
  26. Cash: efectivo (dinero en efectivo o en metálico).
  27. Fitness centre: gimnasio, sala de entrenamiento.
  28. Amenities: servicios, productos de acogida, instalaciones, comodidades.
  29. Single (room): (habitación) individual.
  30. Bungalow: bungaló, búngalo.
  31. Motorhome: autocaravana.
  32. Business centre: centro de negocios.
  33. Resort: centro turístico o vacacional, complejo hotelero.
  34. Facilities: instalaciones, servicios.
  35. Sommelier: sumiller.
  36. Snorkel: esnórquel, buceo de superficie.
  37. Running: carrera, correr.
  38. Rafting: balsismo, descenso de rápidos, canotaje.
  39. Trekking: senderismo.
  40. Footing: (falso anglicismo para jogging) correr.
  41. Jogging: correr («Voy a hacer jogging»: ‘Voy a correr’).
  42. Spa: balneario, baños o termas.

Y esto sin mencionar muchos otros usos inapropiados en el ámbito del turismo tan habituales como confundir al norte con en el norte («Suiza está en el norte de Italia»); Levante con la Comunidad Valenciana («La paella es propia de Levante»); el Reino Unido con Inglaterra y Gran Bretaña o el Úlster con Irlanda del Norte, entre otros.

Así que, prevenidos quedáis: cuando queráis ir a la Costa Azul no pidáis un biglietto a la Riviera, porque es posible que acabéis en San Remo

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

 


[1] Término consultado a la RAE en 9.812 ocasiones, según consta en la tabla I de este interesante Boletín de Información Lingüística de la Real Academia Española (BILRAE).

A veces me pregunto qué sentirán las familias de personas desaparecidas, bien por causa de secuestro, extravío, accidente, detención ilegal o, simplemente, decisión propia (se fueron a comprar tabaco y nunca regresaron) cuando leen en la prensa, un día sí y al otro también, noticias sobre muertos «oficiales» a quienes se califica de desaparecidos.

Noticias como la del título de esta entrada, que podríamos encontrar en cualquier periódico español, pueden provocar confusión en el lector. ¿De qué nos están hablando?: ¿de que alguien cuyo paradero desconocemos había cambiado de vida antes de sufrir un accidente?, ¿de que el accidente, como en el caso del avión de las líneas aéreas malasias, fue lo que provocó la desaparición del sujeto de la noticia? ¿O quizá de que el desaparecido en realidad murió a causa del accidente?

¿Y si la noticia alude a un ciudadano argentino o chileno, por ejemplo, en cuyos países todos sabemos que se produjeron miles de desaparecidos durante las dictaduras militares de los setenta? ¿Qué sucede cuando nos encontramos con noticias como «El desaparecido poeta argentino Rodolfo Walsh visitó Cuba por primera vez en 1959»? Lo más probable es que interpretemos que Walsh, dada su ideología izquierdista, fue desaparecido por la Junta Militar argentina que gobernó el país con mano de hierro entre 1976 y 1983.

Sin embargo, teniendo en cuenta la segunda acepción de desaparecido que recoge el Diccionario académico, ‘eufemismo de muerto, nos quedamos con la duda de si, efectivamente, se considera al poeta desaparecido, es decir, escondido, ocultado, secuestrado, huido, fugado o, simplemente, en paradero desconocido, o por el contrario se lo considera muerto, fallecido, fenecido o extinto.

Como vemos, el castellano dispone de una amplia y variada gama de sinónimos tanto para desaparecido como para muerto, de modo que parece innecesario, además de poco recomendable, abusar del eufemismo desaparecido cuando sabemos a ciencia cierta que nos referimos a alguien que ha fallecido. Curiosamente, diccionarios de un prestigio y rigurosidad fuera de toda duda como el Clave y el María Moliner, por ejemplo, no incluyen en sus páginas la acepción de muerto para la voz desaparecido, lo que resulta muy sintomático.

E igualmente curiosa —y también sintomática— resulta la definición que ofrece el DRAE del vocablo fallecido, en principio, la mejor alternativa a desaparecido si queremos evitar la palabra tabú muerto: ‘Desfallecido, debilitado’ (e incluso añade que se trata de un adjetivo en desuso, anticuado…). Afortunadamente, no sucede lo mismo en los otros diccionarios mencionados, el Clave y el María Moliner, que definen fallecido como ‘Referido a una persona, que ha muerto’.

Considerando, por tanto, la ingente cantidad de noticias que se sirven casi a diario relacionadas con personas desaparecidas, ya sea voluntariamente, por causa de accidente o por haber sido detenidas de forma ilegal, convendría limitar el uso eufemístico del término desaparecido con el significado de muerto. Probablemente los familiares, amigos y conocidos de personas extraviadas o retenidas lo agradecerían…

Pero, volviendo al titular de este artículo, ¿qué hay de ese «había rehecho su vida»?, ¿cómo hemos de interpretarlo? A juzgar por el uso que dan a esta expresión muchos medios de comunicación, deberíamos deducir que el desaparecido se acababa de casar de segundas nupcias o que había comenzado una nueva relación sentimental. Así, por ejemplo, tras la reciente muerte del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez (el desaparecido Suárez), se han publicado noticias como esta, muy significativa para el tema que nos ocupa: «Ahora Suárez Illana [su hijo] minimiza su interés y huye de la polémica, aunque es un secreto a voces que sus relaciones con Fernando Romero, el viudo de Mariam y padre de Alejandra [la heredera del ducado de Suárez], son muy tensas, casi inexistentes desde que éste rehizo (sic) su vida». Y ya. Ni una sola explicación de la forma en que Fernando Romero, yerno de Adolfo Suárez, decidió rehacer su vida.

Si consultamos el Diccionario veremos que el verbo rehacer significa —además de ‘Volver a hacer lo que se había deshecho, o hecho mal’— ‘Reponer, reparar, restablecer lo disminuido o deteriorado’. Por su parte, el Clave dice ‘Referido a una persona, dominar una emoción y recuperar la serenidad o el ánimo: “Es difícil rehacerse tras la pérdida de un ser querido”’. Como vemos, en ninguno de los dos diccionarios se menciona la posible colocación «rehacer uno su propia vida» con el significado de ‘establecer una nueva relación sentimental’. Solo el María Moliner nos da una pista, aunque muy pequeña —se intuye en el ejemplo que ofrece—, al respecto. Dice, bajo el lema rehacer: ‘Restablecer o arreglar; particularmente la vida cuando ha quedado deshecha por algún suceso desgraciado: “Después de la separación, consiguió rehacer su vida”’.

De modo que no entiendo por qué si alguien dice que ha rehecho su vida hemos de entender que se ha vuelto a casar o que se ha echado una nueva novia. Creo que son reminiscencias del pasado, de unos tiempos en los que prácticamente nadie podía plantearse una vida plena e independiente sin pasar por la vicaría. Afortunadamente, hoy en día son muchos los singles (ojo, ni siquiera la Fundéu ha sido capaz hasta el momento de ofrecer una alternativa a este anglicismo crudo cuando se refiere a quienes-no-han-rehecho-sus-vidas, así de cruda está la cosa) que se reinventan como tales después de sufrir un quebranto sin necesidad de ejercitar la tradicional simbiosis nupcial. Y creo que la prensa y, en general, toda la sociedad hispanohablante debería tomarlo en cuenta antes de dar por hecho que cuando alguien rehace su vida es porque ha pillao…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec