«El desaparecido había rehecho su vida poco antes del accidente»

abril 4th, 2014 | Posted by admin in Sepropíldoras

A veces me pregunto qué sentirán las familias de personas desaparecidas, bien por causa de secuestro, extravío, accidente, detención ilegal o, simplemente, decisión propia (se fueron a comprar tabaco y nunca regresaron) cuando leen en la prensa, un día sí y al otro también, noticias sobre muertos «oficiales» a quienes se califica de desaparecidos.

Noticias como la del título de esta entrada, que podríamos encontrar en cualquier periódico español, pueden provocar confusión en el lector. ¿De qué nos están hablando?: ¿de que alguien cuyo paradero desconocemos había cambiado de vida antes de sufrir un accidente?, ¿de que el accidente, como en el caso del avión de las líneas aéreas malasias, fue lo que provocó la desaparición del sujeto de la noticia? ¿O quizá de que el desaparecido en realidad murió a causa del accidente?

¿Y si la noticia alude a un ciudadano argentino o chileno, por ejemplo, en cuyos países todos sabemos que se produjeron miles de desaparecidos durante las dictaduras militares de los setenta? ¿Qué sucede cuando nos encontramos con noticias como «El desaparecido poeta argentino Rodolfo Walsh visitó Cuba por primera vez en 1959»? Lo más probable es que interpretemos que Walsh, dada su ideología izquierdista, fue desaparecido por la Junta Militar argentina que gobernó el país con mano de hierro entre 1976 y 1983.

Sin embargo, teniendo en cuenta la segunda acepción de desaparecido que recoge el Diccionario académico, ‘eufemismo de muerto, nos quedamos con la duda de si, efectivamente, se considera al poeta desaparecido, es decir, escondido, ocultado, secuestrado, huido, fugado o, simplemente, en paradero desconocido, o por el contrario se lo considera muerto, fallecido, fenecido o extinto.

Como vemos, el castellano dispone de una amplia y variada gama de sinónimos tanto para desaparecido como para muerto, de modo que parece innecesario, además de poco recomendable, abusar del eufemismo desaparecido cuando sabemos a ciencia cierta que nos referimos a alguien que ha fallecido. Curiosamente, diccionarios de un prestigio y rigurosidad fuera de toda duda como el Clave y el María Moliner, por ejemplo, no incluyen en sus páginas la acepción de muerto para la voz desaparecido, lo que resulta muy sintomático.

E igualmente curiosa —y también sintomática— resulta la definición que ofrece el DRAE del vocablo fallecido, en principio, la mejor alternativa a desaparecido si queremos evitar la palabra tabú muerto: ‘Desfallecido, debilitado’ (e incluso añade que se trata de un adjetivo en desuso, anticuado…). Afortunadamente, no sucede lo mismo en los otros diccionarios mencionados, el Clave y el María Moliner, que definen fallecido como ‘Referido a una persona, que ha muerto’.

Considerando, por tanto, la ingente cantidad de noticias que se sirven casi a diario relacionadas con personas desaparecidas, ya sea voluntariamente, por causa de accidente o por haber sido detenidas de forma ilegal, convendría limitar el uso eufemístico del término desaparecido con el significado de muerto. Probablemente los familiares, amigos y conocidos de personas extraviadas o retenidas lo agradecerían…

Pero, volviendo al titular de este artículo, ¿qué hay de ese «había rehecho su vida»?, ¿cómo hemos de interpretarlo? A juzgar por el uso que dan a esta expresión muchos medios de comunicación, deberíamos deducir que el desaparecido se acababa de casar de segundas nupcias o que había comenzado una nueva relación sentimental. Así, por ejemplo, tras la reciente muerte del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez (el desaparecido Suárez), se han publicado noticias como esta, muy significativa para el tema que nos ocupa: «Ahora Suárez Illana [su hijo] minimiza su interés y huye de la polémica, aunque es un secreto a voces que sus relaciones con Fernando Romero, el viudo de Mariam y padre de Alejandra [la heredera del ducado de Suárez], son muy tensas, casi inexistentes desde que éste rehizo (sic) su vida». Y ya. Ni una sola explicación de la forma en que Fernando Romero, yerno de Adolfo Suárez, decidió rehacer su vida.

Si consultamos el Diccionario veremos que el verbo rehacer significa —además de ‘Volver a hacer lo que se había deshecho, o hecho mal’— ‘Reponer, reparar, restablecer lo disminuido o deteriorado’. Por su parte, el Clave dice ‘Referido a una persona, dominar una emoción y recuperar la serenidad o el ánimo: “Es difícil rehacerse tras la pérdida de un ser querido”’. Como vemos, en ninguno de los dos diccionarios se menciona la posible colocación «rehacer uno su propia vida» con el significado de ‘establecer una nueva relación sentimental’. Solo el María Moliner nos da una pista, aunque muy pequeña —se intuye en el ejemplo que ofrece—, al respecto. Dice, bajo el lema rehacer: ‘Restablecer o arreglar; particularmente la vida cuando ha quedado deshecha por algún suceso desgraciado: “Después de la separación, consiguió rehacer su vida”’.

De modo que no entiendo por qué si alguien dice que ha rehecho su vida hemos de entender que se ha vuelto a casar o que se ha echado una nueva novia. Creo que son reminiscencias del pasado, de unos tiempos en los que prácticamente nadie podía plantearse una vida plena e independiente sin pasar por la vicaría. Afortunadamente, hoy en día son muchos los singles (ojo, ni siquiera la Fundéu ha sido capaz hasta el momento de ofrecer una alternativa a este anglicismo crudo cuando se refiere a quienes-no-han-rehecho-sus-vidas, así de cruda está la cosa) que se reinventan como tales después de sufrir un quebranto sin necesidad de ejercitar la tradicional simbiosis nupcial. Y creo que la prensa y, en general, toda la sociedad hispanohablante debería tomarlo en cuenta antes de dar por hecho que cuando alguien rehace su vida es porque ha pillao…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

 

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