Hace unos días, a raíz de la publicación en el blog «Strambotic» (diario Publico) de un interesante artículo sobre el origen carcelario de muchas palabras coloquiales («Diez palabras muy dabuten surgidas en el talego que usas cada día»)[1] que venimos usando en España, principalmente entre la gente más joven, desde los años setenta, un amigo me puso en guardia sobre el mal uso que se hacía en el texto de la palabra interfecto. Hablando del curioso origen del verbo chinarse[2], decía el autor:

«Este cronistas escuchó recientemente en el aeropuerto de Barcelona a una joven de buen ver (de muy buen ver) manteniendo una conversación nada íntima con un interlocutor invisible: “¿Y por qué se ha chinado la Esther?”. Estuve tentado, pero no lo hice, de preguntar a la interfecta si su amiga se había “rajado la carne o las venas con un trozo de cristal en señal de protesta para lograr sus objetivos”…».

Efectivamente, si acudimos al Diccionario académico, vemos que recoge la siguiente definición de interfecto: ‘(Del lat. interfectus, part. pas. de interficio, matar). adj. Der. Dicho de una persona: Muerta violentamente, en especial si ha sido víctima de una acción delictiva’. Puesto que la interfecta del texto de Strambotic lejos de estar muerta, y menos aún de forma violenta —dada su apariencia, «de muy buen ver»—, estaba vivita y coleando, parece claro que lo que quiere decir el autor con la interfecta es la mencionada, la aludida, acepción no recogida por los académicos, pero ampliamente usada por los hablantes y los medios de comunicación.

Tanto es así que ha merecido la atención de la Asociación de Academias de la Lengua Española, que en su Diccionario panhispánico de dudas (DPD) advierte de que la voz interfecto, usada frecuentemente con intención humorística o despectiva en el habla coloquial con el sentido impropio de ‘individuo del que se está hablando’, ha de ser evitada.

Me temo, no obstante, dado el extendidísimo uso actual de interfecto con el sentido que la Academia considera censurable, y teniendo en cuenta que la mayor parte de diccionarios de uso del español, entre ellos el Clave y el María Moliner, recogen esta acepción, que los académicos tendrán que replantearse si siguen o no condenándolo. Los propios corpus académicos —el CORDE, el CREA y el CORPES XXI— dan buena muestra de la evolución progresiva de su uso, que a medida que avanzamos en el tiempo se decanta por la segunda acepción[3]. Ahora bien, nos (me) queda la duda del porqué de esta curiosa derivación de interfecto, que de significar ‘muerto de forma violenta’ ha pasado a ser ‘persona mencionada’, y además, cuando se alude a ella con intención humorística. Un humor, sin duda, muy negro…

Anexionar(se) no es apoderarse, sino incorporar, unir, agregar

En los últimos meses, a raíz del conflicto de Ucrania, y en especial el de Crimea, los medios de comunicación han sido muy pródigos en el uso del verbo anexionar. Así, hemos podido leer y oír —y aún seguimos haciéndolo, lamentablemente, pues el conflicto está lejos de solucionarse— noticias como: «16 diputados de la Duma estatal rusa registraron un proyecto por el que Rusia podría anexionarse de* Crimea», «Expertos de diversos países consideran que el presidente Putin no quiere anexionarse de* Ucrania, pero sí que en el país haya un Gobierno débil» o «Dimitri Medvedev ha llegado este domingo a la región ucraniana de Crimea —de* la que Rusia se ha anexionado— para una visita de dos días».

Pero ¿qué dice el Diccionario del verbo anexionar? Pues, además de aclarar que se trata de un verbo transitivo, indica que es ‘Unir o incorporar algo, especialmente un país o una parte de su territorio, a otro (sic)’. Por si hubiera alguna duda, que la hay, las Academias quisieron extenderse en su dictamen sobre anexionar en las páginas del DPD, donde se dice que «Lleva un complemento con a, que expresa aquello a lo que se agrega o incorpora lo designado por el complemento directo: “Poco después de que Hitler anexionara Austria al Reich alemán, Gödel perdió su puesto”», y añade que «Se usa a menudo en forma pronominal: “Italia se anexionaba los territorios de Trento e Istria”».

Es decir, que tanto si se usa como pronominal (anexionarse, se anexiona) como si no (anexionar, anexiona), nunca lleva de para introducir el complemento, sino a. Se anexiona algo a algo, normalmente un territorio a otro, o alguien anexiona algo, pero ese alguien o ese algo no se anexionan de dicho territorio, simplemente lo anexionan o se lo anexionan. Así, en los ejemplos mencionados más arriba, lo apropiado habría sido escribir: «16 diputados de la Duma estatal rusa registraron un proyecto por el que Rusia podría anexionarse Crimea», «Expertos de diversos países consideran que el presidente Putin no quiere anexionarse Ucrania…» y «Dimitri Medvédev ha llegado este domingo a la región ucraniana de Crimea —que Rusia se ha anexionado— para una visita de dos días».

Es muy probable que esta confusión en el régimen preposicional del verbo anexionar(se) proceda de su identificación con el verbo pronominal apoderarse, que, sí rige su complemento con de (el sujeto no se apodera algo, sino de algo). En muchos casos, para evitarlo, se puede sustituir anexionarse por incorporar y ver el resultado, que será palmario: si cambiamos «Rusia se anexiona de* Crimea» por «Rusia incorpora de* Crimea» veremos de inmediato que la construcción es errónea.

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec



[1] Hay un excelente glosario de la jerigonza juvenil española en la Wikilengua del español.

[2] Parece ser que chinarse, ‘autolesionarse haciéndose cortes en el cuerpo’, ‘cortarse las venas’, proviene de ‘hacerse el haraquiri’, lo que hacen los chinos japoneses

[3] Sobre la evolución de muchos términos españoles que han cambiado de significado, ver el fantástico artículo de mi excompañero de la Fundéu Federico Romero (DEP) titulado «Pero qué le estáis haciendo a “mis” palabras», una verdadera joya que nadie debería perderse…

No por falta de ganas, sino por falta de tiempo, escribo ahora, con un poquito de demora, esta reseña sobre el V Congreso Internacional Esletra que se celebró hace poco menos de un mes en Nueva York. El póster, magníficamente diseñado por Jesús Zurita, muestra con mucha visión lo que podría –o mejor,  debería– ser el panorama lingüístico a medio y largo plazo en los Estados Unidos y en el resto del mundo. Hay que ser optimistas, jaja, con el permiso del chino, por supuesto, una posible cohabitación entre el inglés y el español como las lenguas más importantes del planeta.

El congreso de ESLETRA es el primer congreso especializado en el español como lengua de traducción que se ha celebrado en Estados Unidos, en la magnífica sede que tiene el Instituto Cervantes en la Gran Manzana y que ha sido brillantemente organizado por nuestras compañeras de Tremédica Cristina Márquez, Bertha Gutiérrez, Carmen Hurtado, Lida Barbeta, y alguno más que me dejo (lo siento).

Durante los días 23 y 24 de abril, y para ir haciendo boca, se pudo asistir y disfrutar de unos talleres precongreso que fueron impartidos por Fernando Navarro, Bertha Gutiérrez Rodilla y Gonzalo Claros y que SeproTec, junto con la Fundación Lilly tuvo también el honor de patrocinar.

Luego ya, entrando en el congreso propiamente dicho, que se celebro los días 25 y 26 de abril, señalar que contó nada menos que con la presencia de Miguel Sáenz, traductor y miembro de la Real Academia Española de la Lengua. Cabe señalar también la presencia de Fernando Navarro al que le fue entregado el III Premio Esletra al finalizar el congreso. Entre el resto de ponentes pudimos asistir a exposiciones de diversos traductores, docentes y miembros, entre otros, del Consejo de la Unión Europea, Naciones Unidas, Instituto Cervantes, Comisión Europea, TIPO, Academia Norteamericana de la Lengua, etc. De estas sesiones he podido extraer y visualizar un retrato del momento que vive el español en el mundo de la traducción: situación actual y, sobre todo, situación frente a la lingua franca que impera en la actualidad.

En cuanto a las actividades “no académicas” –ya sabéis, corrillos entre las diversas sesiones, cafés, cena final–, la verdad es fueron muy cordiales y, como siempre, amenas y sumamente positivas; en ellas siempre tienes la oportunidad de conocer compañeros de profesión con inquietudes similares y charlar sobre los aspectos profesionales que todos compartimos.

Bueno para no ser pesado, os dejo el enlace del programa para que al que le interese pueda digerirlo tranquilamente.

http://www.esletra.info/index.php/es/

http://www.medtrad.org/jornadas-conferencias/index.html

Paco Martín

SeproTec Multilingual Solutions

 

¿Te imaginas a un compañero de facultad con el que te cruzas cuando acaba de salir del despacho de un profesor y te dice: «No te lo vas a creer, pero he conseguido sacarle al Vítguestain la prenota del examen de Filosofía del Lenguaje»? ¿Qué pensarías que quiere decir? Probablemente, si sabes italiano (¡qué malo es saber!…), que se trata de que el profesor le ha reservado una fecha especial para que repita el examen (prenotazione, que significa ‘reserva’ en italiano —por ejemplo, de un hotel—, suele abreviarse como prenota). Aunque lo más normal es que sueltes un ¿lo qué? o un prewhat? que se oiga en todo el campus. Pero eso sí, luego, ya más tranquilo, la unión de don Contexto y doña Imaginación seguramente te harán entender que se trata de la nota provisional que el Vitgues tiene en mente para calificar el examen de tu compañero, que a partir de ese momento será conocido, muy probablemente, como el Prenotas.

 

Bueno, pues a mí y a mi amigo Paco Galván, que como escritor —fantástico— es un atleta de la palabra (gracias, por cierto, por esta bella definición, Paco Muñoz) y, por ello, muy fiable a la hora de detectar o de intuir los usos sospechosos o irregulares de nuestra lengua, nos ha pasado algo muy parecido cuando nos hemos topado con el «posneologismo» prelista, presente en prácticamente todos los medios deportivos españoles desde la semana pasada, cuando los técnicos de las 32 selecciones que jugarán el Mundial de Brasil desvelaron las listas de sus 30 elegidos para la gloria.

 

¿Prelista? —nos preguntamos— ¿Y eso qué quiere decir? ¿Que  no llega a lista? Acaso, ¿que se queda en espabilada? Pero entonces, ¿qué sentido tiene anunciar a bombo y platillo que Del Bosque ha desvelado la espabilada de España? No es su función y, además, habría serias discusiones a la hora de decidir quién es, por antonomasia, la Espabilada de España (a mí, por ejemplo, se me ocurren varias…). De modo que por ahí no íbamos bien. No había duda, entonces, de que los periódicos se referían a otro tipo de prelista, y esta no podía se otra que la relación previa, provisional, de jugadores elegidos por el míster para representar a nuestro país en la Copa Mundial de Fútbol de Brasil.

 

A partir de aquí surgieron otras preguntas: ¿es apropiado el término?, ¿respeta las reglas de construcción de palabras en español?, ¿responde a lo que se quiere significar con él?, ¿hay alguna alternativa clara y concisa?… Pero, sobre todo, ¿por qué se han puesto de acuerdo prácticamente todos los periodistas deportivos en llamar a esta lista provisional prelista, con lo fea que es la palabreja? Ya puestos, podrían haber elegido antelista, por ejemplo. Al fin y al cabo, el elemento compositivo ante- también expresa anterioridad en el tiempo o en el espacio, como demuestra un término tan asentado como anteproyecto

 

¿Pero qué dice la Ortografía del prefijo pre-? Pues no mucho; tan solo que aporta una noción de ‘anterioridad en el espacio o en el tiempo’ a la base léxica a la que afecta. Bueno, y que es uno de los más productivos en español (¡voto a bríos que lo es, a juzgar por la facilidad con la que se echa mano de él!), aunque comparte su fertilidad con otros 40 prefijos, entre los que se encuentran algunos tan tortuosos como ex- (¿quién no ha dudado a la hora de escribir, por ejemplo, ex director general* o exdirector general; exBeatle* o ex-Beatle o, ya para nota, exxilofonista* o exilofonista, desde que se publicó la Ortografía en el 2010?) y otros tan maltratados como super- (sigue siendo demasiado habitual ver escrito super veloz* —o, aun peor, súper veloz*— por superveloz; super listo* por superlisto, o escribir super, sin tilde, para referirse a la gasolina súper o al súper del barrio). Pero volviendo al sentido básico otorgado a los sustantivos formadas con el afijo pre- que denotan una anterioridad temporal, que sería el caso de las sospechosas prelistas, la OLE cita los siguientes ejemplos: precampaña, premamá y Prepirineo.

 

Al analizarlos comprobamos que las precampañas no son campañas propiamente dichas, que las premamás no son aún mamás y que el Prepirineo no es el Pirineo. Sin embargo, parece claro que las llamadas prelistas, ya sean de deportistas, de candidatos a unas elecciones o de éxitos musicales, SÍ son listas, y esto nos debería hacer sospechar que algo no funciona. Podríamos decir en contra de este argumento que un prejubilado sí es un jubilado y que un precontrato es un contrato, pero mientras que jubilado y contrato son derivaciones de verbos, jubilar y contratar, respectivamente, ni campañas ni mamás ni Pirineo lo son. Así, mientras que sí parece admisible hablar de prerrelación de jugadores o de jugadores preseleccionados, pues tanto relación como selección provienen de los verbos relacionar y seleccionar, optar por prelista implica decir que no es una lista, sino lo anterior, es decir, un borrador o bosquejo de lista: una lista provisional, que es, desde mi punto de vista, la forma más apropiada de referirse a ellas. De aceptar prelista con el significado de ‘lista previa’ también tendríamos que aceptar, por ejemplo, prebocadillo de jamón para referirnos al plato en el que ponemos el pernil junto a la barra de pan ya abierta, con su chorrito de aceite en la miga y todo.

 

De modo que se podría decir que el prefijo pre- aplicado a sustantivos a los que se quiere dotar de una noción de anterioridad en el tiempo solo es apropiado cuando dichos sustantivos denotan la acción de un verbo, el verbo matriz del que derivan. Es probable, no obstante, que una lectura más atenta y pausada que la mía de la Gramática académica dé al traste con este argumento. Confieso que he ojeado su apartado sobre la prefijación (extraordinario) sin que apenas nada de lo leído me haya servido para establecer mi razonamiento. Pero resulta sintomático, por ejemplo, que en ninguno de los corpus de referencia del español que he consultado, ni en los tres de la RAE que cité recientemente en el artículo Agradezco que me regales peces… ni en los dos que olvidé mencionar —el de Mark Davis, magnífico, y el Nuevo diccionario histórico del español (CDH) de la RAE, espectacular (gracias, Conchi Polo, por recordármelo en los comentarios al artículo)—, aparece un solo resultado de prelista. Parece, por tanto, que es un término acuñado muy recientemente, aunque con un poder viral fuera de lo común, al menos en el deporte.

 

En fin, como dice un profesor de lengua a sus alumnos en una viñeta que cayó en mis manos recientemente: «Estudiar el lenguaje en sí no se puede, porque el lenguaje es un desmadre de la hostia. Pero no me pongan eso en el parcial. Pongan, qué se yo, que es multiforme y heteróclito»…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

Estas últimas semanas se han prodigado en los periódicos, blogs y webs de toda la geografía hispanohablante reseñas o referencias al libro de María Irazusta Las 101 cagadas del español, que como el lector sabrá, hace un interesante recorrido por las múltiples curiosidades de nuestro idioma, sus palabras moribundas (agónico adjetivo recuperado y popularizado por Álex Grijelmo y Pilar G.ª Moutón gracias a su libro Palabras moribundas y que, irónicamente, el DRAE recomienda aplicar solo a personas…), la evolución del significado de algunos términos y expresiones, su etimología y, cómo no, los errores y tropelías que cometemos por desconocimiento, pereza, comodidad o pura desidia.

Y sobre esto último, sobre los errores y usos inapropiados más enquistados en nuestro idioma, principalmente por parte de los medios de comunicación, que es donde más chirrían, es sobre lo que versa este artículo. Para ello he tenido en cuenta tanto mi experiencia en la Fundéu, en la que he experimentado en muchas ocasiones la impotencia de ver cómo ciertos errores se repiten hasta la extenuación, a pesar de nuestras recomendaciones (y de los dictámenes de la Santa Madre RAE), como mi propia veteranía en la lectura atenta —a veces un poco neurótica, lo confieso— de todo tipo de periódicos, revistas y medios sociales.

Pero antes de abordar esos usos cerriles de nuestra lengua he querido cerciorarme de lo que se dice en los diccionarios de la palabra cagada, parte fundamental del título del libro, ya que su uso figurado puede resultar bastante polisémico, al menos para mí, que al oírla, dependiendo del contexto, me puede sugerir suerte («Vaya cagada de gol»), metedura de pata («Ayer le dije a mi mujer que había engordado. Menuda cagada…», error («En el ejercicio 5 del examen se me escapó una cagada de escándalo» y chapuza («Esa pintura que te han puesto es una cagada»), y he aquí lo que he encontrado:

DRAE y DICCIONARIO ESENCIAL (RAE): (2. f. coloq, malson). ‘Resultado muy insatisfactorio de algo en relación con lo que se pretende o se espera’.

Me temo que el sinónimo más cercano de esta acepción sería chapuza, y no creo, por tanto, que encajara en el título del libro: nadie consideraría que un título como Las 101 chapuzas del español aludiera a nuestra lengua; más bien a esa leyenda negra de nuestra idiosincrasia que aún circula por algunos países de Europa…

CLAVE: (3. vulg.). ‘Lo que se considera de mala calidad o de poco valor.  Ese cuadro es una cagada y no podrá venderlo tan caro.

Tampoco parece que esta acepción, cuyo sinónimo vulgar más cercano podría ser birria, caca, sea pertinente como sustituto de cagada: un título como Las 101 birrias (o cacas) del español probablemente nos llevaría a pensar que esa cifra se queda corta (lamentablemente, hay muchos más moharrachos que nos representan…).

MARÍA MOLINER: (2. vulg.). ‘Error grave, acción muy desafortunada’.

Bueno, pues tampoco es para tanto; no diría yo que esas cagadas se puedan considerar errores garrafales. De hecho, podríamos decir que son pecados veniales; alguna, incluso, bastante justificable, como veremos más adelante.

WORDREFERENCE: (col.). ‘Cosa o situación que resulta cuando se actúa sin cuidado o con torpeza: ese libro es una cagada.

Por fin la definición que, desde mi punto de vista, mejor encaja con el sentido que la autora pretende dar a la palabra cagada en el título del libro: Las 101 negligencias (o disparates) del español.

Así que ya, más tranquilo, paso a enunciar la relación de las 10 cagadas más habituales e irreducibles del español que vengo apreciando en los últimos años, muchas de ellas en foros en los que sería más que recomendable su erradicación. Veremos, no obstante, que en algunos casos la batalla está perdida, bien por el profundo enraizamiento de la cagada en los hablantes, bien porque se non è vero è ben trovato, es decir, porque nos resulta mucho más cómodo y breve usar la forma censurada que las alterativas académicamente admitidas. Bueno, al lío…:

  1. en torno y entorno («Entorno* al 78 % de los parados de larga duración mueren más jóvenes»): La locución en torno significa ‘acerca (de)’, ‘alrededor (de)’, ‘en relación (con)’ o ‘aproximadamente’, y se escribe en dos palabras, mientras que el sustantivo entorno, escrito en una sola palabra, significa ‘ambiente, lo que rodea’. Se trata de un caso de cagada grave pues considero que es fácilmente evitable.
  2. adolecer no es carecer, sino padecer («El hospital adolece* de unas instalaciones adecuadas»): Se adolece de lo que se sufre, por ejemplo, de una enfermedad, de modo que en el ejemplo del hospital, lo que en realidad se está diciendo es que el centro sanitario padece el problema de disponer de unas instalaciones adecuadas, algo carente de toda lógica. Me temo que, en cierto modo, se trata de una cagada de postureo
  3. cesar no es destituir («El ministro de Educación ha sido cesado*»): Al igual que el viento cesa de soplar, las personas cesan en su empleo; lo dejan, forzadas o voluntariamente, pero no son cesadas. El verbo cesar es intransitivo (se construye sin complemento directo, como nacer, morir, correr…) en todas sus acepciones, de modo que, al igual que no se nos ocurre decir que el viento ha sido cesado para indicar que ha dejado de soplar, tampoco debemos decir que alguien ha sido cesado cuando deja de ejercer un trabajo. Para indicar que alguien ha sido obligado a dejar su empleo tenemos otros verbos, como destituir, relevar o despedir (ha sido despedido, lo han destituido, fue relevado…). Hay que aclarar, no obstante, que dado el extendidísimo uso transitivo de cesar (‘hacer que alguien cese’), la Gramática ha acabado por no censurarlo, aunque recomienda claramente evitarlo. Podemos decir, por tanto, que la cagada cesar por destituir ha sido reciclada y es ya solo una cagadita
  4. efectivos, como tropas, no es un término contable («Cerca de 500 efectivos* intervendrán en la seguridad del Mundial»): El Diccionario panhispánico de dudas deja muy claro el significado y uso correcto de efectivo: «Se usa siempre en plural [efectivos] con el sentido de ‘totalidad de las fuerzas militares o similares [policías, bomberos, sanitarios…] que se hallan bajo un solo mando o reciben una misión conjunta», y añade a continuación «De los usos sustantivos indicados ha surgido el empleo incorrecto del singular efectivo con el sentido de ‘individuo componente de un efectivo’ (…). En estos casos deben emplearse sustantivos más concretos, como policía, soldado, etc.». Bueno, pues aquí tenemos uno de esos casos, probablemente el más paradigmático, del se non è vero è ben trovato. ¿Por qué? Muy sencillo: porque a un periodista le resulta mucho más cómodo decir «Más de dos mil efectivos se ocuparán de la visita del papa» que «Cerca de setecientos policías municipales, unos trescientos guardias civiles, una dotación de doscientos bomberos y alrededor de ochocientos médicos y enfermeros se ocuparán de la visita del papa». A diferencia del término tropas, que asociamos de inmediato al Ejército, efectivos puede referirse a militares, policías, bomberos, sanitarios, voluntarios, etc., de modo que convertirlo en sustantivo contable es una cuestión de economía del lenguaje, algo muy difícil de combatir. Así, me temo que se trata de un uso que está aquí para quedarse, una cagada plenamente reciclada…
  5. en primera persona en lugar de en persona («Fue un episodio que viví en primera persona*»): La locución en primera persona se usa en el ámbito de la narrativa para referirse a una forma de contar una historia en la que es el propio autor el que nos habla. Se trata, así, de un uso gramatical de primera persona (del singular o del plural): ‘La que designa, en el discurso, a quien habla’. Para referirnos a aquello que hacemos o vivimos por nosotros mismos o en lo que estamos presentes, el giro apropiado es en persona. En este caso podemos decir que nos enfrentamos a una cagada ilustrada.
  6. doméstico por nacional («Los vuelos domésticos* bajarán sus precios este verano»; «El Financial Times no suele inmiscuirse en la política doméstica* de cada país»): En español, doméstico alude siempre a ‘aquello perteneciente o relativo a la casa u hogar’, no a lo nacional o del interior. Este uso de doméstico es un calco absoluto del inglés, idioma en el qué sí significa ‘nacional, interno’. Se trata, así, de una cagada mundana, que denota cierto postureo y que conviene evita por ser absolutamente innecesaria.
  7. favoritismo no es condición de favorito («Armenia y Suecia confirman su favoritismo* y pasan a la final»: El DRAE define favoritismo como ‘Preferencia dada al favor sobre el mérito o la equidad, especialmente cuando aquella es habitual o predominante’, es decir que se trata de un concepto negativo, centrado en la arbitrariedad más o menos espuria de una decisión. Nada que ver, por tanto, con las connotaciones de condición de favorito, la ‘condición de la persona, animal o entidad a que se atribuye la mayor probabilidad de ganar en una competición’. Se trata de una de las cagadas, en el sentido más literal, del español, y sin embargo se muestra cada día más irreducible. Pruebe el lector a cambiar favoritismo por ventaja en todos los casos en que encuentre la cagada y comprenderá su futilidad.
  8. sendos no es lo mismo que ambos («El resultado fue de 2-0 y el delantero marcó sendos* goles»): Sendos significa ‘Uno para cada una de las personas o cosas mencionadas’, es decir, tiene un sentido distributivo, mientras que ambos significa ‘El uno y el otro, los dos’ (de ahí que la expresión ambos dos sea un pleonasmo absolutamente estéril); como se ve, se trata de adjetivos muy diferentes. En el ejemplo mencionado más arriba lo correcto, por tanto, hubiera sido escribir que el delantero marcó ambos goles, no sendos goles. Sendos, por ese carácter distributivo que lo distingue, solo se ha de utilizar cuando son dos o mas las personas y las cosas que se distribuyen: «Los tres hermanos se repartieron sendas casas en la playa». Nos enfrentamos, por tanto, a lo que podríamos llamar una cagada mental
  9. hacer acto de presencia, locución solo aplicable a personas: («El verano ha hecho acto de presencia* mucho antes de lo esperado»; «): La expresión hacer acto de presencia implica siempre una intención o voluntad, por lo que no es apropiado utilizarla con cosas. De modo que ni el verano ni la noche o la enfermedad, por ejemplo, pueden hacer acto de presencia. Por otro lado, el DRAE define la expresión acto de presencia como ‘Asistencia breve y puramente formularia a una reunión o ceremonia’, lo que nos podría hacer pensar que una frase como «El ministro hizo acto de presencia a las cuatro de la tarde y permaneció reunido hasta el anochecer» es inapropiada (si se trataba de una aparición fugaz y meramente protocolaria, ¿cómo es posible que permaneciera durante horas?). Sin embargo, el Diccionario también recoge la expresión hacer acto de presencia como sinónimo de aparecer, verbo que no limita el tiempo de permanencia de quien aparece. De modo que si utilizamos este verbo en la frase anterior, «El ministro apareció a las cuatro de la tarde y permaneció reunido hasta el anochecer», nihil obstat… Estamos, por tanto, en este segundo caso, ante una cagada misteriosa, una posible cagada que, de serlo, se debe a una redacción defectuosa del Diccionario académico.
  10. muy muy se escribe sin coma («Es muy, muy* importante que vengas mañana»): El uso de la coma en las llamadas reduplicaciones enfáticas, como el caso de muy muy, café café, tanto tanto, etc., ha de ser evitado, tal como recoge la Ortografía académica en el punto a) del apartado «Otros contextos de uso de coma» (ver enlace). Así, la frase del ejemplo debería ir sin la coma entre los dos muy. Igualmente, escribiremos «Me gusta el café café, y que esté muy muy cargado», «Es tan tan cariñoso que resulta pesado», etc. Estamos, pues, ante una cagada sumamente técnica…

Como se puede ver, las cagadas del idioma son del más variado jaez. Afortunadamente, gracias a internet, cada día resulta más fácil identificarlas, contrastarlas y, en su caso, corregirlas. También para los propios académicos. Seguimos en ello…

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec