El pasado domingo 26 de abril concluyó el Foro Internacional del Español, un evento organizado por el cluster del español (Madrid Network) e IFEMA, que ha cerrado con un balance muy positivo y unas cifras que han superado las expectativas iniciales:

-     Más de 4000 visitantes.

-     3000 usuarios de 20 países vieron las ponencias a través de internet.

-     Más de 5 000 000 de usuarios han hablado del foro en las redes sociales.

La primera edición de este #FIE2015 se ha caracterizado por la calidad de sus contenidos. SeproTec ha sido una de las principales empresas promotoras y organizadoras de algunas de sus actividades:

«Barreras al español en el mercado global»: una mesa redonda que ha moderado Paco Martín, director del área de Propiedad Industrial de SeproTec y en la que han participado Nuria Marcos, directora general de PONS Patentes y Marcas, Patricia García-Escudero, directora general de la Oficina Española de Patentes y Marcas, y Luís de Javier, abogado especialista en Propiedad Industrial.

«Innovación empresarial en el sector de la traducción»: una mesa en la que ha participado María Azqueta, directora del área de Traducción y Localización de SeproTec y en la que ha presentado el proyecto de traducción automática de español de España a español de Hispanoamérica de SeproTec.

«La actualidad se pronuncia»: una mesa de debate sobre el buen uso del lenguaje en el periodismo deportivo y la importancia de las guías de pronunciación (Eurocopa 2012 y Mundial de Brasil 2014) elaboradas entre SeproTec y FundéuBBVA. Además de la intervención de Álvaro Salamanca, director de Relaciones Institucionales de SeproTec, también participó Jesús Álvarez, de RTVE, Eduardo García, de Radio MARCA y Jaime Garcimartín, asesor lingüístico de SeproTec y exredactor de la FundéuBBVA.

«Español o españoles: diversidad y normalización»: una de las mesas de debate más interesantes de este foro. María Azqueta, Javier Bezos, coordinador de la Wikilengua y miembro de FundéuBBVA, y Humberto López Morales, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española, analizaron las dificultades a la hora de dirigirse al mercado hispanohablante en un español neutro.

Además de la participación de SeproTec en estas actividades, también ha tenido una presencia muy importante en la feria. SeproTec contó con un stand en el que se organizaron talleres de interpretación simultánea, así como de doblaje y sincronización labial, actividades por las que pasaron más de 150 estudiantes  y que entusiasmaron al público en general.

El Foro Internacional del Español, promovido por el Cluster del Español de Madrid Network y organizado por IFEMA, cuenta con el apoyo de S.M. el Rey Don Felipe VI, presidente del Comité de Honor, y con el auspicio de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), el Instituto Cervantes, la Universidad de Alcalá, la Universidad de Salamanca, la Fundación General CSIC y el CERLALC.

Sin idioma

febrero 16th, 2015 | Posted by admin in Sin categoría - (0 Comments)

Paseo entre personas que pasean hablando

lenguas que no comprendo

por calles que no sé adónde me llevan.

 

En las paredes frases que no sé lo que dicen,

lo que gritan calladas.

 

Una mujer se acerca

y me pregunta algo que no entiendo,

me lo repite y vuelvo a no entenderla.

 

Parece un sueño pero estoy despierto.

 

Y así, desde hace días, podría decir años,

me he ido acostumbrando a no entender.

 

Le he cogido cariño a esta ignorancia,

a la elipsis que soy, a la sedante

dicha de no poder comunicar.

 

Recuerdo que Canetti soñaba con un hombre

que no hablase ninguna de las lenguas del mundo.

 

Una poesía de Juan Vicente Piqueras

Premio Loewe de Poesía 2012

Ayer se cumplió un mes y un día desde que comenzara la fase final de la Copa Mundial de la Fifa Brasil 2014, momento en el que SeproTec y la Fundéu publicaron la página multimedia Guía de pronunciación Brasil 2014.

La edición de la Guía, un compendio de 1.599 grabaciones de audio y 1.350 transcripciones fonológicas correspondientes a los 736 jugadores integrantes de las 32 selecciones finalistas (23 por selección), sus 32 técnicos, otras tantas federaciones nacionales y sus presidentes, la cincuentena de apelativos con los que se conoce a las selecciones, 33 árbitros y 24 emplazamientos, ha sido una empresa harto complicada que ha requerido de cientos de horas de trabajo por parte de un grupo de casi cincuenta profesionales entre intérpretes-locutores, técnicos de audio, informáticos, editores, diseñadores, documentalistas y coordinadores.

Puede que a alguien le sorprenda el número de intervinientes en la Guía, pero no hay que olvidar que se trata de una obra en la que se ha abordado un léxico muy particular, el de los caprichosos nombres propios, y nada menos que en 16 idiomas. Nombres, además, cuyas grafías pueden ser uniformes en los cinco continentes, pero no así sus pronunciaciones, que varían significativamente a gusto del consumidor. Y así lo hemos podido comprobar en casos como el del jugador colombiano James Rodríguez (/Jámes/, no /Yéims/), el del seleccionador argentino Alejandro Sabella (/Sabéla/, no /Sabéya/) o el de los hermanos Boateng (/Botáng/ el de la selección ghanesa y /Boaténg/ el de la alemana). Es decir, que no ha habido una referencia clara y distinta, basada en sus grafías, para determinar cómo había que pronunciar los nombres de los protagonistas, sino que en muchos casos ha habido que documentarse acudiendo a archivos sonoros o llamando a periodistas cercanos a los jugadores implicados. Y esto sin contar con que, aparte de los 16 idiomas mencionados, se ha trabajado con cinco variedades de inglés (Inglaterra, EE. UU., Australia, Ghana, Camerún y Nigeria), otras cinco de francés (Francia, Bélgica, Suiza, Costa de Marfil y Camerún), tres de alemán (Alemania, Suiza y Bélgica), dos de italiano (Italia y Suiza), dos de portugués (Portugal y Brasil) y dos de neerlandés (Holanda y Bélgica), variedades todas ellas que han sido escrupulosamente respetadas en la selección de locutores —todos ellos hablantes nativos de cada variedad— por parte del departamento de Producción de SeproTec.

Otro de los retos que hubo que afrontar en la elaboración de la Guía fue el que plantearon selecciones como las de Bélgica y Suiza, países donde se hablan tres idiomas oficiales y en los que, por lo tanto, dependiendo del cantón o departamento al que pertenezcan sus hinchas o los periodistas que hacen su seguimiento, los nombres de los jugadores se pronuncian de formas diferentes: a la francesa, a la alemana, a la neerlandesa o a la italiana. Y con el «agravante» de que un alto porcentaje de ambas plantillas tiene apellidos de origen africano, árabe, balcánico o latino. Puesto que se decidió transcribir los nombres de los jugadores tal como se pronuncian en los países a los que representan (ver Sobre la guía), no como en aquellos de los que son originarios (Khedira, por ejemplo, se pronuncia /Kedíra/ en Alemania, pero /Jéd-derá/ en Túnez, país de donde procede el apellido, y en la Guía nos decantamos por la forma alemana /Kedíra/), el problema estaba servido: mientras que en Bélgica los flamencos, de habla neerlandesa, se refieren a Vincent Kompany como /Vínsent Kompáni/, los valones, francófonos, lo llaman /Vansán Kompaní/. Y lo mismo sucede con, por ejemplo, Romelu Lukaku, Kevin Miralles, etc. en la selección belga, o con Philippe Senderos, Xherdan Shaqiri o Admir Mehmedi, entre otros, en la selección suiza. Finalmente, ante la imposibilidad de contactar con los propios jugadores para saber de primera mano cómo se hacen llamar, no hubo más remedio que buscar en internet archivos de audio de las televisiones suizas y belgas en los que se los entrevista o menciona. Y aun así, en ocasiones la elección tuvo que basarse en la estadística, pues dependiendo del medio en el que se los mencionase se les llamaba de una forma o de otra.

También fue especialmente complejo el tratamiento de los nombres procedentes de idiomas no latinos, como los de las selecciones argelina (árabe), coreana, iraní (farsi) o japonesa (no se mencionan la croata, la rusa y la bosnia por estar sus ligas integradas en las competiciones europeas, lo que hace que sus transliteraciones del cirílico al latino sean más uniformes y cuidadas, menos problemáticas). En estos casos se tuvo que trabajar con las transcripciones facilitadas por la Fifa en su página web, transcripciones que en muchos casos difieren notablemente de las que se pueden encontrar en los diferentes medios de comunicación e incluso en las webs de las federaciones nacionales que las facilitan. Tal circunstancia produjo en ocasiones la inseguridad de los intérpretes que tenían que locutar los nombres de los jugadores: las transliteraciones facilitadas por la Fifa, sobre todo las de aquellos jugadores con apellidos poco comunes en sus países de origen, desconocidos también por los propios intérpretes, dificultaban notablemente su labor, de modo que había que buscar otras transcripciones alternativas que pudieran complementar las de la Fifa y que les ayudaran a resolver el rompecabezas. Todo este proceso, lógicamente, consumió bastante tiempo de la edición y producción de la Guía.

Por último, tanto el llamado broken English de selecciones como la ghanesa o la nigeriana, con una fonética en muchos casos bastante alejada de la que se considerada canónica en inglés (si es que existe tal cosa…), como la arbitrariedad en la pronunciación de los apellidos no hispanos de muchos jugadores de selecciones hispanohablantes, supusieron una dificultad añadida. Así, en el caso del broken English de Ghana y de Nigeria nos encontramos con un «Harrison» que se pronuncia /Hárrisen/ (en lugar del previsible /Hárrison/), un «Nyantakyi» que hace /Iyántaki/ (no los esperados /Niántaki/ o /Naiántaki//) o un Ejide que hace /Áyide/, entre muchos otros casos, y pronunciaciones tan alejadas de lo esperado producen muchas dudas, que solo se despejan tras consultar vídeos y audios de diferentes medios en los que distintos periodistas nativos mencionan los nombres de esos jugadores. Y en el caso de los apellidos no hispanos de jugadores pertenecientes a selecciones que sí lo son, como pasa, por ejemplo, con Mascherano, que no hace /Maskeráno/ ni /Masheráno/, formas muy usadas entre los periodistas deportivos españoles, sino /Mascheráno/; con el costarricense Dave Myrie, que al contrario que en el caso de Mascherano sí se pronuncia en función de su origen anglosajón, /Déiv Máiri/, no /Dáve Mírie/, o con el colombiano James Rodríguez, cuyo nombre se lee por decisión propia y familiar /Jámes/, no /Yéims/, como ya hemos dicho más arriba, etc.; en estos casos, decía, solo acudiendo a los archivos de audio de los medios de sus respectivos países se puede determinar cómo hay que llamarlos. Solo después de estas comprobaciones fue posible grabar los audios (recordemos que no se hicieron transcripciones fonológicas de los nombres de las selecciones hispanas).

Todos estos retos, lejos de desanimarnos, nos hicieron trabajar en la Guía con más ahínco, si cabe, conscientes de que nuestra labor, que se revelaba más compleja de lo esperado, produciría también un servicio a la comunidad futbolística de un valor aún mayor de lo esperado. Todavía no disponemos de todos los datos de seguimiento que proporciona Google Analytics, pero sí sabemos que las consultas y los tuits sobre la Guía han sido masivos, especialmente los relacionados con las selecciones de Alemania, Holanda y Francia.

Y llegados a este punto —aquí es donde, quizá, debería aparecer un aviso del tipo «SeproTec no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus colaboradores», porque voy a expresar una opinión muy personal—, tengo que decir que me ha sorprendido la aparente falta de interés y, en cierto sentido, de profesionalidad, de algunos prominentes comentaristas deportivos de la radio y la televisión españolas, que han demostrado en las retransmisiones o crónicas de los partidos no ya un absoluto desdén por la Guía de SeproTec y la Fundéu, algo perfectamente entendible (en el sentido de comprensible, justificable, no en el de inteligible —el único, curiosamente, recogido en el DRAE—) si tenemos en cuenta que hay a su alcance otras formas de conocer la pronunciación de los protagonistas del Mundial (YouTube, Forvo.com, archivos de radio y televisión, las webs de las televisiones de medio mundo…) y que uno es libre de elegir la que más le guste, sino porque han decidido dejarse llevar por la inercia de lo consuetudinario y no molestarse en contrastar (el verbo del periodismo por antonomasia) sus fuentes (¿realmente Thibaut Courtois se hace llamar /Tibú/, o se presenta como /Tibó/; ¿el apellido de Arjen Robben se pronuncia /Róben/ o /Robén/..?). Así, por ejemplo, en la final de anoche entre Alemania y Argentina me volvieron a salir sarpullidos al escuchar una vez más —y ya era la séptima— que quienes la retransmitían llamaban /Hogüédes/ o /Hagüédes/ a /Hévedes/ y /Yoákin Lov/ a /Yoájim Lef/… Pero, como dice el refrán, en el pecado llevan la penitencia, porque imagino que entre los miles de aficionados que han seguido los partidos del Mundial y que han sentido la sana curiosidad —y la sabia humildad— de consultar la Guía (u otros medios a sus alcance, insisto) se habrá producido un runrún de desaprobación hacia los profesionales que no se han molestado en hacerlo.

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

Hace unos días, a raíz de la publicación en el blog «Strambotic» (diario Publico) de un interesante artículo sobre el origen carcelario de muchas palabras coloquiales («Diez palabras muy dabuten surgidas en el talego que usas cada día»)[1] que venimos usando en España, principalmente entre la gente más joven, desde los años setenta, un amigo me puso en guardia sobre el mal uso que se hacía en el texto de la palabra interfecto. Hablando del curioso origen del verbo chinarse[2], decía el autor:

«Este cronistas escuchó recientemente en el aeropuerto de Barcelona a una joven de buen ver (de muy buen ver) manteniendo una conversación nada íntima con un interlocutor invisible: “¿Y por qué se ha chinado la Esther?”. Estuve tentado, pero no lo hice, de preguntar a la interfecta si su amiga se había “rajado la carne o las venas con un trozo de cristal en señal de protesta para lograr sus objetivos”…».

Efectivamente, si acudimos al Diccionario académico, vemos que recoge la siguiente definición de interfecto: ‘(Del lat. interfectus, part. pas. de interficio, matar). adj. Der. Dicho de una persona: Muerta violentamente, en especial si ha sido víctima de una acción delictiva’. Puesto que la interfecta del texto de Strambotic lejos de estar muerta, y menos aún de forma violenta —dada su apariencia, «de muy buen ver»—, estaba vivita y coleando, parece claro que lo que quiere decir el autor con la interfecta es la mencionada, la aludida, acepción no recogida por los académicos, pero ampliamente usada por los hablantes y los medios de comunicación.

Tanto es así que ha merecido la atención de la Asociación de Academias de la Lengua Española, que en su Diccionario panhispánico de dudas (DPD) advierte de que la voz interfecto, usada frecuentemente con intención humorística o despectiva en el habla coloquial con el sentido impropio de ‘individuo del que se está hablando’, ha de ser evitada.

Me temo, no obstante, dado el extendidísimo uso actual de interfecto con el sentido que la Academia considera censurable, y teniendo en cuenta que la mayor parte de diccionarios de uso del español, entre ellos el Clave y el María Moliner, recogen esta acepción, que los académicos tendrán que replantearse si siguen o no condenándolo. Los propios corpus académicos —el CORDE, el CREA y el CORPES XXI— dan buena muestra de la evolución progresiva de su uso, que a medida que avanzamos en el tiempo se decanta por la segunda acepción[3]. Ahora bien, nos (me) queda la duda del porqué de esta curiosa derivación de interfecto, que de significar ‘muerto de forma violenta’ ha pasado a ser ‘persona mencionada’, y además, cuando se alude a ella con intención humorística. Un humor, sin duda, muy negro…

Anexionar(se) no es apoderarse, sino incorporar, unir, agregar

En los últimos meses, a raíz del conflicto de Ucrania, y en especial el de Crimea, los medios de comunicación han sido muy pródigos en el uso del verbo anexionar. Así, hemos podido leer y oír —y aún seguimos haciéndolo, lamentablemente, pues el conflicto está lejos de solucionarse— noticias como: «16 diputados de la Duma estatal rusa registraron un proyecto por el que Rusia podría anexionarse de* Crimea», «Expertos de diversos países consideran que el presidente Putin no quiere anexionarse de* Ucrania, pero sí que en el país haya un Gobierno débil» o «Dimitri Medvedev ha llegado este domingo a la región ucraniana de Crimea —de* la que Rusia se ha anexionado— para una visita de dos días».

Pero ¿qué dice el Diccionario del verbo anexionar? Pues, además de aclarar que se trata de un verbo transitivo, indica que es ‘Unir o incorporar algo, especialmente un país o una parte de su territorio, a otro (sic)’. Por si hubiera alguna duda, que la hay, las Academias quisieron extenderse en su dictamen sobre anexionar en las páginas del DPD, donde se dice que «Lleva un complemento con a, que expresa aquello a lo que se agrega o incorpora lo designado por el complemento directo: “Poco después de que Hitler anexionara Austria al Reich alemán, Gödel perdió su puesto”», y añade que «Se usa a menudo en forma pronominal: “Italia se anexionaba los territorios de Trento e Istria”».

Es decir, que tanto si se usa como pronominal (anexionarse, se anexiona) como si no (anexionar, anexiona), nunca lleva de para introducir el complemento, sino a. Se anexiona algo a algo, normalmente un territorio a otro, o alguien anexiona algo, pero ese alguien o ese algo no se anexionan de dicho territorio, simplemente lo anexionan o se lo anexionan. Así, en los ejemplos mencionados más arriba, lo apropiado habría sido escribir: «16 diputados de la Duma estatal rusa registraron un proyecto por el que Rusia podría anexionarse Crimea», «Expertos de diversos países consideran que el presidente Putin no quiere anexionarse Ucrania…» y «Dimitri Medvédev ha llegado este domingo a la región ucraniana de Crimea —que Rusia se ha anexionado— para una visita de dos días».

Es muy probable que esta confusión en el régimen preposicional del verbo anexionar(se) proceda de su identificación con el verbo pronominal apoderarse, que, sí rige su complemento con de (el sujeto no se apodera algo, sino de algo). En muchos casos, para evitarlo, se puede sustituir anexionarse por incorporar y ver el resultado, que será palmario: si cambiamos «Rusia se anexiona de* Crimea» por «Rusia incorpora de* Crimea» veremos de inmediato que la construcción es errónea.

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec



[1] Hay un excelente glosario de la jerigonza juvenil española en la Wikilengua del español.

[2] Parece ser que chinarse, ‘autolesionarse haciéndose cortes en el cuerpo’, ‘cortarse las venas’, proviene de ‘hacerse el haraquiri’, lo que hacen los chinos japoneses

[3] Sobre la evolución de muchos términos españoles que han cambiado de significado, ver el fantástico artículo de mi excompañero de la Fundéu Federico Romero (DEP) titulado «Pero qué le estáis haciendo a “mis” palabras», una verdadera joya que nadie debería perderse…

No por falta de ganas, sino por falta de tiempo, escribo ahora, con un poquito de demora, esta reseña sobre el V Congreso Internacional Esletra que se celebró hace poco menos de un mes en Nueva York. El póster, magníficamente diseñado por Jesús Zurita, muestra con mucha visión lo que podría –o mejor,  debería– ser el panorama lingüístico a medio y largo plazo en los Estados Unidos y en el resto del mundo. Hay que ser optimistas, jaja, con el permiso del chino, por supuesto, una posible cohabitación entre el inglés y el español como las lenguas más importantes del planeta.

El congreso de ESLETRA es el primer congreso especializado en el español como lengua de traducción que se ha celebrado en Estados Unidos, en la magnífica sede que tiene el Instituto Cervantes en la Gran Manzana y que ha sido brillantemente organizado por nuestras compañeras de Tremédica Cristina Márquez, Bertha Gutiérrez, Carmen Hurtado, Lida Barbeta, y alguno más que me dejo (lo siento).

Durante los días 23 y 24 de abril, y para ir haciendo boca, se pudo asistir y disfrutar de unos talleres precongreso que fueron impartidos por Fernando Navarro, Bertha Gutiérrez Rodilla y Gonzalo Claros y que SeproTec, junto con la Fundación Lilly tuvo también el honor de patrocinar.

Luego ya, entrando en el congreso propiamente dicho, que se celebro los días 25 y 26 de abril, señalar que contó nada menos que con la presencia de Miguel Sáenz, traductor y miembro de la Real Academia Española de la Lengua. Cabe señalar también la presencia de Fernando Navarro al que le fue entregado el III Premio Esletra al finalizar el congreso. Entre el resto de ponentes pudimos asistir a exposiciones de diversos traductores, docentes y miembros, entre otros, del Consejo de la Unión Europea, Naciones Unidas, Instituto Cervantes, Comisión Europea, TIPO, Academia Norteamericana de la Lengua, etc. De estas sesiones he podido extraer y visualizar un retrato del momento que vive el español en el mundo de la traducción: situación actual y, sobre todo, situación frente a la lingua franca que impera en la actualidad.

En cuanto a las actividades “no académicas” –ya sabéis, corrillos entre las diversas sesiones, cafés, cena final–, la verdad es fueron muy cordiales y, como siempre, amenas y sumamente positivas; en ellas siempre tienes la oportunidad de conocer compañeros de profesión con inquietudes similares y charlar sobre los aspectos profesionales que todos compartimos.

Bueno para no ser pesado, os dejo el enlace del programa para que al que le interese pueda digerirlo tranquilamente.

http://www.esletra.info/index.php/es/

http://www.medtrad.org/jornadas-conferencias/index.html

Paco Martín

SeproTec Multilingual Solutions

 

¿Te imaginas a un compañero de facultad con el que te cruzas cuando acaba de salir del despacho de un profesor y te dice: «No te lo vas a creer, pero he conseguido sacarle al Vítguestain la prenota del examen de Filosofía del Lenguaje»? ¿Qué pensarías que quiere decir? Probablemente, si sabes italiano (¡qué malo es saber!…), que se trata de que el profesor le ha reservado una fecha especial para que repita el examen (prenotazione, que significa ‘reserva’ en italiano —por ejemplo, de un hotel—, suele abreviarse como prenota). Aunque lo más normal es que sueltes un ¿lo qué? o un prewhat? que se oiga en todo el campus. Pero eso sí, luego, ya más tranquilo, la unión de don Contexto y doña Imaginación seguramente te harán entender que se trata de la nota provisional que el Vitgues tiene en mente para calificar el examen de tu compañero, que a partir de ese momento será conocido, muy probablemente, como el Prenotas.

 

Bueno, pues a mí y a mi amigo Paco Galván, que como escritor —fantástico— es un atleta de la palabra (gracias, por cierto, por esta bella definición, Paco Muñoz) y, por ello, muy fiable a la hora de detectar o de intuir los usos sospechosos o irregulares de nuestra lengua, nos ha pasado algo muy parecido cuando nos hemos topado con el «posneologismo» prelista, presente en prácticamente todos los medios deportivos españoles desde la semana pasada, cuando los técnicos de las 32 selecciones que jugarán el Mundial de Brasil desvelaron las listas de sus 30 elegidos para la gloria.

 

¿Prelista? —nos preguntamos— ¿Y eso qué quiere decir? ¿Que  no llega a lista? Acaso, ¿que se queda en espabilada? Pero entonces, ¿qué sentido tiene anunciar a bombo y platillo que Del Bosque ha desvelado la espabilada de España? No es su función y, además, habría serias discusiones a la hora de decidir quién es, por antonomasia, la Espabilada de España (a mí, por ejemplo, se me ocurren varias…). De modo que por ahí no íbamos bien. No había duda, entonces, de que los periódicos se referían a otro tipo de prelista, y esta no podía se otra que la relación previa, provisional, de jugadores elegidos por el míster para representar a nuestro país en la Copa Mundial de Fútbol de Brasil.

 

A partir de aquí surgieron otras preguntas: ¿es apropiado el término?, ¿respeta las reglas de construcción de palabras en español?, ¿responde a lo que se quiere significar con él?, ¿hay alguna alternativa clara y concisa?… Pero, sobre todo, ¿por qué se han puesto de acuerdo prácticamente todos los periodistas deportivos en llamar a esta lista provisional prelista, con lo fea que es la palabreja? Ya puestos, podrían haber elegido antelista, por ejemplo. Al fin y al cabo, el elemento compositivo ante- también expresa anterioridad en el tiempo o en el espacio, como demuestra un término tan asentado como anteproyecto

 

¿Pero qué dice la Ortografía del prefijo pre-? Pues no mucho; tan solo que aporta una noción de ‘anterioridad en el espacio o en el tiempo’ a la base léxica a la que afecta. Bueno, y que es uno de los más productivos en español (¡voto a bríos que lo es, a juzgar por la facilidad con la que se echa mano de él!), aunque comparte su fertilidad con otros 40 prefijos, entre los que se encuentran algunos tan tortuosos como ex- (¿quién no ha dudado a la hora de escribir, por ejemplo, ex director general* o exdirector general; exBeatle* o ex-Beatle o, ya para nota, exxilofonista* o exilofonista, desde que se publicó la Ortografía en el 2010?) y otros tan maltratados como super- (sigue siendo demasiado habitual ver escrito super veloz* —o, aun peor, súper veloz*— por superveloz; super listo* por superlisto, o escribir super, sin tilde, para referirse a la gasolina súper o al súper del barrio). Pero volviendo al sentido básico otorgado a los sustantivos formadas con el afijo pre- que denotan una anterioridad temporal, que sería el caso de las sospechosas prelistas, la OLE cita los siguientes ejemplos: precampaña, premamá y Prepirineo.

 

Al analizarlos comprobamos que las precampañas no son campañas propiamente dichas, que las premamás no son aún mamás y que el Prepirineo no es el Pirineo. Sin embargo, parece claro que las llamadas prelistas, ya sean de deportistas, de candidatos a unas elecciones o de éxitos musicales, SÍ son listas, y esto nos debería hacer sospechar que algo no funciona. Podríamos decir en contra de este argumento que un prejubilado sí es un jubilado y que un precontrato es un contrato, pero mientras que jubilado y contrato son derivaciones de verbos, jubilar y contratar, respectivamente, ni campañas ni mamás ni Pirineo lo son. Así, mientras que sí parece admisible hablar de prerrelación de jugadores o de jugadores preseleccionados, pues tanto relación como selección provienen de los verbos relacionar y seleccionar, optar por prelista implica decir que no es una lista, sino lo anterior, es decir, un borrador o bosquejo de lista: una lista provisional, que es, desde mi punto de vista, la forma más apropiada de referirse a ellas. De aceptar prelista con el significado de ‘lista previa’ también tendríamos que aceptar, por ejemplo, prebocadillo de jamón para referirnos al plato en el que ponemos el pernil junto a la barra de pan ya abierta, con su chorrito de aceite en la miga y todo.

 

De modo que se podría decir que el prefijo pre- aplicado a sustantivos a los que se quiere dotar de una noción de anterioridad en el tiempo solo es apropiado cuando dichos sustantivos denotan la acción de un verbo, el verbo matriz del que derivan. Es probable, no obstante, que una lectura más atenta y pausada que la mía de la Gramática académica dé al traste con este argumento. Confieso que he ojeado su apartado sobre la prefijación (extraordinario) sin que apenas nada de lo leído me haya servido para establecer mi razonamiento. Pero resulta sintomático, por ejemplo, que en ninguno de los corpus de referencia del español que he consultado, ni en los tres de la RAE que cité recientemente en el artículo Agradezco que me regales peces… ni en los dos que olvidé mencionar —el de Mark Davis, magnífico, y el Nuevo diccionario histórico del español (CDH) de la RAE, espectacular (gracias, Conchi Polo, por recordármelo en los comentarios al artículo)—, aparece un solo resultado de prelista. Parece, por tanto, que es un término acuñado muy recientemente, aunque con un poder viral fuera de lo común, al menos en el deporte.

 

En fin, como dice un profesor de lengua a sus alumnos en una viñeta que cayó en mis manos recientemente: «Estudiar el lenguaje en sí no se puede, porque el lenguaje es un desmadre de la hostia. Pero no me pongan eso en el parcial. Pongan, qué se yo, que es multiforme y heteróclito»…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

No podemos negar el enorme valor de instituciones como la Fundéu o la RAE, que resuelven nuestras dudas lingüísticas a golpe de una simple llamada telefónica o de un correo electrónico, y «gratis total» o, lo que es lo mismo, «por cero euros». El problema es que nos volvemos perezosos y, peor aún, no aprendemos prácticamente nada. Si acaso, despejaremos alguna duda que, dependiendo de nuestra memoria, volverá o no a presentarse.

Pero es que, además, considerando la gran cantidad de fuentes en línea (¿por qué será que este en línea no logra desplazar al omnipresente online…?) a las que podemos acceder en nuestros días, también de baracalofi, la tarea de investigar la propiedad, validez, oportunidad o tradición de una voz o de una estructura sintáctica puede resultar apasionante.

Veamos de qué herramientas disponemos y su jerarquía a la hora de consultarlas. Hay que tener en cuenta que estas son las herramientas que usa la propia Fundéu para dar respuesta a más del 90 % de las consultas que recibe y para redactar un porcentaje similar de sus recomendaciones.

En primer lugar, como no podría ser de otra forma, está el Diccionario académico, el famoso DRAE, que por ser el Diccionario por antonomasia, el diccionario de los diccionarios, se puede escribir con mayúscula y en letra redonda (no pasa lo mismo si nos referimos a él con su título completo, Diccionario de la lengua española, en cuyo caso sí irá en cursiva y solo con la inicial mayúscula en Diccionario, como dicta la Ortografía —otro caso de uso antonomástico, por cierto— para los títulos de obras de creación). Lo aconsejable es acudir a él en primer lugar cuando se presenta una palabra o locución que desconocemos o de cuya grafía dudamos.

Es importante tener en cuenta que muchas voces contenidas en el DRAE incluyen la llamada «Artículo enmendado», con un atinado color rojo de fondo para que no se nos pase desapercibida. En tal caso, de lo que se nos está advirtiendo es de que en la próxima edición del Diccionario, la vigésima tercera (o vigesimotercera, que ambas formas son correctas), que saldrá en papel (y no entiendo por qué, teniendo en cuenta su grado de obsolescencia) el próximo mes de octubre, alguna de las acepciones de dichas voces ha cambiado, de modo que es fundamental tenerlo en cuenta y pinchar en el enlace para saber la evolución del dictamen académico.

Pero habrá casos en los que el Diccionario no nos dará la respuesta que buscamos, o al menos, con el detalle deseado. Puede sucedernos con las dudas ortográficas, gramaticales, toponímicas o relacionadas con los extranjerismos y neologismos dudosos, entre otras. En tal caso disponemos, en mi opinión, de uno de los mejores diccionarios electrónicos de dudas jamás publicado: el Diccionario panhispánico de dudas (DPD) de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).

En él podemos encontrar, además de la respuesta a las dudas mencionadas más arriba, otras muchas relacionadas con el uso de mayúsculas y minúsculas; la escritura y uso de abreviaturas, siglas y símbolos; las concordancias verbales y nominales; el uso de la tilde; el tratamiento de los topónimos; la escritura y el uso de los numerales, y un largo etcétera. Además, incluye 5 apéndices de una extraordinaria utilidad, como son el de países y capitales del mundo, con sus gentilicios; el de abreviaturas o el de símbolos y signos que se pueden o no alfabetizar, entre otros.

De modo que cuando queramos consultar dudas gramaticales, léxicas complejas, ortográficas y ortotipográficas, nada mejor que empezar por el DPD.

Pero puesto que este superdiccionario de dudas, publicado ya hace nueve años (2005), se encuentra en periodo de adaptación a la Nueva gramática de la lengua española (2009) y a la Ortografía de la lengua española (2010), ambas en línea y de acceso gratuito desde hace casi dos años y que, como indican sus fechas de publicación, son posteriores a aquel e incluyen cambios no recogidos en el DPD, es conveniente acudir a ellas para contrastar las informaciones que consideremos más dudosas o sobre las que deseemos obtener un mayor detalle.

Y si nuestra duda tiene que ver con el español de América, disponemos, también en internet, en la página de la ASALE, del completísimo —más de 70.000 entradas— Diccionario de americanismos, en el que podemos contrastar el uso y, por tanto, la conveniencia o no de utilizar miles de vocablos habituales en los distintos países de Hispanoamérica. Para hacerse una idea de su importancia, baste con decir que sobre este diccionario se apoyó la Fundéu BBVA para elaborar la recomendación del término escrache, elegida palabra del año en el 2013 por la propia Fundación.

Para concluir con los múltiples recursos que nos ofrece la página electrónica de las Academias, no podemos olvidarnos de su banco de datos, en el que se encuentran disponibles tres corpus de gran utilidad para conocer diacrónicamente los usos contextualizados del léxico español: el Corpus Diacrónico del Español (CORDE), el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) y el Corpus del Español del Siglo XXI (CORPES XXI). El primero recoge 250 millones de registros, desde las primeras referencias escritas en castellano hasta textos del año 1975, la mayoría provenientes de la literatura, el ensayo, el teatro y la poesía. El CREA recoge más de 160 millones de registros, escritos y orales, en este caso recogidos en su mayor parte de medios de comunicación españoles e hispanoamericanos fechados entre los años 1975 y 2004. Y el CORPES XXI, en construcción, aunque ya accesible para su consulta, ya dispone de más de 160 millones de registros producidos desde 2004 hasta nuestros días, y su intención es publicar 25 millones de entradas por año.

En muchas ocasiones estos corpus resultan de gran ayuda, en especial cuando dudamos de si una expresión es tradicional en español o se trata de un calco semántico o sintáctico (normalmente del francés o del inglés), pero también para conocer el significado y características de palabras, expresiones y construcciones a partir de los usos reales registrados. Sea como fuere, puede incluso resultar un fantástico entretenimiento si te gustan las palabras…

Otros diccionario de español-español de prestigio y disponibles en la red de forma gratuita son el Clave, de SM; el María Moliner en línea (es una versión desactualizada, pero aun así, de gran utilidad) y el de Wordreference, principalmente por sus utilísimos foros y por su completísimo apartado de sinónimos y antónimos del español (y también del inglés).

En cuanto a los recursos más fiables para resolver dudas toponímicas, más allá del apéndice sobre países, capitales y sus gentilicios del DPD, mencionado más arriba (la Ortografía tiene otro más actualizado, pero desgraciadamente solo se ofrece en la edición en papel), cabe destacar el Libro de estilo interinstitucional de la UE, que incluye una actualizada y completísima lista de Estados, territorios y monedas del mundo consensuada con la RAE y con el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España. Otra referencia extraordinaria, aunque pueda resultar algo chocante, es The World Factbook de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana, la temible CIA, en el que se ofrece una amplísima información, actualizada semanalmente, de todos los países y regiones del mundo. Más allá de su interés intrínseco para conocer la geografía, demografía, economía, régimen político o militar de prácticamente todas los países del mundo, puede resulta de gran ayuda para investigar sobre toponimia internacional. Por último, but not least, está la página de la ONU titulada Estados miembros de las Naciones Unidas, en la que se ofrece una amplia información de sus 192 Estados miembros mediante enlaces a las webs compartidas por la ONU con cada Gobierno. Un filón para conocer de primera mano la toponimia oficial de prácticamente todos los rincones del mundo.

En otro artículo abordaré las referencias más fiables y prácticas, desde mi punto de vista, para acometer traducciones equilibradas, precisas, documentadas y razonables del enorme caudal de angloneologismos que se publican a diario en los medios de comunicación y cuyas correspondencias en español resultan en la mayoría de las ocasiones muy complicadas.

De momento, y para hacer más grata la espera, os paso el enlace a una web con las mejores páginas de descarga gratuita y legal de libros (incluyendo libros de texto y manuales de referencia): http://armakdeodelot.blogspot.com.es/2014/01/absolutamente-todos-los-sitios-donde.html. ¡Que la disfrutéis!

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

«Viajar en business, en un vuelo “doméstico” pagado en cash, y tener que alojarse en una motorhome o en un bungalow».

Parece mentira que en España, donde presumimos de haberle arrebatado a China el tercer puesto como destino turístico internacional (60,6 millones de turistas extranjeros recibimos el año pasado, frente a los 57,4 M que acogió el gigante asiático), solo por debajo de Francia, con 83 M de turistas, y de los EE. UU., con 67 M, el lenguaje del turismo siga tan atestado de anglicismos crudos.

Siendo como es nuestro país una de las principales plataformas de I+D+i para los técnicos de la Organización Mundial de Turismo, su campo de pruebas, de investigación, de innovación; un destino que ofrece respuestas a las nuevas necesidades y retos del sector a escala mundial; que ocupa a 2,5 millones de trabajadores, es decir, a más del 20 % de la población activa española (16,8 M, según la última EPA); que celebra anualmente la segunda feria mundial de turismo, Fitur, y que ha exportado léxico como paella, tortilla, tapa, siesta, sangría, flamenco, señor, torero, fiesta, ruedo, gazpacho, etc., a todos los rincones del planeta…, siendo un país así, decía, seguimos, sin embargo, ofreciendo una imagen tercermundista en lo concerniente a la promoción de nuestro idioma, que ignoramos, poniéndolo a los pies del inglés.

España, así, resulta un país acomplejado de su propia lengua, que no solo subestima como vehículo de comunicación con el mundo exterior, sino también entre sus propios ciudadanos, que insisten en desdeñarla en ámbitos en los que se piensa que el inglés es más chic, más distinguido. Porque es lícito pensar que en ámbitos como la ciencia o las nuevas tecnologías el inglés resulta más preciso; al fin y al cabo son los países anglosajones, principalmente los EE. UU., los que inventan, de modo que tienen ventaja a la hora de fijar sus propios referentes léxicos, que gozan de una especificad inalcanzable en otros idiomas, al menos hasta que esos inventos se popularizan, se entienden en toda su dimensión y, por consiguiente, se interiorizan, que es cuando pasan a ser traducidos y quedan asentados.

Pero en el caso del turismo no podemos pensar sino que se trata de un mero postureo[1]. Salvo rarísimas excepciones —como por ejemplo suite, aunque ya ha sido incorporada a la nueva edición del DRAE, donde aparecerá en redonda con el significado de ‘En los hoteles, conjunto de sala, alcoba y cuarto de baño’—, la mayor parte de los anglicismos usados en el sector del turismo tienen correspondencias inequívocas en español.

Veamos a continuación, para comprobarlo, una lista de anglicismos relacionados con el sector turístico (viajes, alojamientos, actividades de ocio y deporte, etc.), de uso extendidísimo, principalmente entre los profesionales del turismo —lo que tiene aún más delito— y sus correspondencias en español:

  1. Overbooking: sobreventa, exceso de reservas.
  2. Check-in: registrarse (en un hotel o apartamento); facturar (el equipaje).
  3. Finger (de avión): pasarela.
  4. Hub (de aeropuerto): centro de operaciones,  de conexiones o de distribución.
  5. Handling: servicio de equipajes o de maletería.
  6. Touroperator/tour operador: turoperador, agencia mayorista.    
  7. Catering: servicio de comidas (el Diccionario panhispánico de dudas [DPD] propone la adaptación cáterin, en redonda y de plural invariable: varios cáterin).
  8. Jet-lag: desfase horario.
  9. Transfer: conexión, trasbordo, correspondencia.
  10. Standby: en espera.
  11. Ferry: trasbordador, ferri.
  12. Vuelo «doméstico»: vuelo nacional (en español, doméstico alude a lo propio del hogar, no de lo nacional o interior, como sucede en inglés).
  13. Void: (billete) anulado.
  14. Rappel: descuento (aunque el DPD propone la adaptación rápel o rapel; plural, rápeles o rapeles).
  15. Forfait: paquete (turístico), abono (para los remontes) o precio global acordado. No obstante, la próxima edición del Diccionario académico ya recoge esta voz como propia del español, aunque debe pronunciarse como se escribe (/forfáit/), no a la francesa (/forfé/). Su plural es forfaits.
  16. Charter/s: voz adaptadas al español, aunque con tilde: chárter; plural, chárteres.
  17. Duty free shop: tienda libre de impuestos.
  18. Call center: centro de atención al cliente, de atención telefónica o de llamadas.
  19. Pack: paquete, lote, envase.
  20. Kit (de viaje): aunque ya está recogido en el DRAE, puede sustituirse por voces españolas como juego, estuche o equipo.
  21. Set: conjunto, serie, juego o estuche.
  22. Hall: salón, vestíbulo, entrada, recibidor.
  23. Lobby: vestíbulo, recibidor.
  24. Business corner: centro de negocios, sala de internet.
  25. Traveller’s cheque: cheque de viaje.
  26. Cash: efectivo (dinero en efectivo o en metálico).
  27. Fitness centre: gimnasio, sala de entrenamiento.
  28. Amenities: servicios, productos de acogida, instalaciones, comodidades.
  29. Single (room): (habitación) individual.
  30. Bungalow: bungaló, búngalo.
  31. Motorhome: autocaravana.
  32. Business centre: centro de negocios.
  33. Resort: centro turístico o vacacional, complejo hotelero.
  34. Facilities: instalaciones, servicios.
  35. Sommelier: sumiller.
  36. Snorkel: esnórquel, buceo de superficie.
  37. Running: carrera, correr.
  38. Rafting: balsismo, descenso de rápidos, canotaje.
  39. Trekking: senderismo.
  40. Footing: (falso anglicismo para jogging) correr.
  41. Jogging: correr («Voy a hacer jogging»: ‘Voy a correr’).
  42. Spa: balneario, baños o termas.

Y esto sin mencionar muchos otros usos inapropiados en el ámbito del turismo tan habituales como confundir al norte con en el norte («Suiza está en el norte de Italia»); Levante con la Comunidad Valenciana («La paella es propia de Levante»); el Reino Unido con Inglaterra y Gran Bretaña o el Úlster con Irlanda del Norte, entre otros.

Así que, prevenidos quedáis: cuando queráis ir a la Costa Azul no pidáis un biglietto a la Riviera, porque es posible que acabéis en San Remo

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

 


[1] Término consultado a la RAE en 9.812 ocasiones, según consta en la tabla I de este interesante Boletín de Información Lingüística de la Real Academia Española (BILRAE).

Desde luego yo, por si acaso, no las uso. Y mira que estoy viejuno. Y mira, además, que siempre he admirado esos llamados «bonitos cadáveres» (una mala traducción, por cierto, del original good-looking corpses —‘cadáveres bonitos’—, ya que en español, cuando usamos bonito delante del sustantivo solemos hacerlo con ironía: «Bonito espectáculo estáis dando…») que dejaron gente como Janis Joplin, Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Kurt Cobein, Amy Whinehouse o el mismísimo James Dean, a quien se atribuye erróneamente[1] la famosa frase «Vive rápido, muere joven y deja un “bonito cadáver”», que bien pudiera ser el eslogan de las cremas antiedad, auténticas catalizadoras de la muerte si nos atenemos al significado canónico de su apellido (antiedad: que va contra la edad).

Es curioso, sin embargo, que los creativos publicitarios (aunque probablemente la responsabilidad sea de los ejecutivos de márketin que los contratan…), que deben de saber, sin duda, que aging en inglés significa envejecimiento, maduración, no edad, decidieran traducir anti-aging por antiedad (si al menos fueran antiedad del pavo, por ejemplo, todos se lo hubiéramos agradecido). Pero aún más sorprendente resulta que, habiendo pasado ya nueve añazos desde que la Fundéu publicara (1/06/2005) una recomendación al respecto: «antiarrugas o antienvejecimiento, no antiedad», en la que, además de las dos alternativas del título añadía el término rejuvenecedoras («cremas rejuvenecedoras»), es decir, que daba tres alternativas tres para evitar el dislate, hoy en día las cremas asesinas sigan erre que erre, más que nunca, con su afán genocida.

Lo cierto es que hay un viejo axioma en publicidad que dice: «Si un anuncio no te gusta, es que no va dirigido a ti», detrás del cual se adivina —aparte de cierta soberbia— que antes de producir una cuña publicitaria (note el lector que evito usar spot, spot publicitario, voz que ya casi podríamos considerar una colocación asentada del español, tanto del culto como del coloquial) las agencias llevan a cabo tantas pruebas, encuestas y proyecciones con grupos representativos de consumidores, se gastan tanto dinero en ellas y en el plan de medios para difundirlas, que es prácticamente imposible que se equivoquen, que sus anuncios no resulten efectivos. Digamos, por tanto, que suelen jugar sobre seguro. De lo que se deduce que, dado el imparable incremento de marcas de este tipo de lociones que usan el término antiedad, debe de ser que funciona; a la gente le gusta o, usando un lenguaje coloquial, nos la han clavado.

No cabe duda de que el poder de la publicidad sobre los usos lingüísticos de la población es enorme. Y es lógico, ya que su herramienta principal de seducción es la palabra, en la que se sustenta para lograr sus objetivos. Si unimos a esto el hecho de que muchas realidades son nombradas, definidas o acotadas por primera vez en el ámbito publicitario (nuevos productos y servicios, sus efectos o contraindicaciones, las actitudes que provoca, etc.) y que, como ya se sabe, quien pega primero pega dos veces, es natural que sus dictámenes lingüísticos, que además se apoyan en poderosísimas campañas de difusión, queden fijados en el uso popular con enorme rapidez; por supuesto, mucho antes de que los lingüistas, lexicógrafos, traductores profesionales, periodistas o académicos hayan tenido tiempo de evaluar su rigor léxico, sintáctico o gramatical.

Por eso es especialmente importante que los agentes de la publicidad, tanto los creativos como los redactores (los copies, en su peculiar jerga), los ejecutivos, los directivos, etc., sean conscientes de su poder y, por lo tanto, especialmente sensibles al del lenguaje que manejan. Es cierto que la transgresión puede resultar irresistible, que doblegar una palabra, manipularla, darle la vuelta o crearle un doble sentido es apasionante y nos puede poner en órbita (sobre todo cuando vemos que funciona, que la gente la utiliza, que vendemos más con ella), pero al igual que quien no conoce la historia está condenado a repetirla, quien desconoce la norma —la gramática, la sintaxis, las reglas de construcción de palabras en español…— puede tocar la flauta por casualidad, tener la suerte del novato y ser brillante por momentos, pero tarde o temprano desafinará. Así, incluso para transgredir, o mejor dicho, especialmente para transgredir, es fundamental conocer a fondo lo que se vulnera, en este caso la lengua.

La Fundéu, avalada por la Academia, lleva muchos años luchando por que se haga un mejor uso del español en los medios. Consciente de la enorme influencia que estos ejercen en la competencia lingüística de sus destinatarios, la sociedad en su conjunto, tuvo la brillante idea de constituirse en su observatorio lingüístico, en la «Academia de los periodistas». Pero la influencia del lenguaje publicitario en la población no se queda a la zaga de la de los medios. Por eso, y aunque ya en marzo del 2009 la institución promovida por el BBVA firmó un manifiesto en defensa del uso correcto del español en la comunicación comercial y en la publicidad con las principales asociaciones de la industria publicitaria —manifiesto en cuyo 4.º punto, por ejemplo, se recoge la siguiente advertencia: «El empleo de extranjerismos innecesarios y de malas traducciones de giros y vocablos extranjeros empobrece y desluce el mensaje publicitario, por lo que se recomienda la utilización de locuciones y términos españoles»—, a pesar de ello, decía, hace falta prestar una mayor atención al sector. Creo que no basta con una declaración de intenciones. A la vista está que aquella bonita iniciativa no ha obtenido los resultados deseados, y no lo ha hecho probablemente porque era —permítaseme la licencia— un mero wishful thinking, una ilusión carente de algo tan fundamental como una hoja de ruta.

Para hacer efectivos los dictámenes de ese ambicioso manifiesto (no creo que hubiera que retocar un solo punto del decálogo, muy equilibrado tal como está) es necesario crear herramientas y vías de comunicación ágiles entre las asociaciones que representan a los publicitarios y aquellas instituciones que, como la Fundéu o la Academia, se dedican profesionalmente al estudio y observación de nuestro idioma. Me atrevería a decir, incluso, que se echa de menos un publicitario (¿o un publicista?) tanto en el Consejo Asesor de la Fundéu como en la propia Real Academia. Si en ambas instituciones hay representantes del mundo del periodismo, la traducción, la economía, las nuevas tecnologías, el teatro, el cine o el humor, ¿por qué no lo hay también de uno de los sectores más dinámicos y con mayor peso en el devenir de nuestro idioma como es el de la industria publicitaria? Quizá, de haberlo habido antes, ahora hablaríamos de vuelos económicos (low-cost flights) y tarifas uniformes (flat taxes), en lugar de usar las formas vuelos de bajo coste y tarifas planas. Incluso es probable que yo mismo me hubiera hecho un yonqui de las cremas rejuvenecedoras…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

 


[1] La frase forma parte de la película de Nicholas Ray Knock on Any Door (Llamad a cualquier puerta, 1949).

Veamos el siguiente titular: «Alto Volta llama a consultas —‘a capella en grito’— al embajador de Zanzíbar, que atiende al nombre de Mobutu».

¿Cuántos errores has detectado en este supuesto y delirante encabezamiento? Yo veo, al menos, seis…

Dos de ellos son de carácter geográfico, o mejor dicho, geopolítico, por lo que digamos que sirven para añadir un puntito de exotismo a una sección tan «seria», centrada en lengua y traducción, como la que nos ocupa: Alto Volta es Burkina Faso desde 1984 y Zanzíbar, la isla de las especias (‘costa de los negros’, en persa), es una región —una isla— de Tanzania, por lo que, al no ser un Estado soberano, no puede tener embajadores.

Centrémonos, por tanto, en los cuatro errores restantes. Al primero de ellos, el más evidente, y del que también podríamos decir que es de recurso, como los dos anteriores, lo podemos considerar un «error de colocación», pero sobre todo, un error colosal. Tan lamentable y quimérico que si tecleas en Google «a capella en grito», no aparece ni un solo resultado. Y eso debe de ser grave, porque ese mismo buscador devuelve nada menos que 546.000 resultados cuando insertamos en su cajita la voz Mikel Jakson, tal cual (recordemos que lo correcto es Michael Jackson). Nadie en su sano juicio, o que tenga un nivel elemental de español cometería el error de confundir voz con capella. De modo que pasemos ya, sin más «delación», a lo que realmente nos ocupa.

Y para ello, no hace falta salir de la anterior colocación estrambótica —que no bizarra—; en ella encontramos, por fin, un error real, procedente en esta página y, lamentablemente, bastante común: escribir cappella con doble ele, pero una sola pe. No hay más que acudir al Diccionario panhispánico de dudas (DPD) para comprobar que la locución italiana a cappella se escribe en cursiva cuando se utiliza para aludir a la música vocal polifónica que se ejecuta sin acompañamiento instrumental, y en redonda, sin resalte tipográfico y con la grafía adaptada a capela (una sola pe, una sola ele), para referirse, en general, al hecho de cantar sin acompañamiento instrumental —algo que vimos hacer esta misma semana con su himno a los cerca de 50.000 seguidores del Atlético de Madrid que asistieron en directo a la aplastante victoria de su equipo sobre el AC Milan  en el partido de vuelta de octavos de la Liga de Campeones—. Lo que no es apropiado es usar la grafía híbrida a capella, ni en redonda ni en cursiva, como hicieron algunos medios de comunicación y muchas otras webs en sus crónicas del partido mencionado.

Si no me fallan las cuentas, ya solo quedan dos errores por tratar. Empecemos por el de más etiqueta, que además es de concepto: «el Gobierno de X llama a consultas al embajador de Y». Esto, trasladado al mundo del fútbol, sería como si Casillas (Gobierno X), justo antes de que Messi (embajador de Y) le lanzara un penalti —en Copa o en Champions, claro—, se acercara el punto fatídico y le preguntara por dónde lo va a tirar (lo lógico es que si Casillas tiene que llamar a consultas a alguien sea, por ejemplo, a su compañero —embajador— Di María, que conoce muy bien a su compatriota Lio Messi). Diríamos en este caso, trasladando el lenguaje diplomático al fútbol, que Casillas llamó a consultas a Messi, algo a todas luces absurdo. Un Gobierno llama a consultas a sus propios embajadores, no a los de Estados ajenos; cuando se da este segundo caso, lo que se hace es convocar al embajador del país X. Sin embargo, como se puede comprobar al pinchar en este enlace, son muchos los medios que hacen un uso inapropiado de la locución llamar a consultas.

Por último, tenemos al embajador que «atiende al nombre» de Mobutu. En español de España (o españolés, que diría mi excompañero Alberto Gómez Font), entre los múltiples significados del verbo atender está el de ‘llamarse de una determinada manera’. Hasta aquí, bien: el embajador de Zanzíbar se llama Mobutu. El problema es la preposición al, pues tal como recoge el DPD en el punto 4, letra b, de su entrada sobre este verbo tan polisémico: ‘[el verbo atender, con el significado de ‘llamarse de una determinada manera’] siempre va seguido de un complemento precedido de por. Así, lo apropiado habría sido escribir que el embajador de Zanzíbar «atiende por el nombre de Mobutu».

De modo que el titular de este artículo, después de asearlo convenientemente, quedaría como sigue: «Burkina Faso llama a consultas —a capela— a su embajador en Tanzania, que atiende por el nombre de Mobutu».

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA