«¡Pero si lo dicen así en la tele…!»

marzo 7th, 2014 | Posted by admin in Sepropíldoras

Creo que fue en mi primer viaje a Londres, allá por el mes de agosto de 1981, cuando sufrí el primer desencuentro con la pronunciación de los nombres propios extranjeros. Confluyeron tres razones para ello: mi melomanía, mi pobre educación en fonética inglesa y mi afición a escuchar las emisoras de radio españolas, en especial los extraordinarios programas de música de Radio 3 («Radio 1, Radio 2, Radio 3: nosotros ponemos tres radios y tú, el resto de la bicicleta», rezaba una de sus promos –ya trataremos este anglicismo en otro momento–), de RNE.

 

En aquella época dorada de la new wave británica triunfaba –no tanto en España, donde sus discos llegaban con cuentagotas– el cantante pop londinense Graham Parker, cuyo disco Squeezing Out Sparks (1979), se había hecho un hueco en la lista de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos, según la revista Rolling Stone. Pues bien, una tarde, hablando de música con unos amigos londinenses de lo más «cañí», como el propio Parker, al preguntarme por mis bandas o solistas británicos preferidos me inflé como un pavo real —suponía que iban a sorprenderse de que un chavalito español lo conociera— y les dije con mi mejor acento, tratando de superar, incluso, el de mi admirado locutor de Radio 3, a quien se lo había escuchado pronunciar más de una vez: «/Ai lav Grájam Páaka/» («I love Graham Parker»).

 

Much to my surprise (siempre me ha gustado esta expresión), es decir, para mi sorpresa, se miraron extrañados y soltaron un What? que me desinfló de inmediato. Lo intenté de nuevo relajando la jota de /Grájam/, pero ni modo; llegué a decir /Póoka/ y hasta /Péeka/, pero seguía sin funcionar. Solo después de mencionarles el título del disco, Squeezing Out Sparks, y de referirme al corte You Can’t Be Too Strong, mi favorito, reaccionaron: «Oh, what you mean is /Gréiam/, /Gréiam Páaka/»…

 

Tres años más tarde, en el verano de 1984, paseando por el centro de Madrid con unos amigos, nos topamos con un grupo de turistas alemanes especialmente comunicativos, todo un hallazgo. No sé por qué, comenzamos a hablar de fútbol (en inglés, pues ninguno de los españoles hablábamos alemán), y en un momento de la conversación me vino a la cabeza el nombre del gran delantero alemán del Werder Bremen, Rudi Völler, a quien admiraba entonces por la combinación de potencia y técnica de su fútbol, algo bastante raro en la liga alemana de la época, y que por esa razón era uno de los jugadores más mencionados en los escasos programas de fútbol internacional de TVE (léase Estudio Estadio, y basta). «To me —les dije— /Rúdi Vóler/ is one of the best central forwards in Europe». Los alemanes pusieron exactamente la misma cara que la que habían puesto los ingleses tres años antes, cuando les había hablado de Grájam Paaka. Después de intentarlo con alternativas como /Rádi Fóller/ y /Riúdi Véller/, a uno de los alemanes, afortunadamente, se le encendió una lucecita y dijo: «Ah, you mean /Gjúdi Féla/!». Acabáramos…

 

Menos mal, pienso a veces, que durante aquella estancia veraniega en Gran Bretaña no se dio la ocasión de hablar con los ingleses que conocí sobre marcas comerciales, porque a saber qué cara me habrían puesto si los hubiera contado que en España consumíamos habitualmente /Eskóch Bríte/, /Colgáte/, /Firestóne/ o /Áfter Sún/, formas que se manejaban —y se siguen manejando—para hablar de /Scótch Bráit/, /Cólgueit/, /Fáiarston/ o /Áfta Sán/…

 

Pero este «déficit» en la pronunciación de extranjerismos no solo nos afecta a los españoles. Recuerdo que un amigo inglés residente en España me contó hace unos años que cuando sus padres visitaron España por primera vez le dijeron que les había encantado el cuesa de Soraia y que se habían quedado sorprendidos por la enorme extensión de Bedéiyas. Se referían —yo nunca lo hubiera adivinado— al queso de Soria y a la provincia de Badajoz…

 

Pero, al fin y al cabo, mi ignorancia y la de los padres de mi amigo británico solo nos afectaron a nosotros y a nuestros interlocutores ocasionales. Digamos, por tanto, que nuestras confusiones fueron meras anécdotas. Pero ¿qué pasa cuando esto les sucede a los profesionales de los medios de comunicación? ¿Cuánta gente se ve afectada por el comentario de un disyóquey radiofónico si, por ejemplo, se refiere al grupo Dire Streats como /Dir Estríts/ o a Rare Earth como /Ráre Jéarz/. ¿Y a un crítico de cine de TV cuando llama /Sin Cóneri/ a /Shon Cóneri/, /Ralf Fáins/ a /Ralf  Fíins/ o /Ríchar Guére a /Ríchard Guíar/? Pues que a sus oyentes les pasará como a mí con /Gréiam Páaka/ o /Gjúdi Féla/, que solo serán entendidos por sus compatriotas, Y eso en el mejor de los casos, porque muchas veces cada locutor pronuncia los nombres propios a su antojo, y mientras que uno llama /Yorch Jágui/ al exfutbolista rumano Gheorghe Hagi (/Gueórgue Háyi/), otro lo llamará /Guíorj Áyi/, y así no habrá quién se entienda.

 

Es cierto que resulta muy difícil estar al día de cómo se pronuncia el enorme caudal de nombres propios extranjeros que llegan a diario y por primera vez a las redacciones de los medios audiovisuales. Desde nombres de políticos árabes, coreanos, rusos o etíopes a topónimos remotos de Afganistán, Ucrania o Islandia. Pero el periodista de hoy en día, a diferencia de lo que les ocurría a los del siglo pasado, que para contrastar la pronunciación de un nombres propio tenían que llamar por teléfono a una embajada, a una delegación de prensa en el extranjero o a algún amigo que viviese en el país originario, dispone de internet, donde hay herramientas que le pueden sacar de sus dudas en cuestión de minutos. A continuación citaré algunas de acceso gratuito que considero especialmente fiables y fáciles de manejar:

 

  1. Wikilengua, inglesa. A diferencia de la edición en español, en esta se ofrece la trascripción fonética internacional de un gran número de nombres propios, y en la mayoría de los casos incluye los audios. No obstante, cuando estos no están disponibles, se puede consultar el alfabeto fonético internacional (IPA, por su sigla inglesa), por ejemplo, en la web http://www.ehowenespanol.com/ipa-como_370466/, que explica cómo hacerlo. Y para escuchar los sonidos representados por cada símbolo, nada mejor que entrar en la web de Paul Meier: http://www.paulmeier.com/ipacharts/.
  2. http://www.forvo.com/. Una especie de wiki sonora basada en las aportaciones de hablantes de todo el mundo que suben los audios de los nombres propios de sus regiones.
  3. http://names.voa.gov/#. La página de nombres propios de Voice of America incluye la pronunciación de miles de nombres de políticos y personalidades de todos los ámbitos sociales del mundo.
  4. http://www.fundeu.es/eurocopa-2012/: Base de datos con la pronunciación de los nombres de cientos de jugadores de fútbol —la mayoría aún en activo—  de varias nacionalidades europeas que participaron enla Eurocopa 2012 de Polonia y Ucrania.

 

Y eso sin mencionar la posibilidad de conectarse a las agencias internacionales de noticias con servicios de audio y vídeo, como Reuters, Associated Press o France Press, o de entrar en webs como las de la BBC, la CNN o YouTube. Basta con teclear en sus buscadores el nombre propio de nuestros desvelos para que aparezcan un montón de resultados en forma de archivos de vídeo y audio.

 

Desde luego, todo sería más fácil si existiera una herramienta exclusiva y en línea, con un buscador potente asociado a una gran base de datos, que nos proporcionara la pronunciación de cualquier nombre propio en cualquier idioma y en cualquier momento, pero hasta que eso suceda —que sucederá—, creo que existen los recursos suficientes para evitar la pronunciación defectuosa de nombres tan populares como, por citar dos de los más maltratados, /Ányela Mérkel/ y /Ártur Más/, en lugar de las formas adecuadas /Ánguela Mérkel/ y /Artúr Más/.

 

En un mundo globalizado como el actual, ya no basta con escribir correctamente los extranjerismos; también conviene saber pronunciarlos. Debemos lograr que cuando alguien diga «¡Pero si lo dicen así en la tele/radio!» nos suene igual que cuando ahora escuchamos «¡Pero si está recogido en el diccionario de la Academia!»…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

 

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