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Paco Martín, Director de Propiedad Industrial e Intelectual de SeproTec nos cuenta que “mucho se ha hablado sobre la patente unitaria europea y de sus ventajas competitivas con respecto al sistema actual, sobre todo en relación con el ahorro de costes a la hora de proteger una invención en todos los países europeos. Sin embargo, la patente unitaria europea no sería tan ventajosa para las PYMES españolas como pretenden hacernos creer, y se verían perjudicadas al restarles competitividad en el sector tecnológico, ya que ofrecerá ventajas competitivas a unos estados miembros con respecto a otros en función de su idioma”. De hecho, la CEOE se ha manifestado en este sentido, no en contra de una patente unitaria, sino del sistema que se ha propuesto en la cooperación reforzada. La discriminación hacia las empresas españolas radica en que las solicitudes, a pesar de que podrán presentarse en español, deberán traducirse al inglés, francés o alemán por parte de las empresas españolas. Igualmente, toda la posterior tramitación, concesión, etc. debería realizarse solo en estos tres idiomas. Por otro lado, en caso de conflicto, como por ejemplo, defenderse frente a una infracción, todo el procedimiento se realizaría fuera de nuestras fronteras en alguno de los tres idiomas oficiales, siendo necesario contar con los servicios de abogados y expertos en dicho país con el ingente gasto añadido que esto le supone a una PYME española.

Si se hubiera querido abaratar al máximo la tramitación de la patente unitaria se habría optado por la solución propuesta de “English only” que, por supuesto, no aceptaron ni Francia ni Alemania ya que perjudicaba sus propios idiomas. Esta solución hubiera evitado la traducción a cualquier idioma y la utilización del inglés como lengua oficial.

Por encima de todo, España tiene que defender los intereses de nuestras empresas y, por qué no, de nuestro idioma, “recordemos que el español es la segunda lengua con mayor número de hablantes nativos después del chino mandarín con muchos millones de ventaja con respecto al francés y al alemán”.

Martín añade que “En resumen, para una empresa española la aprobación de la patente única europea supone un agravio comparativo con respecto a las empresas registradas en países en los que se hable cualquiera de los tres idiomas oficiales. Más del 80 por ciento de la documentación científica y técnica se encuentra disponible únicamente en documentos de patentes. Si eliminamos estas fuentes, se perderá la capacidad de difusión, crecimiento y evolución del español en este campo y nuestras empresas e investigadores tendrán que hacer un esfuerzo adicional por conocer el estado de la técnica en otros idiomas, con los consiguientes costes añadidos que ello conlleva.

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Paco Martín, Industrial and Intellectual Property Director of SeproTec, explains that “there has been much talk about the single European patent and its competitive advantages compared to the current system, especially with regards to cost savings when protecting an invention in all European countries. Nevertheless, the single European patent will not be as advantageous for Spanish SMEs as we are being led to think. These companies would be harmed by becoming less competitive in the technology sector, as the single European patent will offer competitive advantages to some member states over others depending on their language.” Indeed, the Spanish Confederation of Employers’ Organizations (CEOE, per its Spanish initials) has objected, in this sense, not to the single patent, but rather to the system that has been proposed in enhanced cooperation. The discrimination against Spanish companies is rooted in the fact that the applications, although they may be submitted in Spanish, must be translated into English, French or German by applicants. Likewise, all of the subsequent paperwork, approval, etc., must be done only in these three languages. Furthermore, in the event of a conflict, such as, for example, recourse against an infraction, all of the proceedings would be carried out beyond our borders in one of the three official languages. It would be necessary to hire the services of lawyers and experts from the country handling the proceedings, with the enormous additional expense that entails for a Spanish SME.

If there had been a commitment to achieving a maximum reduction in patent processing expenses, the proposed English only solution would have been adopted. Naturally, neither France nor Germany accepted it, as it was in detriment to their own languages. This solution would have avoided translation to any language through the use of English as an official language.

Above all, Spain must defend the interests of our companies and – why not? – our language. “Let’s not forget that Spanish is the language with the second highest number of native speakers after Mandarin Chinese, and has many millions more speakers than French and German.”

Martín adds, “In short, the approval of the single European patent creates an uneven playing field for Spanish businesses compared to businesses registered in countries where any of the three official languages are spoken.” Over 80 per cent of scientific and technical documentation is available only in patent documents. If we eliminate these sources, the capacity for dissemination, growth and evolution of the Spanish language in this field will be lost and our companies and researchers will have to make an additional effort to know the state of the art in other languages, with the concomitant added costs.

Aunque se veía venir desde hace tiempo, tendremos que recordar el día 15 de marzo como uno de los días más tristes para la lengua de Cervantes. Hace pocos días que terminó el carnaval con el entierro de la sardina y este 15 de marzo de 2011, será recordado como el día en el que el Consejo de Ministros de Educación comunitario dio el visto bueno a la propuesta de la Comisión sobre la cooperación reforzada iniciada para descartar definitivamente al español como lengua oficial, junto con el inglésfrancésalemán en el sistema europeo de patentes.

Tras un largo proceso, España e Italia se han quedado solas en su defensa sobre la discriminación de sus respectivas lenguas frente a las tres oficiales. En el otro lado del ring los restantes 25 países que han apoyado la cooperación reforzada por mayoría abrumadora. El poco peso de España en lo que se refiere a innovación y número de solicitudes de patente presentadas ha lastrado esta negociación, siendo argumentado por los que siempre han querido eliminar al español –o mejor dicho, no incluir– de la patente europea.

Supuestamente, los más beneficiados por la creación de la nueva patente europea son las empresas que se evitarán costes de traducción para proteger las invenciones en todos los países signatarios del Convenio sobre la Patente Europea. Sin embargo, también las organizaciones empresariales españolas CEOECEPYME se han opuesto rotundamente al sistema de tres idiomas y han defendido la no discriminación lingüística manifestando que solo puede ser aceptable un sistema en el que todos los países miembros, sin excepción, renuncien a utilizar su propio idioma y se adopte el inglés como único idioma para tramitar una patente europea y que lo ideal sería que todas las patentes se tradujeran al español una vez concedidas.

Pese a que el español es el segundo idioma por número de hablantes nativos, muy por delante del alemán y francés, ha sido postergado en base a su poca representatividad a nivel tecnológico y científico. De nada ha servido la reciente y alentadora sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que declaraba incompatible con el derecho comunitario el sistema judicial incluido en el esquema de la futura patente mediante el cual se prevé la creación de un tribunal específico para los litigios sobre patentes.

Veremos cómo acaba todo esto, pero sería muy triste ver al español convertido en una lengua con su extremidad científico-tecnológica cercenada, incapaz de crecer, evolucionar y generar nuevos vocablos y términos en éstas áreas.

Paco Martín
Director técnico