Estas últimas semanas se han prodigado en los periódicos, blogs y webs de toda la geografía hispanohablante reseñas o referencias al libro de María Irazusta Las 101 cagadas del español, que como el lector sabrá, hace un interesante recorrido por las múltiples curiosidades de nuestro idioma, sus palabras moribundas (agónico adjetivo recuperado y popularizado por Álex Grijelmo y Pilar G.ª Moutón gracias a su libro Palabras moribundas y que, irónicamente, el DRAE recomienda aplicar solo a personas…), la evolución del significado de algunos términos y expresiones, su etimología y, cómo no, los errores y tropelías que cometemos por desconocimiento, pereza, comodidad o pura desidia.

Y sobre esto último, sobre los errores y usos inapropiados más enquistados en nuestro idioma, principalmente por parte de los medios de comunicación, que es donde más chirrían, es sobre lo que versa este artículo. Para ello he tenido en cuenta tanto mi experiencia en la Fundéu, en la que he experimentado en muchas ocasiones la impotencia de ver cómo ciertos errores se repiten hasta la extenuación, a pesar de nuestras recomendaciones (y de los dictámenes de la Santa Madre RAE), como mi propia veteranía en la lectura atenta —a veces un poco neurótica, lo confieso— de todo tipo de periódicos, revistas y medios sociales.

Pero antes de abordar esos usos cerriles de nuestra lengua he querido cerciorarme de lo que se dice en los diccionarios de la palabra cagada, parte fundamental del título del libro, ya que su uso figurado puede resultar bastante polisémico, al menos para mí, que al oírla, dependiendo del contexto, me puede sugerir suerte («Vaya cagada de gol»), metedura de pata («Ayer le dije a mi mujer que había engordado. Menuda cagada…», error («En el ejercicio 5 del examen se me escapó una cagada de escándalo» y chapuza («Esa pintura que te han puesto es una cagada»), y he aquí lo que he encontrado:

DRAE y DICCIONARIO ESENCIAL (RAE): (2. f. coloq, malson). ‘Resultado muy insatisfactorio de algo en relación con lo que se pretende o se espera’.

Me temo que el sinónimo más cercano de esta acepción sería chapuza, y no creo, por tanto, que encajara en el título del libro: nadie consideraría que un título como Las 101 chapuzas del español aludiera a nuestra lengua; más bien a esa leyenda negra de nuestra idiosincrasia que aún circula por algunos países de Europa…

CLAVE: (3. vulg.). ‘Lo que se considera de mala calidad o de poco valor.  Ese cuadro es una cagada y no podrá venderlo tan caro.

Tampoco parece que esta acepción, cuyo sinónimo vulgar más cercano podría ser birria, caca, sea pertinente como sustituto de cagada: un título como Las 101 birrias (o cacas) del español probablemente nos llevaría a pensar que esa cifra se queda corta (lamentablemente, hay muchos más moharrachos que nos representan…).

MARÍA MOLINER: (2. vulg.). ‘Error grave, acción muy desafortunada’.

Bueno, pues tampoco es para tanto; no diría yo que esas cagadas se puedan considerar errores garrafales. De hecho, podríamos decir que son pecados veniales; alguna, incluso, bastante justificable, como veremos más adelante.

WORDREFERENCE: (col.). ‘Cosa o situación que resulta cuando se actúa sin cuidado o con torpeza: ese libro es una cagada.

Por fin la definición que, desde mi punto de vista, mejor encaja con el sentido que la autora pretende dar a la palabra cagada en el título del libro: Las 101 negligencias (o disparates) del español.

Así que ya, más tranquilo, paso a enunciar la relación de las 10 cagadas más habituales e irreducibles del español que vengo apreciando en los últimos años, muchas de ellas en foros en los que sería más que recomendable su erradicación. Veremos, no obstante, que en algunos casos la batalla está perdida, bien por el profundo enraizamiento de la cagada en los hablantes, bien porque se non è vero è ben trovato, es decir, porque nos resulta mucho más cómodo y breve usar la forma censurada que las alterativas académicamente admitidas. Bueno, al lío…:

  1. en torno y entorno («Entorno* al 78 % de los parados de larga duración mueren más jóvenes»): La locución en torno significa ‘acerca (de)’, ‘alrededor (de)’, ‘en relación (con)’ o ‘aproximadamente’, y se escribe en dos palabras, mientras que el sustantivo entorno, escrito en una sola palabra, significa ‘ambiente, lo que rodea’. Se trata de un caso de cagada grave pues considero que es fácilmente evitable.
  2. adolecer no es carecer, sino padecer («El hospital adolece* de unas instalaciones adecuadas»): Se adolece de lo que se sufre, por ejemplo, de una enfermedad, de modo que en el ejemplo del hospital, lo que en realidad se está diciendo es que el centro sanitario padece el problema de disponer de unas instalaciones adecuadas, algo carente de toda lógica. Me temo que, en cierto modo, se trata de una cagada de postureo
  3. cesar no es destituir («El ministro de Educación ha sido cesado*»): Al igual que el viento cesa de soplar, las personas cesan en su empleo; lo dejan, forzadas o voluntariamente, pero no son cesadas. El verbo cesar es intransitivo (se construye sin complemento directo, como nacer, morir, correr…) en todas sus acepciones, de modo que, al igual que no se nos ocurre decir que el viento ha sido cesado para indicar que ha dejado de soplar, tampoco debemos decir que alguien ha sido cesado cuando deja de ejercer un trabajo. Para indicar que alguien ha sido obligado a dejar su empleo tenemos otros verbos, como destituir, relevar o despedir (ha sido despedido, lo han destituido, fue relevado…). Hay que aclarar, no obstante, que dado el extendidísimo uso transitivo de cesar (‘hacer que alguien cese’), la Gramática ha acabado por no censurarlo, aunque recomienda claramente evitarlo. Podemos decir, por tanto, que la cagada cesar por destituir ha sido reciclada y es ya solo una cagadita
  4. efectivos, como tropas, no es un término contable («Cerca de 500 efectivos* intervendrán en la seguridad del Mundial»): El Diccionario panhispánico de dudas deja muy claro el significado y uso correcto de efectivo: «Se usa siempre en plural [efectivos] con el sentido de ‘totalidad de las fuerzas militares o similares [policías, bomberos, sanitarios…] que se hallan bajo un solo mando o reciben una misión conjunta», y añade a continuación «De los usos sustantivos indicados ha surgido el empleo incorrecto del singular efectivo con el sentido de ‘individuo componente de un efectivo’ (…). En estos casos deben emplearse sustantivos más concretos, como policía, soldado, etc.». Bueno, pues aquí tenemos uno de esos casos, probablemente el más paradigmático, del se non è vero è ben trovato. ¿Por qué? Muy sencillo: porque a un periodista le resulta mucho más cómodo decir «Más de dos mil efectivos se ocuparán de la visita del papa» que «Cerca de setecientos policías municipales, unos trescientos guardias civiles, una dotación de doscientos bomberos y alrededor de ochocientos médicos y enfermeros se ocuparán de la visita del papa». A diferencia del término tropas, que asociamos de inmediato al Ejército, efectivos puede referirse a militares, policías, bomberos, sanitarios, voluntarios, etc., de modo que convertirlo en sustantivo contable es una cuestión de economía del lenguaje, algo muy difícil de combatir. Así, me temo que se trata de un uso que está aquí para quedarse, una cagada plenamente reciclada…
  5. en primera persona en lugar de en persona («Fue un episodio que viví en primera persona*»): La locución en primera persona se usa en el ámbito de la narrativa para referirse a una forma de contar una historia en la que es el propio autor el que nos habla. Se trata, así, de un uso gramatical de primera persona (del singular o del plural): ‘La que designa, en el discurso, a quien habla’. Para referirnos a aquello que hacemos o vivimos por nosotros mismos o en lo que estamos presentes, el giro apropiado es en persona. En este caso podemos decir que nos enfrentamos a una cagada ilustrada.
  6. doméstico por nacional («Los vuelos domésticos* bajarán sus precios este verano»; «El Financial Times no suele inmiscuirse en la política doméstica* de cada país»): En español, doméstico alude siempre a ‘aquello perteneciente o relativo a la casa u hogar’, no a lo nacional o del interior. Este uso de doméstico es un calco absoluto del inglés, idioma en el qué sí significa ‘nacional, interno’. Se trata, así, de una cagada mundana, que denota cierto postureo y que conviene evita por ser absolutamente innecesaria.
  7. favoritismo no es condición de favorito («Armenia y Suecia confirman su favoritismo* y pasan a la final»: El DRAE define favoritismo como ‘Preferencia dada al favor sobre el mérito o la equidad, especialmente cuando aquella es habitual o predominante’, es decir que se trata de un concepto negativo, centrado en la arbitrariedad más o menos espuria de una decisión. Nada que ver, por tanto, con las connotaciones de condición de favorito, la ‘condición de la persona, animal o entidad a que se atribuye la mayor probabilidad de ganar en una competición’. Se trata de una de las cagadas, en el sentido más literal, del español, y sin embargo se muestra cada día más irreducible. Pruebe el lector a cambiar favoritismo por ventaja en todos los casos en que encuentre la cagada y comprenderá su futilidad.
  8. sendos no es lo mismo que ambos («El resultado fue de 2-0 y el delantero marcó sendos* goles»): Sendos significa ‘Uno para cada una de las personas o cosas mencionadas’, es decir, tiene un sentido distributivo, mientras que ambos significa ‘El uno y el otro, los dos’ (de ahí que la expresión ambos dos sea un pleonasmo absolutamente estéril); como se ve, se trata de adjetivos muy diferentes. En el ejemplo mencionado más arriba lo correcto, por tanto, hubiera sido escribir que el delantero marcó ambos goles, no sendos goles. Sendos, por ese carácter distributivo que lo distingue, solo se ha de utilizar cuando son dos o mas las personas y las cosas que se distribuyen: «Los tres hermanos se repartieron sendas casas en la playa». Nos enfrentamos, por tanto, a lo que podríamos llamar una cagada mental
  9. hacer acto de presencia, locución solo aplicable a personas: («El verano ha hecho acto de presencia* mucho antes de lo esperado»; «): La expresión hacer acto de presencia implica siempre una intención o voluntad, por lo que no es apropiado utilizarla con cosas. De modo que ni el verano ni la noche o la enfermedad, por ejemplo, pueden hacer acto de presencia. Por otro lado, el DRAE define la expresión acto de presencia como ‘Asistencia breve y puramente formularia a una reunión o ceremonia’, lo que nos podría hacer pensar que una frase como «El ministro hizo acto de presencia a las cuatro de la tarde y permaneció reunido hasta el anochecer» es inapropiada (si se trataba de una aparición fugaz y meramente protocolaria, ¿cómo es posible que permaneciera durante horas?). Sin embargo, el Diccionario también recoge la expresión hacer acto de presencia como sinónimo de aparecer, verbo que no limita el tiempo de permanencia de quien aparece. De modo que si utilizamos este verbo en la frase anterior, «El ministro apareció a las cuatro de la tarde y permaneció reunido hasta el anochecer», nihil obstat… Estamos, por tanto, en este segundo caso, ante una cagada misteriosa, una posible cagada que, de serlo, se debe a una redacción defectuosa del Diccionario académico.
  10. muy muy se escribe sin coma («Es muy, muy* importante que vengas mañana»): El uso de la coma en las llamadas reduplicaciones enfáticas, como el caso de muy muy, café café, tanto tanto, etc., ha de ser evitado, tal como recoge la Ortografía académica en el punto a) del apartado «Otros contextos de uso de coma» (ver enlace). Así, la frase del ejemplo debería ir sin la coma entre los dos muy. Igualmente, escribiremos «Me gusta el café café, y que esté muy muy cargado», «Es tan tan cariñoso que resulta pesado», etc. Estamos, pues, ante una cagada sumamente técnica…

Como se puede ver, las cagadas del idioma son del más variado jaez. Afortunadamente, gracias a internet, cada día resulta más fácil identificarlas, contrastarlas y, en su caso, corregirlas. También para los propios académicos. Seguimos en ello…

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

Aunque se veía venir desde hace tiempo, tendremos que recordar el día 15 de marzo como uno de los días más tristes para la lengua de Cervantes. Hace pocos días que terminó el carnaval con el entierro de la sardina y este 15 de marzo de 2011, será recordado como el día en el que el Consejo de Ministros de Educación comunitario dio el visto bueno a la propuesta de la Comisión sobre la cooperación reforzada iniciada para descartar definitivamente al español como lengua oficial, junto con el inglésfrancésalemán en el sistema europeo de patentes.

Tras un largo proceso, España e Italia se han quedado solas en su defensa sobre la discriminación de sus respectivas lenguas frente a las tres oficiales. En el otro lado del ring los restantes 25 países que han apoyado la cooperación reforzada por mayoría abrumadora. El poco peso de España en lo que se refiere a innovación y número de solicitudes de patente presentadas ha lastrado esta negociación, siendo argumentado por los que siempre han querido eliminar al español –o mejor dicho, no incluir– de la patente europea.

Supuestamente, los más beneficiados por la creación de la nueva patente europea son las empresas que se evitarán costes de traducción para proteger las invenciones en todos los países signatarios del Convenio sobre la Patente Europea. Sin embargo, también las organizaciones empresariales españolas CEOECEPYME se han opuesto rotundamente al sistema de tres idiomas y han defendido la no discriminación lingüística manifestando que solo puede ser aceptable un sistema en el que todos los países miembros, sin excepción, renuncien a utilizar su propio idioma y se adopte el inglés como único idioma para tramitar una patente europea y que lo ideal sería que todas las patentes se tradujeran al español una vez concedidas.

Pese a que el español es el segundo idioma por número de hablantes nativos, muy por delante del alemán y francés, ha sido postergado en base a su poca representatividad a nivel tecnológico y científico. De nada ha servido la reciente y alentadora sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que declaraba incompatible con el derecho comunitario el sistema judicial incluido en el esquema de la futura patente mediante el cual se prevé la creación de un tribunal específico para los litigios sobre patentes.

Veremos cómo acaba todo esto, pero sería muy triste ver al español convertido en una lengua con su extremidad científico-tecnológica cercenada, incapaz de crecer, evolucionar y generar nuevos vocablos y términos en éstas áreas.

Paco Martín
Director técnico