SeproTec Multilingual Solutions y la Fundéu BBVA han puesto en marcha una guía para ayudar a los periodistas y a todos los aficionados a conocer cómo se pronuncian los nombres de los jugadores, entrenadores, árbitros y sedes de la Eurocopa 2016 de Francia.

¿Cómo se pronuncia el nombre del centrocampista turco Oguzhan Özyakup? ¿Y el del defensa polaco Artur Jedrzejczyk? ¿Y el del delantero albanés Sokol Çikalleshi?

Los nombres de los más de 552 jugadores que disputarán la Eurocopa, los de los entrenadores, árbitros y estadios, son uno de los principales escollos en la labor de los periodistas que cubren o comentan este acontecimiento, ya que proceden a menudo de idiomas con formas y sonidos muy alejados del español.

Para cada uno de los jugadores, entrenadores, etcétera, la guía incluye: el nombre tal y como figura en los registros oficiales de la UEFA, un audio en el que un locutor nativo del país correspondiente lo pronuncia, una transcripción fonológica sencilla e intuitiva y una segunda grabación en la que es una locutora española quien pronuncia ese nombre.

De ese modo, la guía, disponible en la web de Fundéu (www.fundeu.es/euro2016), ofrece tres formas de aproximarse a la pronunciación correcta de cada término.

En total, hay 1207 locuciones en 18 idiomas diferentes incluyendo alemán, ruso, japonés, eslovaco, turco, albanés, islandés y croata.

Pensada sobre todo para resultar una herramienta útil a los periodistas, la guía es, no obstante, accesible para cualquier usuario que quiera acercarse a la pronunciación de los nombres de los protagonistas de esta cita deportiva.

Los usuarios pueden navegar entre los listados de cada una de las 24 selecciones, los árbitros y las sedes o localizar un nombre determinado a través de un buscador.

Esta es la tercera ocasión en la que SeproTec y la Fundación del Español Urgente -promovida por la Agencia EFE y BBVA- lanzan una herramienta de este tipo, después de las experiencias de la guía de pronunciación sobre la Eurocopa de Polonia y Ucrania y continuada luego con la del Mundial de Brasil 2014.

Ayer se cumplió un mes y un día desde que comenzara la fase final de la Copa Mundial de la Fifa Brasil 2014, momento en el que SeproTec y la Fundéu publicaron la página multimedia Guía de pronunciación Brasil 2014.

La edición de la Guía, un compendio de 1.599 grabaciones de audio y 1.350 transcripciones fonológicas correspondientes a los 736 jugadores integrantes de las 32 selecciones finalistas (23 por selección), sus 32 técnicos, otras tantas federaciones nacionales y sus presidentes, la cincuentena de apelativos con los que se conoce a las selecciones, 33 árbitros y 24 emplazamientos, ha sido una empresa harto complicada que ha requerido de cientos de horas de trabajo por parte de un grupo de casi cincuenta profesionales entre intérpretes-locutores, técnicos de audio, informáticos, editores, diseñadores, documentalistas y coordinadores.

Puede que a alguien le sorprenda el número de intervinientes en la Guía, pero no hay que olvidar que se trata de una obra en la que se ha abordado un léxico muy particular, el de los caprichosos nombres propios, y nada menos que en 16 idiomas. Nombres, además, cuyas grafías pueden ser uniformes en los cinco continentes, pero no así sus pronunciaciones, que varían significativamente a gusto del consumidor. Y así lo hemos podido comprobar en casos como el del jugador colombiano James Rodríguez (/Jámes/, no /Yéims/), el del seleccionador argentino Alejandro Sabella (/Sabéla/, no /Sabéya/) o el de los hermanos Boateng (/Botáng/ el de la selección ghanesa y /Boaténg/ el de la alemana). Es decir, que no ha habido una referencia clara y distinta, basada en sus grafías, para determinar cómo había que pronunciar los nombres de los protagonistas, sino que en muchos casos ha habido que documentarse acudiendo a archivos sonoros o llamando a periodistas cercanos a los jugadores implicados. Y esto sin contar con que, aparte de los 16 idiomas mencionados, se ha trabajado con cinco variedades de inglés (Inglaterra, EE. UU., Australia, Ghana, Camerún y Nigeria), otras cinco de francés (Francia, Bélgica, Suiza, Costa de Marfil y Camerún), tres de alemán (Alemania, Suiza y Bélgica), dos de italiano (Italia y Suiza), dos de portugués (Portugal y Brasil) y dos de neerlandés (Holanda y Bélgica), variedades todas ellas que han sido escrupulosamente respetadas en la selección de locutores —todos ellos hablantes nativos de cada variedad— por parte del departamento de Producción de SeproTec.

Otro de los retos que hubo que afrontar en la elaboración de la Guía fue el que plantearon selecciones como las de Bélgica y Suiza, países donde se hablan tres idiomas oficiales y en los que, por lo tanto, dependiendo del cantón o departamento al que pertenezcan sus hinchas o los periodistas que hacen su seguimiento, los nombres de los jugadores se pronuncian de formas diferentes: a la francesa, a la alemana, a la neerlandesa o a la italiana. Y con el «agravante» de que un alto porcentaje de ambas plantillas tiene apellidos de origen africano, árabe, balcánico o latino. Puesto que se decidió transcribir los nombres de los jugadores tal como se pronuncian en los países a los que representan (ver Sobre la guía), no como en aquellos de los que son originarios (Khedira, por ejemplo, se pronuncia /Kedíra/ en Alemania, pero /Jéd-derá/ en Túnez, país de donde procede el apellido, y en la Guía nos decantamos por la forma alemana /Kedíra/), el problema estaba servido: mientras que en Bélgica los flamencos, de habla neerlandesa, se refieren a Vincent Kompany como /Vínsent Kompáni/, los valones, francófonos, lo llaman /Vansán Kompaní/. Y lo mismo sucede con, por ejemplo, Romelu Lukaku, Kevin Miralles, etc. en la selección belga, o con Philippe Senderos, Xherdan Shaqiri o Admir Mehmedi, entre otros, en la selección suiza. Finalmente, ante la imposibilidad de contactar con los propios jugadores para saber de primera mano cómo se hacen llamar, no hubo más remedio que buscar en internet archivos de audio de las televisiones suizas y belgas en los que se los entrevista o menciona. Y aun así, en ocasiones la elección tuvo que basarse en la estadística, pues dependiendo del medio en el que se los mencionase se les llamaba de una forma o de otra.

También fue especialmente complejo el tratamiento de los nombres procedentes de idiomas no latinos, como los de las selecciones argelina (árabe), coreana, iraní (farsi) o japonesa (no se mencionan la croata, la rusa y la bosnia por estar sus ligas integradas en las competiciones europeas, lo que hace que sus transliteraciones del cirílico al latino sean más uniformes y cuidadas, menos problemáticas). En estos casos se tuvo que trabajar con las transcripciones facilitadas por la Fifa en su página web, transcripciones que en muchos casos difieren notablemente de las que se pueden encontrar en los diferentes medios de comunicación e incluso en las webs de las federaciones nacionales que las facilitan. Tal circunstancia produjo en ocasiones la inseguridad de los intérpretes que tenían que locutar los nombres de los jugadores: las transliteraciones facilitadas por la Fifa, sobre todo las de aquellos jugadores con apellidos poco comunes en sus países de origen, desconocidos también por los propios intérpretes, dificultaban notablemente su labor, de modo que había que buscar otras transcripciones alternativas que pudieran complementar las de la Fifa y que les ayudaran a resolver el rompecabezas. Todo este proceso, lógicamente, consumió bastante tiempo de la edición y producción de la Guía.

Por último, tanto el llamado broken English de selecciones como la ghanesa o la nigeriana, con una fonética en muchos casos bastante alejada de la que se considerada canónica en inglés (si es que existe tal cosa…), como la arbitrariedad en la pronunciación de los apellidos no hispanos de muchos jugadores de selecciones hispanohablantes, supusieron una dificultad añadida. Así, en el caso del broken English de Ghana y de Nigeria nos encontramos con un «Harrison» que se pronuncia /Hárrisen/ (en lugar del previsible /Hárrison/), un «Nyantakyi» que hace /Iyántaki/ (no los esperados /Niántaki/ o /Naiántaki//) o un Ejide que hace /Áyide/, entre muchos otros casos, y pronunciaciones tan alejadas de lo esperado producen muchas dudas, que solo se despejan tras consultar vídeos y audios de diferentes medios en los que distintos periodistas nativos mencionan los nombres de esos jugadores. Y en el caso de los apellidos no hispanos de jugadores pertenecientes a selecciones que sí lo son, como pasa, por ejemplo, con Mascherano, que no hace /Maskeráno/ ni /Masheráno/, formas muy usadas entre los periodistas deportivos españoles, sino /Mascheráno/; con el costarricense Dave Myrie, que al contrario que en el caso de Mascherano sí se pronuncia en función de su origen anglosajón, /Déiv Máiri/, no /Dáve Mírie/, o con el colombiano James Rodríguez, cuyo nombre se lee por decisión propia y familiar /Jámes/, no /Yéims/, como ya hemos dicho más arriba, etc.; en estos casos, decía, solo acudiendo a los archivos de audio de los medios de sus respectivos países se puede determinar cómo hay que llamarlos. Solo después de estas comprobaciones fue posible grabar los audios (recordemos que no se hicieron transcripciones fonológicas de los nombres de las selecciones hispanas).

Todos estos retos, lejos de desanimarnos, nos hicieron trabajar en la Guía con más ahínco, si cabe, conscientes de que nuestra labor, que se revelaba más compleja de lo esperado, produciría también un servicio a la comunidad futbolística de un valor aún mayor de lo esperado. Todavía no disponemos de todos los datos de seguimiento que proporciona Google Analytics, pero sí sabemos que las consultas y los tuits sobre la Guía han sido masivos, especialmente los relacionados con las selecciones de Alemania, Holanda y Francia.

Y llegados a este punto —aquí es donde, quizá, debería aparecer un aviso del tipo «SeproTec no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus colaboradores», porque voy a expresar una opinión muy personal—, tengo que decir que me ha sorprendido la aparente falta de interés y, en cierto sentido, de profesionalidad, de algunos prominentes comentaristas deportivos de la radio y la televisión españolas, que han demostrado en las retransmisiones o crónicas de los partidos no ya un absoluto desdén por la Guía de SeproTec y la Fundéu, algo perfectamente entendible (en el sentido de comprensible, justificable, no en el de inteligible —el único, curiosamente, recogido en el DRAE—) si tenemos en cuenta que hay a su alcance otras formas de conocer la pronunciación de los protagonistas del Mundial (YouTube, Forvo.com, archivos de radio y televisión, las webs de las televisiones de medio mundo…) y que uno es libre de elegir la que más le guste, sino porque han decidido dejarse llevar por la inercia de lo consuetudinario y no molestarse en contrastar (el verbo del periodismo por antonomasia) sus fuentes (¿realmente Thibaut Courtois se hace llamar /Tibú/, o se presenta como /Tibó/; ¿el apellido de Arjen Robben se pronuncia /Róben/ o /Robén/..?). Así, por ejemplo, en la final de anoche entre Alemania y Argentina me volvieron a salir sarpullidos al escuchar una vez más —y ya era la séptima— que quienes la retransmitían llamaban /Hogüédes/ o /Hagüédes/ a /Hévedes/ y /Yoákin Lov/ a /Yoájim Lef/… Pero, como dice el refrán, en el pecado llevan la penitencia, porque imagino que entre los miles de aficionados que han seguido los partidos del Mundial y que han sentido la sana curiosidad —y la sabia humildad— de consultar la Guía (u otros medios a sus alcance, insisto) se habrá producido un runrún de desaprobación hacia los profesionales que no se han molestado en hacerlo.

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

«Viajar en business, en un vuelo “doméstico” pagado en cash, y tener que alojarse en una motorhome o en un bungalow».

Parece mentira que en España, donde presumimos de haberle arrebatado a China el tercer puesto como destino turístico internacional (60,6 millones de turistas extranjeros recibimos el año pasado, frente a los 57,4 M que acogió el gigante asiático), solo por debajo de Francia, con 83 M de turistas, y de los EE. UU., con 67 M, el lenguaje del turismo siga tan atestado de anglicismos crudos.

Siendo como es nuestro país una de las principales plataformas de I+D+i para los técnicos de la Organización Mundial de Turismo, su campo de pruebas, de investigación, de innovación; un destino que ofrece respuestas a las nuevas necesidades y retos del sector a escala mundial; que ocupa a 2,5 millones de trabajadores, es decir, a más del 20 % de la población activa española (16,8 M, según la última EPA); que celebra anualmente la segunda feria mundial de turismo, Fitur, y que ha exportado léxico como paella, tortilla, tapa, siesta, sangría, flamenco, señor, torero, fiesta, ruedo, gazpacho, etc., a todos los rincones del planeta…, siendo un país así, decía, seguimos, sin embargo, ofreciendo una imagen tercermundista en lo concerniente a la promoción de nuestro idioma, que ignoramos, poniéndolo a los pies del inglés.

España, así, resulta un país acomplejado de su propia lengua, que no solo subestima como vehículo de comunicación con el mundo exterior, sino también entre sus propios ciudadanos, que insisten en desdeñarla en ámbitos en los que se piensa que el inglés es más chic, más distinguido. Porque es lícito pensar que en ámbitos como la ciencia o las nuevas tecnologías el inglés resulta más preciso; al fin y al cabo son los países anglosajones, principalmente los EE. UU., los que inventan, de modo que tienen ventaja a la hora de fijar sus propios referentes léxicos, que gozan de una especificad inalcanzable en otros idiomas, al menos hasta que esos inventos se popularizan, se entienden en toda su dimensión y, por consiguiente, se interiorizan, que es cuando pasan a ser traducidos y quedan asentados.

Pero en el caso del turismo no podemos pensar sino que se trata de un mero postureo[1]. Salvo rarísimas excepciones —como por ejemplo suite, aunque ya ha sido incorporada a la nueva edición del DRAE, donde aparecerá en redonda con el significado de ‘En los hoteles, conjunto de sala, alcoba y cuarto de baño’—, la mayor parte de los anglicismos usados en el sector del turismo tienen correspondencias inequívocas en español.

Veamos a continuación, para comprobarlo, una lista de anglicismos relacionados con el sector turístico (viajes, alojamientos, actividades de ocio y deporte, etc.), de uso extendidísimo, principalmente entre los profesionales del turismo —lo que tiene aún más delito— y sus correspondencias en español:

  1. Overbooking: sobreventa, exceso de reservas.
  2. Check-in: registrarse (en un hotel o apartamento); facturar (el equipaje).
  3. Finger (de avión): pasarela.
  4. Hub (de aeropuerto): centro de operaciones,  de conexiones o de distribución.
  5. Handling: servicio de equipajes o de maletería.
  6. Touroperator/tour operador: turoperador, agencia mayorista.    
  7. Catering: servicio de comidas (el Diccionario panhispánico de dudas [DPD] propone la adaptación cáterin, en redonda y de plural invariable: varios cáterin).
  8. Jet-lag: desfase horario.
  9. Transfer: conexión, trasbordo, correspondencia.
  10. Standby: en espera.
  11. Ferry: trasbordador, ferri.
  12. Vuelo «doméstico»: vuelo nacional (en español, doméstico alude a lo propio del hogar, no de lo nacional o interior, como sucede en inglés).
  13. Void: (billete) anulado.
  14. Rappel: descuento (aunque el DPD propone la adaptación rápel o rapel; plural, rápeles o rapeles).
  15. Forfait: paquete (turístico), abono (para los remontes) o precio global acordado. No obstante, la próxima edición del Diccionario académico ya recoge esta voz como propia del español, aunque debe pronunciarse como se escribe (/forfáit/), no a la francesa (/forfé/). Su plural es forfaits.
  16. Charter/s: voz adaptadas al español, aunque con tilde: chárter; plural, chárteres.
  17. Duty free shop: tienda libre de impuestos.
  18. Call center: centro de atención al cliente, de atención telefónica o de llamadas.
  19. Pack: paquete, lote, envase.
  20. Kit (de viaje): aunque ya está recogido en el DRAE, puede sustituirse por voces españolas como juego, estuche o equipo.
  21. Set: conjunto, serie, juego o estuche.
  22. Hall: salón, vestíbulo, entrada, recibidor.
  23. Lobby: vestíbulo, recibidor.
  24. Business corner: centro de negocios, sala de internet.
  25. Traveller’s cheque: cheque de viaje.
  26. Cash: efectivo (dinero en efectivo o en metálico).
  27. Fitness centre: gimnasio, sala de entrenamiento.
  28. Amenities: servicios, productos de acogida, instalaciones, comodidades.
  29. Single (room): (habitación) individual.
  30. Bungalow: bungaló, búngalo.
  31. Motorhome: autocaravana.
  32. Business centre: centro de negocios.
  33. Resort: centro turístico o vacacional, complejo hotelero.
  34. Facilities: instalaciones, servicios.
  35. Sommelier: sumiller.
  36. Snorkel: esnórquel, buceo de superficie.
  37. Running: carrera, correr.
  38. Rafting: balsismo, descenso de rápidos, canotaje.
  39. Trekking: senderismo.
  40. Footing: (falso anglicismo para jogging) correr.
  41. Jogging: correr («Voy a hacer jogging»: ‘Voy a correr’).
  42. Spa: balneario, baños o termas.

Y esto sin mencionar muchos otros usos inapropiados en el ámbito del turismo tan habituales como confundir al norte con en el norte («Suiza está en el norte de Italia»); Levante con la Comunidad Valenciana («La paella es propia de Levante»); el Reino Unido con Inglaterra y Gran Bretaña o el Úlster con Irlanda del Norte, entre otros.

Así que, prevenidos quedáis: cuando queráis ir a la Costa Azul no pidáis un biglietto a la Riviera, porque es posible que acabéis en San Remo

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

 


[1] Término consultado a la RAE en 9.812 ocasiones, según consta en la tabla I de este interesante Boletín de Información Lingüística de la Real Academia Española (BILRAE).

A veces me pregunto qué sentirán las familias de personas desaparecidas, bien por causa de secuestro, extravío, accidente, detención ilegal o, simplemente, decisión propia (se fueron a comprar tabaco y nunca regresaron) cuando leen en la prensa, un día sí y al otro también, noticias sobre muertos «oficiales» a quienes se califica de desaparecidos.

Noticias como la del título de esta entrada, que podríamos encontrar en cualquier periódico español, pueden provocar confusión en el lector. ¿De qué nos están hablando?: ¿de que alguien cuyo paradero desconocemos había cambiado de vida antes de sufrir un accidente?, ¿de que el accidente, como en el caso del avión de las líneas aéreas malasias, fue lo que provocó la desaparición del sujeto de la noticia? ¿O quizá de que el desaparecido en realidad murió a causa del accidente?

¿Y si la noticia alude a un ciudadano argentino o chileno, por ejemplo, en cuyos países todos sabemos que se produjeron miles de desaparecidos durante las dictaduras militares de los setenta? ¿Qué sucede cuando nos encontramos con noticias como «El desaparecido poeta argentino Rodolfo Walsh visitó Cuba por primera vez en 1959»? Lo más probable es que interpretemos que Walsh, dada su ideología izquierdista, fue desaparecido por la Junta Militar argentina que gobernó el país con mano de hierro entre 1976 y 1983.

Sin embargo, teniendo en cuenta la segunda acepción de desaparecido que recoge el Diccionario académico, ‘eufemismo de muerto, nos quedamos con la duda de si, efectivamente, se considera al poeta desaparecido, es decir, escondido, ocultado, secuestrado, huido, fugado o, simplemente, en paradero desconocido, o por el contrario se lo considera muerto, fallecido, fenecido o extinto.

Como vemos, el castellano dispone de una amplia y variada gama de sinónimos tanto para desaparecido como para muerto, de modo que parece innecesario, además de poco recomendable, abusar del eufemismo desaparecido cuando sabemos a ciencia cierta que nos referimos a alguien que ha fallecido. Curiosamente, diccionarios de un prestigio y rigurosidad fuera de toda duda como el Clave y el María Moliner, por ejemplo, no incluyen en sus páginas la acepción de muerto para la voz desaparecido, lo que resulta muy sintomático.

E igualmente curiosa —y también sintomática— resulta la definición que ofrece el DRAE del vocablo fallecido, en principio, la mejor alternativa a desaparecido si queremos evitar la palabra tabú muerto: ‘Desfallecido, debilitado’ (e incluso añade que se trata de un adjetivo en desuso, anticuado…). Afortunadamente, no sucede lo mismo en los otros diccionarios mencionados, el Clave y el María Moliner, que definen fallecido como ‘Referido a una persona, que ha muerto’.

Considerando, por tanto, la ingente cantidad de noticias que se sirven casi a diario relacionadas con personas desaparecidas, ya sea voluntariamente, por causa de accidente o por haber sido detenidas de forma ilegal, convendría limitar el uso eufemístico del término desaparecido con el significado de muerto. Probablemente los familiares, amigos y conocidos de personas extraviadas o retenidas lo agradecerían…

Pero, volviendo al titular de este artículo, ¿qué hay de ese «había rehecho su vida»?, ¿cómo hemos de interpretarlo? A juzgar por el uso que dan a esta expresión muchos medios de comunicación, deberíamos deducir que el desaparecido se acababa de casar de segundas nupcias o que había comenzado una nueva relación sentimental. Así, por ejemplo, tras la reciente muerte del expresidente del Gobierno Adolfo Suárez (el desaparecido Suárez), se han publicado noticias como esta, muy significativa para el tema que nos ocupa: «Ahora Suárez Illana [su hijo] minimiza su interés y huye de la polémica, aunque es un secreto a voces que sus relaciones con Fernando Romero, el viudo de Mariam y padre de Alejandra [la heredera del ducado de Suárez], son muy tensas, casi inexistentes desde que éste rehizo (sic) su vida». Y ya. Ni una sola explicación de la forma en que Fernando Romero, yerno de Adolfo Suárez, decidió rehacer su vida.

Si consultamos el Diccionario veremos que el verbo rehacer significa —además de ‘Volver a hacer lo que se había deshecho, o hecho mal’— ‘Reponer, reparar, restablecer lo disminuido o deteriorado’. Por su parte, el Clave dice ‘Referido a una persona, dominar una emoción y recuperar la serenidad o el ánimo: “Es difícil rehacerse tras la pérdida de un ser querido”’. Como vemos, en ninguno de los dos diccionarios se menciona la posible colocación «rehacer uno su propia vida» con el significado de ‘establecer una nueva relación sentimental’. Solo el María Moliner nos da una pista, aunque muy pequeña —se intuye en el ejemplo que ofrece—, al respecto. Dice, bajo el lema rehacer: ‘Restablecer o arreglar; particularmente la vida cuando ha quedado deshecha por algún suceso desgraciado: “Después de la separación, consiguió rehacer su vida”’.

De modo que no entiendo por qué si alguien dice que ha rehecho su vida hemos de entender que se ha vuelto a casar o que se ha echado una nueva novia. Creo que son reminiscencias del pasado, de unos tiempos en los que prácticamente nadie podía plantearse una vida plena e independiente sin pasar por la vicaría. Afortunadamente, hoy en día son muchos los singles (ojo, ni siquiera la Fundéu ha sido capaz hasta el momento de ofrecer una alternativa a este anglicismo crudo cuando se refiere a quienes-no-han-rehecho-sus-vidas, así de cruda está la cosa) que se reinventan como tales después de sufrir un quebranto sin necesidad de ejercitar la tradicional simbiosis nupcial. Y creo que la prensa y, en general, toda la sociedad hispanohablante debería tomarlo en cuenta antes de dar por hecho que cuando alguien rehace su vida es porque ha pillao…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

 

Desde luego yo, por si acaso, no las uso. Y mira que estoy viejuno. Y mira, además, que siempre he admirado esos llamados «bonitos cadáveres» (una mala traducción, por cierto, del original good-looking corpses —‘cadáveres bonitos’—, ya que en español, cuando usamos bonito delante del sustantivo solemos hacerlo con ironía: «Bonito espectáculo estáis dando…») que dejaron gente como Janis Joplin, Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Kurt Cobein, Amy Whinehouse o el mismísimo James Dean, a quien se atribuye erróneamente[1] la famosa frase «Vive rápido, muere joven y deja un “bonito cadáver”», que bien pudiera ser el eslogan de las cremas antiedad, auténticas catalizadoras de la muerte si nos atenemos al significado canónico de su apellido (antiedad: que va contra la edad).

Es curioso, sin embargo, que los creativos publicitarios (aunque probablemente la responsabilidad sea de los ejecutivos de márketin que los contratan…), que deben de saber, sin duda, que aging en inglés significa envejecimiento, maduración, no edad, decidieran traducir anti-aging por antiedad (si al menos fueran antiedad del pavo, por ejemplo, todos se lo hubiéramos agradecido). Pero aún más sorprendente resulta que, habiendo pasado ya nueve añazos desde que la Fundéu publicara (1/06/2005) una recomendación al respecto: «antiarrugas o antienvejecimiento, no antiedad», en la que, además de las dos alternativas del título añadía el término rejuvenecedoras («cremas rejuvenecedoras»), es decir, que daba tres alternativas tres para evitar el dislate, hoy en día las cremas asesinas sigan erre que erre, más que nunca, con su afán genocida.

Lo cierto es que hay un viejo axioma en publicidad que dice: «Si un anuncio no te gusta, es que no va dirigido a ti», detrás del cual se adivina —aparte de cierta soberbia— que antes de producir una cuña publicitaria (note el lector que evito usar spot, spot publicitario, voz que ya casi podríamos considerar una colocación asentada del español, tanto del culto como del coloquial) las agencias llevan a cabo tantas pruebas, encuestas y proyecciones con grupos representativos de consumidores, se gastan tanto dinero en ellas y en el plan de medios para difundirlas, que es prácticamente imposible que se equivoquen, que sus anuncios no resulten efectivos. Digamos, por tanto, que suelen jugar sobre seguro. De lo que se deduce que, dado el imparable incremento de marcas de este tipo de lociones que usan el término antiedad, debe de ser que funciona; a la gente le gusta o, usando un lenguaje coloquial, nos la han clavado.

No cabe duda de que el poder de la publicidad sobre los usos lingüísticos de la población es enorme. Y es lógico, ya que su herramienta principal de seducción es la palabra, en la que se sustenta para lograr sus objetivos. Si unimos a esto el hecho de que muchas realidades son nombradas, definidas o acotadas por primera vez en el ámbito publicitario (nuevos productos y servicios, sus efectos o contraindicaciones, las actitudes que provoca, etc.) y que, como ya se sabe, quien pega primero pega dos veces, es natural que sus dictámenes lingüísticos, que además se apoyan en poderosísimas campañas de difusión, queden fijados en el uso popular con enorme rapidez; por supuesto, mucho antes de que los lingüistas, lexicógrafos, traductores profesionales, periodistas o académicos hayan tenido tiempo de evaluar su rigor léxico, sintáctico o gramatical.

Por eso es especialmente importante que los agentes de la publicidad, tanto los creativos como los redactores (los copies, en su peculiar jerga), los ejecutivos, los directivos, etc., sean conscientes de su poder y, por lo tanto, especialmente sensibles al del lenguaje que manejan. Es cierto que la transgresión puede resultar irresistible, que doblegar una palabra, manipularla, darle la vuelta o crearle un doble sentido es apasionante y nos puede poner en órbita (sobre todo cuando vemos que funciona, que la gente la utiliza, que vendemos más con ella), pero al igual que quien no conoce la historia está condenado a repetirla, quien desconoce la norma —la gramática, la sintaxis, las reglas de construcción de palabras en español…— puede tocar la flauta por casualidad, tener la suerte del novato y ser brillante por momentos, pero tarde o temprano desafinará. Así, incluso para transgredir, o mejor dicho, especialmente para transgredir, es fundamental conocer a fondo lo que se vulnera, en este caso la lengua.

La Fundéu, avalada por la Academia, lleva muchos años luchando por que se haga un mejor uso del español en los medios. Consciente de la enorme influencia que estos ejercen en la competencia lingüística de sus destinatarios, la sociedad en su conjunto, tuvo la brillante idea de constituirse en su observatorio lingüístico, en la «Academia de los periodistas». Pero la influencia del lenguaje publicitario en la población no se queda a la zaga de la de los medios. Por eso, y aunque ya en marzo del 2009 la institución promovida por el BBVA firmó un manifiesto en defensa del uso correcto del español en la comunicación comercial y en la publicidad con las principales asociaciones de la industria publicitaria —manifiesto en cuyo 4.º punto, por ejemplo, se recoge la siguiente advertencia: «El empleo de extranjerismos innecesarios y de malas traducciones de giros y vocablos extranjeros empobrece y desluce el mensaje publicitario, por lo que se recomienda la utilización de locuciones y términos españoles»—, a pesar de ello, decía, hace falta prestar una mayor atención al sector. Creo que no basta con una declaración de intenciones. A la vista está que aquella bonita iniciativa no ha obtenido los resultados deseados, y no lo ha hecho probablemente porque era —permítaseme la licencia— un mero wishful thinking, una ilusión carente de algo tan fundamental como una hoja de ruta.

Para hacer efectivos los dictámenes de ese ambicioso manifiesto (no creo que hubiera que retocar un solo punto del decálogo, muy equilibrado tal como está) es necesario crear herramientas y vías de comunicación ágiles entre las asociaciones que representan a los publicitarios y aquellas instituciones que, como la Fundéu o la Academia, se dedican profesionalmente al estudio y observación de nuestro idioma. Me atrevería a decir, incluso, que se echa de menos un publicitario (¿o un publicista?) tanto en el Consejo Asesor de la Fundéu como en la propia Real Academia. Si en ambas instituciones hay representantes del mundo del periodismo, la traducción, la economía, las nuevas tecnologías, el teatro, el cine o el humor, ¿por qué no lo hay también de uno de los sectores más dinámicos y con mayor peso en el devenir de nuestro idioma como es el de la industria publicitaria? Quizá, de haberlo habido antes, ahora hablaríamos de vuelos económicos (low-cost flights) y tarifas uniformes (flat taxes), en lugar de usar las formas vuelos de bajo coste y tarifas planas. Incluso es probable que yo mismo me hubiera hecho un yonqui de las cremas rejuvenecedoras…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

 


[1] La frase forma parte de la película de Nicholas Ray Knock on Any Door (Llamad a cualquier puerta, 1949).

¿A quién no le han contado alguna vez este chascarrillo, que basa su gracia en la aparente paradoja que conlleva la doble pronunciación de un mismo apellido en función de que se le aplique al padre o al hijo? Sin embargo, no puede haber un ejemplo mejor para reflejar la evolución cultural que hemos experimentado en España en los últimos 30 años, una evolución que, como no podía ser de otra forma, también ha afectado a nuestro desempeño en la pronunciación de los nombres extranjeros.

Así, aparte de los Dáglas (o de los Dúglas), hay muchos otros casos que documentan ese tránsito ascendente en la destreza fonética de la sociedad española a lo largo de las últimos décadas. Clark Gable, que para muchos de nuestros padres era [Gar Gáble] (Caracable para sus hijos), se «rehabilitó» como [Clark Géibol] ya a finales del siglo pasado. Lo mismo sucedió con el bueno de Tyrone Power, que del [Tirone Pógüer] paterno paso al más ecuánime [Táiron Páuer] a medida que nos acercábamos al siglo xxi. A [Bíli Güílder] ya hace unos años que lo identificamos por [Bíli Guáilder]; [Marzelo Mastroyáni] pasó a ser [Marchelo Mastroiáni] hace ya tiempo; a [Bur Lancáster] lo empezamos a llamar [Bart Láncaster] en los ochenta, que yo recuerde, y, más recientemente, hemos aprendido que Kylie Minogue no es [Kíli Minóg], sino [Káili Minóg]…

La generalización de la enseñanza del inglés a partir de los años ochenta —en detrimento del francés—, la apertura de España a la Unión Europea y a los mercados internacionales, que ha permitido la entrada de miles de productos nuevos —muchos con nombres impronunciables a primera vista— en nuestros supermercados y centros comerciales; el acceso a las películas de todo el mundo en versión original; la multiplicación de canales de televisión y, sobre todo, la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, muchas de cuyas funcionalidades son solo accesibles si nos manejamos en inglés, nos han puesto las pilas.

Esta evolución cultural y social no parece, sin embargo, verse reflejada —al menos en la misma proporción que lo ha hecho la sociedad— en el devenir «oficial» de nuestro idioma, en especial, en las reglas que restringen la adaptación de extranjerismos al español. Así, por ejemplo, es curioso que un dígrafo tan extendido, conocido y dominado en español como es el que forma la sh, siga proscrito en la Ortografía; y no hay más que pasear por la calle o escuchar cualquier programa de radio o televisión para comprobar que la gente pronuncia perfectamente voces como Washington, Shanghái, Shakira, show, sheriff o flash. Y eso sin mencionar a los hispanohablantes argentinos, en especial los bonaerenses, o a los de origen gallego, vasco o catalán, todos ellos dominadores natos del sonido [sh].

Esta limitación, además, afecta particularmente a las transcripciones de palabras procedentes de grafías no latinas, como el árabe, el chino, el hebreo o el ruso, pero también a la hispanización de términos del inglés, el francés o el italiano, cuyas sh originales pretendemos convertir en eses o, peor aún, en ches. Así, surgen adaptaciones tan chuscas como chou por show, chérif por sheriff, Bachar el Asad por Bashar el Asad, sabbat por shabbat, saría por sharía, etc.

La Ortografía nos dice que si queremos mantener esa sh original —, tan natural ya, como decía más arriba, para la mayoría de los hispanohablantes— en las palabras que la incluyen, y no adaptarla sustituyéndola por ch o s, debemos resaltar aquellas usando la cursiva o las comillas, un recurso ruidoso e indeseable. Creo, por tanto, teniendo en cuenta la terca realidad, que los académicos deberían plantearse dar carta blanca en sus manuales normativos a este dígrafo tan común, extendido y asumido por una nueva generación de españoles acostumbrados a lidiar con él y a quienes no les cuesta ningún esfuerzo identificarlo y pronunciarlo.

Lo mismo sucede con términos tan enraizados en el español como stop o spa. A pesar de que en varios países hispanoamericanos los Stop de tránsito son Alto o Pare y de que para spa tenemos alternativas como balneario, baños o termas, es un hecho que en España las carreteras está inundadas de stops y que a la gente le encanta pasar fines de semana en spas de toda la geografía española. Sin embargo, siguiendo la recomendación académica, debemos escribir tanto stop como spa en cursiva, lo que resulta, cuando menos, forzado. De modo que, desde mi punto de vista,  la Ortografía debería empezar a plantearse admitir excepciones, relajar sus limitaciones morfológicas e integrar en el diccionario estas palabras sin necesidad de resaltarlas topográficamente.

Para ser justos, no obstante, hay que reconocer que la Real Academia Española (no la Real Academia de la Lengua Española, como se ve escrito a menudo) ha empezado a dar muestras de modernidad, de querer reconciliarse con los tiempos, al apostar por la rehabilitación de letras como la k y la w, que hasta hace muy poco estaban prácticamente proscritas y eran casi siempre sustituidas por los dígrafos gu (o ) y qu, así como por la letra c. Es el caso de términos como web, en lugar de güeb; friki, en vez de friqui; wasapear frente a guasapear, wiski en lugar de güisqui, etc.

Ahora solo falta que adapten el díscolo término marketing, que prácticamente nadie sustituye por la opción académica márquetin, recomendada en el DPD —y menos aún por mercadotecnia (salvo en América)—, y que, ya de paso, hagan lo propio con software y hardware. Son cientos las nuevas palabras que lleva recogiendo y adaptando la Academia estos últimos años, como se ha podido leer estos días en muchos medios de comunicación con motivo del cierre de la edición en papel del DRAE, y prácticamente ninguna goza de la popularidad y enraizamiento de las mencionadas marketing, software y hardware.

En el primer caso —marketing—, creo que bastaría con que se cambiase esa qu, que parece no convencer a nadie, por una kmárketin— para que se produjeran muchas más adhesiones (la eliminación de la g final no creo que fuera objeto de mucha controversia), y en cuanto a software y hardware, irreductibles desde hace décadas, teniendo en cuenta la recuperación mencionada de la w como letra plenamente asentada en español, podrían «redondearse» glosando las formas sófwar/sófwer y hárwar/hárwer, con grafías muy cercanas a las de los términos originales. Es solo una idea…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Veamos el siguiente titular: «Alto Volta llama a consultas —‘a capella en grito’— al embajador de Zanzíbar, que atiende al nombre de Mobutu».

¿Cuántos errores has detectado en este supuesto y delirante encabezamiento? Yo veo, al menos, seis…

Dos de ellos son de carácter geográfico, o mejor dicho, geopolítico, por lo que digamos que sirven para añadir un puntito de exotismo a una sección tan «seria», centrada en lengua y traducción, como la que nos ocupa: Alto Volta es Burkina Faso desde 1984 y Zanzíbar, la isla de las especias (‘costa de los negros’, en persa), es una región —una isla— de Tanzania, por lo que, al no ser un Estado soberano, no puede tener embajadores.

Centrémonos, por tanto, en los cuatro errores restantes. Al primero de ellos, el más evidente, y del que también podríamos decir que es de recurso, como los dos anteriores, lo podemos considerar un «error de colocación», pero sobre todo, un error colosal. Tan lamentable y quimérico que si tecleas en Google «a capella en grito», no aparece ni un solo resultado. Y eso debe de ser grave, porque ese mismo buscador devuelve nada menos que 546.000 resultados cuando insertamos en su cajita la voz Mikel Jakson, tal cual (recordemos que lo correcto es Michael Jackson). Nadie en su sano juicio, o que tenga un nivel elemental de español cometería el error de confundir voz con capella. De modo que pasemos ya, sin más «delación», a lo que realmente nos ocupa.

Y para ello, no hace falta salir de la anterior colocación estrambótica —que no bizarra—; en ella encontramos, por fin, un error real, procedente en esta página y, lamentablemente, bastante común: escribir cappella con doble ele, pero una sola pe. No hay más que acudir al Diccionario panhispánico de dudas (DPD) para comprobar que la locución italiana a cappella se escribe en cursiva cuando se utiliza para aludir a la música vocal polifónica que se ejecuta sin acompañamiento instrumental, y en redonda, sin resalte tipográfico y con la grafía adaptada a capela (una sola pe, una sola ele), para referirse, en general, al hecho de cantar sin acompañamiento instrumental —algo que vimos hacer esta misma semana con su himno a los cerca de 50.000 seguidores del Atlético de Madrid que asistieron en directo a la aplastante victoria de su equipo sobre el AC Milan  en el partido de vuelta de octavos de la Liga de Campeones—. Lo que no es apropiado es usar la grafía híbrida a capella, ni en redonda ni en cursiva, como hicieron algunos medios de comunicación y muchas otras webs en sus crónicas del partido mencionado.

Si no me fallan las cuentas, ya solo quedan dos errores por tratar. Empecemos por el de más etiqueta, que además es de concepto: «el Gobierno de X llama a consultas al embajador de Y». Esto, trasladado al mundo del fútbol, sería como si Casillas (Gobierno X), justo antes de que Messi (embajador de Y) le lanzara un penalti —en Copa o en Champions, claro—, se acercara el punto fatídico y le preguntara por dónde lo va a tirar (lo lógico es que si Casillas tiene que llamar a consultas a alguien sea, por ejemplo, a su compañero —embajador— Di María, que conoce muy bien a su compatriota Lio Messi). Diríamos en este caso, trasladando el lenguaje diplomático al fútbol, que Casillas llamó a consultas a Messi, algo a todas luces absurdo. Un Gobierno llama a consultas a sus propios embajadores, no a los de Estados ajenos; cuando se da este segundo caso, lo que se hace es convocar al embajador del país X. Sin embargo, como se puede comprobar al pinchar en este enlace, son muchos los medios que hacen un uso inapropiado de la locución llamar a consultas.

Por último, tenemos al embajador que «atiende al nombre» de Mobutu. En español de España (o españolés, que diría mi excompañero Alberto Gómez Font), entre los múltiples significados del verbo atender está el de ‘llamarse de una determinada manera’. Hasta aquí, bien: el embajador de Zanzíbar se llama Mobutu. El problema es la preposición al, pues tal como recoge el DPD en el punto 4, letra b, de su entrada sobre este verbo tan polisémico: ‘[el verbo atender, con el significado de ‘llamarse de una determinada manera’] siempre va seguido de un complemento precedido de por. Así, lo apropiado habría sido escribir que el embajador de Zanzíbar «atiende por el nombre de Mobutu».

De modo que el titular de este artículo, después de asearlo convenientemente, quedaría como sigue: «Burkina Faso llama a consultas —a capela— a su embajador en Tanzania, que atiende por el nombre de Mobutu».

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Fue en la primavera del 2012 cuando tuve la ocasión de conocer Seprotec. Yo trabajaba entonces como redactor de recomendaciones y responsable de Expansión y Patrocinios en la Fundéu BBVA, y entre mis funciones estaba la de buscar sinergias con empresas e instituciones interesadas en contribuir con los objetivos fundacionales de la organización: básicamente, la defensa de un español saneado y culto en los medios de comunicación de España e Hispanoamérica.

 

Seprotec se dirigió a nosotros en términos kennedynianos: no dijeron qué puede hacer la Fundéu por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por la Fundéu. Conocían bien nuestra labor y estaban dispuestos a echarnos una mano con sus armas, armas de las que nosotros carecíamos y que podrían resultar muy importantes para complementar nuestra tarea de apoyo lingüístico a los periodistas y comunicadores: la traducción y la interpretación.

 

Hasta entonces la Fundéu solo se había dedicado a publicar píldoras lingüísticas, recomendaciones de buen uso del español dirigidas principalmente a los profesionales de la prensa, de la lengua escrita. La aparición de Seprotec nos brindaba la posibilidad de entrar también en la lengua oral, la herramienta principal de los comunicadores de radio y televisión, tan necesitados a veces de contar con un referente autorizado para saber cómo pronunciar los miles de topónimos y nombres propios extranjeros que aparecen constantemente en sus teletipos.

 

Y, precisamente, ese verano, a apenas un mes vista de nuestro primer encuentro con Seprotec, se celebraba la Eurocopa de Fútbol 2012 en Polonia y Ucrania, una competición que aseguraba un extraordinario eco mediático y en la que se darían cita 16 selecciones nacionales, cada una de ellas con su propia lengua y sus propias peculiaridades idiomáticas, muchas tremendamente complicadas para los hispanohablantes. Era la ocasión perfecta para que la Fundéu y Seprotec uniesen sus fuerzas y elaborasen una herramienta que permitiese a los profesionales de los medios audiovisuales disponer de una referencia fiable y completa para sentirse seguros a la hora de locutar sin complejos los nombres de jugadores, técnicos, árbitros, etc., de origen serbio, ucranio, polaco o turco que confluirían en el campeonato.

 

Y así surgió, en un plazo récord de apenas tres semanas de preparación, un trabajo intenso, comprometido y entusiasta, la flamante Guía útil de pronunciación para periodistas – Eurocopa 2012, un manual a la medida no solo de los periodistas deportivos, sino de todas las personas interesadas en conocer la peculiaridades fonéticas de gran parte de los idiomas hablados en Europa —en muchos casos, bastante desconocidos— a través de lo que se ha dado en llamar la fiesta del fútbol.

 

La Guía tuvo un éxito enorme, llegando a trascender las fronteras hispanas y a ser mencionada en espacios informativos de medios tan prestigiosos como la televisión pública alemana ZDF, que en uno de sus programas nocturnos la ponderó como una herramienta muy oportuna y de gran utilidad. Y todo ello gracias a la generosidad y al espíritu de servicio de Seprotec y la Fundéu BBVA.

 

Cuento todo esto porque hoy, dos años después de aquel primer encuentro, la misma compañía que se ofreció a llevar a cabo el proyecto en unos plazos que parecían inviables y poniendo a disposición de la Fundéu sus recursos y su equipo de una forma totalmente desinteresada, me da la oportunidad de colaborar con ellos en la redacción y seguimiento de una nueva sección de su Seproteca, un espacio semanal titulado Sepropíldoras de lengua en el que trataré de abordar las dudas y dificultades más habituales de nuestro idioma (ortotipográficas, léxicas, sintácticas…) así como de alentar el debate en torno a los extranjerismos más irreductibles en español: cuándo se antojan necesarios o irremplazables, cuándo su uso responde a la pereza o, simplemente, a una cuestión de prestigio social (mal entendido, probablemente); cómo abordar su traducción; qué manuales, corpus, webs, medios de comunicación… pueden resultarnos más útiles como referencias fiables y autorizadas, etc.

 

Soy consciente de que en la comunidad seprotequista habrá gente más sabia y experimentada que yo. Será un placer contar con sus aportaciones y sus críticas para hacer de esta sección un espacio de servicio rico, abierto y tolerante. Considero que los traductores hemos de estar a la vanguardia del buen uso del lenguaje, de modo que nuestro público objetivo, la sociedad en su conjunto, se beneficie de nuestro buen hacer y encuentre cada día más claros e inteligibles los mensajes que recibe a través de los medios de comunicación, la literatura, la publicidad, el cine, el ocio… No hay que olvidar que casi el 90 % de la producción escrita que leemos a diario procede de traducciones. Conocer bien nuestra propia lengua y ser autocríticos y capaces de reflexionar sobre ella permanentemente parece, por tanto, fundamental.

 

En esta primera entrega, dado lo extenso de la presentación, me limitaré a invitaros a acceder a la subcategoría de recomendaciones sobre traducción de la Fundéu, donde encontraréis cerca de 200 píldoras de la Fundación sobre extranjerismos habituales y sus correspondencias en español.

 

Términos como wearable technologies, paywall, offshore o tifo, todos ellos de gran actualidad —no olvidemos que la Fundéu trabaja en el seno de la Agencia Efe, al ritmo que impone la actualidad informativa—, quedan recogidos en ellas. Si al descubrirlas o releerlas encontráis que su enfoque no es el más adecuado o preciso, que alguna o varias de sus propuestas de traducción no responden a los conceptos o realidades subyacentes en los términos originales, será un placer leer vuestros comentarios en esta página para establecer el oportuno debate.

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Los aficionados al fútbol estamos de enhorabuena. De cara a la Eurocopa 2012 que arranca hoy en Polonia, SeproTec Multilingual Solutions y la Fundéu BBVA hemos creado la que ya es la primera guía gratuita de pronunciación con todos los protagonistas del torneo. Se trata de una plataforma Web que sirve de soporte para periodistas y aficionados al fútbol, como herramienta útil para pronunciar correctamente los nombres de los jugadores de las diferentes plantillas, cuerpos técnicos, árbitros, estadios, etc. Además, incluye un apartado destinado a pequeños consejos que serán muy útiles para cada idioma.

Ha llegado el momento de disfrutar con los goles de Bástian Sbáin-stáiga en lugar del clásico Sbenstáiguer, o de los ágiles movimientos del portero Pétre Chej y no de Piter Chék, nombre que ya estábamos demasiado acostumbrados a escuchar. En esencia, este proyecto lucha por fomentar el uso correcto del lenguaje y de los nombres propios, así como facilitar a cualquier usuario la pronunciación adecuada de los diferentes equipos en su idioma original.

No me quiero despedir sin dar la enhorabuena a la Fundéu BBVA por sus maravillosas iniciativas, y mostrar mi agradecimiento a todo nuestro equipo que, gracias a su pasión y sacrificio, ha creado esta excelente herramienta en un tiempo récord. Enhorabuena a todos y A POR ELLOS.

Álvaro Salamanca

Responsable de Comunicación y Relaciones Institucionales

SeproTec

 

We soccer fans are in luck. With the UEFA European Football Championship 2012 starting today in Poland, SeproTec Multilingual Solutions and the Fundéu BBVA together have created the first free pronunciation guide with all the players in the tournament. It is a web-based platform that supports journalists and soccer fans, giving them a useful tool to use to correctly pronounce the names of the players on the various teams, the technical agencies, the referees, the stadiums, etc. It also includes a small section devoted to helpful little tips for each language.

It’s time to celebrate goals with Bástian Sbáin-stáiga instead of the classic Sbenstáiguer, or the agile movements of the goalkeeper Pétre Chej  - not Piter Chék – a name that we were already way too used to hearing. In essence, this project will champion the correct use of the language and proper names, as well as make it easier for any user to correctly pronounce the names of the various teams in their original language.

I don’t want to end this without congratulating the Fundéu BBVA for its wonderful initiatives, and expressing my gratitude to the members of our entire team who – thanks to their passion and sacrifice – have created this excellent tool in record time. Congratulations and GO FOR IT!

Álvaro Salamanca

Communication and Institutional Relations Manager

SeproTec