«Viajar en business, en un vuelo “doméstico” pagado en cash, y tener que alojarse en una motorhome o en un bungalow».

Parece mentira que en España, donde presumimos de haberle arrebatado a China el tercer puesto como destino turístico internacional (60,6 millones de turistas extranjeros recibimos el año pasado, frente a los 57,4 M que acogió el gigante asiático), solo por debajo de Francia, con 83 M de turistas, y de los EE. UU., con 67 M, el lenguaje del turismo siga tan atestado de anglicismos crudos.

Siendo como es nuestro país una de las principales plataformas de I+D+i para los técnicos de la Organización Mundial de Turismo, su campo de pruebas, de investigación, de innovación; un destino que ofrece respuestas a las nuevas necesidades y retos del sector a escala mundial; que ocupa a 2,5 millones de trabajadores, es decir, a más del 20 % de la población activa española (16,8 M, según la última EPA); que celebra anualmente la segunda feria mundial de turismo, Fitur, y que ha exportado léxico como paella, tortilla, tapa, siesta, sangría, flamenco, señor, torero, fiesta, ruedo, gazpacho, etc., a todos los rincones del planeta…, siendo un país así, decía, seguimos, sin embargo, ofreciendo una imagen tercermundista en lo concerniente a la promoción de nuestro idioma, que ignoramos, poniéndolo a los pies del inglés.

España, así, resulta un país acomplejado de su propia lengua, que no solo subestima como vehículo de comunicación con el mundo exterior, sino también entre sus propios ciudadanos, que insisten en desdeñarla en ámbitos en los que se piensa que el inglés es más chic, más distinguido. Porque es lícito pensar que en ámbitos como la ciencia o las nuevas tecnologías el inglés resulta más preciso; al fin y al cabo son los países anglosajones, principalmente los EE. UU., los que inventan, de modo que tienen ventaja a la hora de fijar sus propios referentes léxicos, que gozan de una especificad inalcanzable en otros idiomas, al menos hasta que esos inventos se popularizan, se entienden en toda su dimensión y, por consiguiente, se interiorizan, que es cuando pasan a ser traducidos y quedan asentados.

Pero en el caso del turismo no podemos pensar sino que se trata de un mero postureo[1]. Salvo rarísimas excepciones —como por ejemplo suite, aunque ya ha sido incorporada a la nueva edición del DRAE, donde aparecerá en redonda con el significado de ‘En los hoteles, conjunto de sala, alcoba y cuarto de baño’—, la mayor parte de los anglicismos usados en el sector del turismo tienen correspondencias inequívocas en español.

Veamos a continuación, para comprobarlo, una lista de anglicismos relacionados con el sector turístico (viajes, alojamientos, actividades de ocio y deporte, etc.), de uso extendidísimo, principalmente entre los profesionales del turismo —lo que tiene aún más delito— y sus correspondencias en español:

  1. Overbooking: sobreventa, exceso de reservas.
  2. Check-in: registrarse (en un hotel o apartamento); facturar (el equipaje).
  3. Finger (de avión): pasarela.
  4. Hub (de aeropuerto): centro de operaciones,  de conexiones o de distribución.
  5. Handling: servicio de equipajes o de maletería.
  6. Touroperator/tour operador: turoperador, agencia mayorista.    
  7. Catering: servicio de comidas (el Diccionario panhispánico de dudas [DPD] propone la adaptación cáterin, en redonda y de plural invariable: varios cáterin).
  8. Jet-lag: desfase horario.
  9. Transfer: conexión, trasbordo, correspondencia.
  10. Standby: en espera.
  11. Ferry: trasbordador, ferri.
  12. Vuelo «doméstico»: vuelo nacional (en español, doméstico alude a lo propio del hogar, no de lo nacional o interior, como sucede en inglés).
  13. Void: (billete) anulado.
  14. Rappel: descuento (aunque el DPD propone la adaptación rápel o rapel; plural, rápeles o rapeles).
  15. Forfait: paquete (turístico), abono (para los remontes) o precio global acordado. No obstante, la próxima edición del Diccionario académico ya recoge esta voz como propia del español, aunque debe pronunciarse como se escribe (/forfáit/), no a la francesa (/forfé/). Su plural es forfaits.
  16. Charter/s: voz adaptadas al español, aunque con tilde: chárter; plural, chárteres.
  17. Duty free shop: tienda libre de impuestos.
  18. Call center: centro de atención al cliente, de atención telefónica o de llamadas.
  19. Pack: paquete, lote, envase.
  20. Kit (de viaje): aunque ya está recogido en el DRAE, puede sustituirse por voces españolas como juego, estuche o equipo.
  21. Set: conjunto, serie, juego o estuche.
  22. Hall: salón, vestíbulo, entrada, recibidor.
  23. Lobby: vestíbulo, recibidor.
  24. Business corner: centro de negocios, sala de internet.
  25. Traveller’s cheque: cheque de viaje.
  26. Cash: efectivo (dinero en efectivo o en metálico).
  27. Fitness centre: gimnasio, sala de entrenamiento.
  28. Amenities: servicios, productos de acogida, instalaciones, comodidades.
  29. Single (room): (habitación) individual.
  30. Bungalow: bungaló, búngalo.
  31. Motorhome: autocaravana.
  32. Business centre: centro de negocios.
  33. Resort: centro turístico o vacacional, complejo hotelero.
  34. Facilities: instalaciones, servicios.
  35. Sommelier: sumiller.
  36. Snorkel: esnórquel, buceo de superficie.
  37. Running: carrera, correr.
  38. Rafting: balsismo, descenso de rápidos, canotaje.
  39. Trekking: senderismo.
  40. Footing: (falso anglicismo para jogging) correr.
  41. Jogging: correr («Voy a hacer jogging»: ‘Voy a correr’).
  42. Spa: balneario, baños o termas.

Y esto sin mencionar muchos otros usos inapropiados en el ámbito del turismo tan habituales como confundir al norte con en el norte («Suiza está en el norte de Italia»); Levante con la Comunidad Valenciana («La paella es propia de Levante»); el Reino Unido con Inglaterra y Gran Bretaña o el Úlster con Irlanda del Norte, entre otros.

Así que, prevenidos quedáis: cuando queráis ir a la Costa Azul no pidáis un biglietto a la Riviera, porque es posible que acabéis en San Remo

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

 


[1] Término consultado a la RAE en 9.812 ocasiones, según consta en la tabla I de este interesante Boletín de Información Lingüística de la Real Academia Española (BILRAE).