Ayer se cumplió un mes y un día desde que comenzara la fase final de la Copa Mundial de la Fifa Brasil 2014, momento en el que SeproTec y la Fundéu publicaron la página multimedia Guía de pronunciación Brasil 2014.

La edición de la Guía, un compendio de 1.599 grabaciones de audio y 1.350 transcripciones fonológicas correspondientes a los 736 jugadores integrantes de las 32 selecciones finalistas (23 por selección), sus 32 técnicos, otras tantas federaciones nacionales y sus presidentes, la cincuentena de apelativos con los que se conoce a las selecciones, 33 árbitros y 24 emplazamientos, ha sido una empresa harto complicada que ha requerido de cientos de horas de trabajo por parte de un grupo de casi cincuenta profesionales entre intérpretes-locutores, técnicos de audio, informáticos, editores, diseñadores, documentalistas y coordinadores.

Puede que a alguien le sorprenda el número de intervinientes en la Guía, pero no hay que olvidar que se trata de una obra en la que se ha abordado un léxico muy particular, el de los caprichosos nombres propios, y nada menos que en 16 idiomas. Nombres, además, cuyas grafías pueden ser uniformes en los cinco continentes, pero no así sus pronunciaciones, que varían significativamente a gusto del consumidor. Y así lo hemos podido comprobar en casos como el del jugador colombiano James Rodríguez (/Jámes/, no /Yéims/), el del seleccionador argentino Alejandro Sabella (/Sabéla/, no /Sabéya/) o el de los hermanos Boateng (/Botáng/ el de la selección ghanesa y /Boaténg/ el de la alemana). Es decir, que no ha habido una referencia clara y distinta, basada en sus grafías, para determinar cómo había que pronunciar los nombres de los protagonistas, sino que en muchos casos ha habido que documentarse acudiendo a archivos sonoros o llamando a periodistas cercanos a los jugadores implicados. Y esto sin contar con que, aparte de los 16 idiomas mencionados, se ha trabajado con cinco variedades de inglés (Inglaterra, EE. UU., Australia, Ghana, Camerún y Nigeria), otras cinco de francés (Francia, Bélgica, Suiza, Costa de Marfil y Camerún), tres de alemán (Alemania, Suiza y Bélgica), dos de italiano (Italia y Suiza), dos de portugués (Portugal y Brasil) y dos de neerlandés (Holanda y Bélgica), variedades todas ellas que han sido escrupulosamente respetadas en la selección de locutores —todos ellos hablantes nativos de cada variedad— por parte del departamento de Producción de SeproTec.

Otro de los retos que hubo que afrontar en la elaboración de la Guía fue el que plantearon selecciones como las de Bélgica y Suiza, países donde se hablan tres idiomas oficiales y en los que, por lo tanto, dependiendo del cantón o departamento al que pertenezcan sus hinchas o los periodistas que hacen su seguimiento, los nombres de los jugadores se pronuncian de formas diferentes: a la francesa, a la alemana, a la neerlandesa o a la italiana. Y con el «agravante» de que un alto porcentaje de ambas plantillas tiene apellidos de origen africano, árabe, balcánico o latino. Puesto que se decidió transcribir los nombres de los jugadores tal como se pronuncian en los países a los que representan (ver Sobre la guía), no como en aquellos de los que son originarios (Khedira, por ejemplo, se pronuncia /Kedíra/ en Alemania, pero /Jéd-derá/ en Túnez, país de donde procede el apellido, y en la Guía nos decantamos por la forma alemana /Kedíra/), el problema estaba servido: mientras que en Bélgica los flamencos, de habla neerlandesa, se refieren a Vincent Kompany como /Vínsent Kompáni/, los valones, francófonos, lo llaman /Vansán Kompaní/. Y lo mismo sucede con, por ejemplo, Romelu Lukaku, Kevin Miralles, etc. en la selección belga, o con Philippe Senderos, Xherdan Shaqiri o Admir Mehmedi, entre otros, en la selección suiza. Finalmente, ante la imposibilidad de contactar con los propios jugadores para saber de primera mano cómo se hacen llamar, no hubo más remedio que buscar en internet archivos de audio de las televisiones suizas y belgas en los que se los entrevista o menciona. Y aun así, en ocasiones la elección tuvo que basarse en la estadística, pues dependiendo del medio en el que se los mencionase se les llamaba de una forma o de otra.

También fue especialmente complejo el tratamiento de los nombres procedentes de idiomas no latinos, como los de las selecciones argelina (árabe), coreana, iraní (farsi) o japonesa (no se mencionan la croata, la rusa y la bosnia por estar sus ligas integradas en las competiciones europeas, lo que hace que sus transliteraciones del cirílico al latino sean más uniformes y cuidadas, menos problemáticas). En estos casos se tuvo que trabajar con las transcripciones facilitadas por la Fifa en su página web, transcripciones que en muchos casos difieren notablemente de las que se pueden encontrar en los diferentes medios de comunicación e incluso en las webs de las federaciones nacionales que las facilitan. Tal circunstancia produjo en ocasiones la inseguridad de los intérpretes que tenían que locutar los nombres de los jugadores: las transliteraciones facilitadas por la Fifa, sobre todo las de aquellos jugadores con apellidos poco comunes en sus países de origen, desconocidos también por los propios intérpretes, dificultaban notablemente su labor, de modo que había que buscar otras transcripciones alternativas que pudieran complementar las de la Fifa y que les ayudaran a resolver el rompecabezas. Todo este proceso, lógicamente, consumió bastante tiempo de la edición y producción de la Guía.

Por último, tanto el llamado broken English de selecciones como la ghanesa o la nigeriana, con una fonética en muchos casos bastante alejada de la que se considerada canónica en inglés (si es que existe tal cosa…), como la arbitrariedad en la pronunciación de los apellidos no hispanos de muchos jugadores de selecciones hispanohablantes, supusieron una dificultad añadida. Así, en el caso del broken English de Ghana y de Nigeria nos encontramos con un «Harrison» que se pronuncia /Hárrisen/ (en lugar del previsible /Hárrison/), un «Nyantakyi» que hace /Iyántaki/ (no los esperados /Niántaki/ o /Naiántaki//) o un Ejide que hace /Áyide/, entre muchos otros casos, y pronunciaciones tan alejadas de lo esperado producen muchas dudas, que solo se despejan tras consultar vídeos y audios de diferentes medios en los que distintos periodistas nativos mencionan los nombres de esos jugadores. Y en el caso de los apellidos no hispanos de jugadores pertenecientes a selecciones que sí lo son, como pasa, por ejemplo, con Mascherano, que no hace /Maskeráno/ ni /Masheráno/, formas muy usadas entre los periodistas deportivos españoles, sino /Mascheráno/; con el costarricense Dave Myrie, que al contrario que en el caso de Mascherano sí se pronuncia en función de su origen anglosajón, /Déiv Máiri/, no /Dáve Mírie/, o con el colombiano James Rodríguez, cuyo nombre se lee por decisión propia y familiar /Jámes/, no /Yéims/, como ya hemos dicho más arriba, etc.; en estos casos, decía, solo acudiendo a los archivos de audio de los medios de sus respectivos países se puede determinar cómo hay que llamarlos. Solo después de estas comprobaciones fue posible grabar los audios (recordemos que no se hicieron transcripciones fonológicas de los nombres de las selecciones hispanas).

Todos estos retos, lejos de desanimarnos, nos hicieron trabajar en la Guía con más ahínco, si cabe, conscientes de que nuestra labor, que se revelaba más compleja de lo esperado, produciría también un servicio a la comunidad futbolística de un valor aún mayor de lo esperado. Todavía no disponemos de todos los datos de seguimiento que proporciona Google Analytics, pero sí sabemos que las consultas y los tuits sobre la Guía han sido masivos, especialmente los relacionados con las selecciones de Alemania, Holanda y Francia.

Y llegados a este punto —aquí es donde, quizá, debería aparecer un aviso del tipo «SeproTec no se hace responsable de las opiniones vertidas por sus colaboradores», porque voy a expresar una opinión muy personal—, tengo que decir que me ha sorprendido la aparente falta de interés y, en cierto sentido, de profesionalidad, de algunos prominentes comentaristas deportivos de la radio y la televisión españolas, que han demostrado en las retransmisiones o crónicas de los partidos no ya un absoluto desdén por la Guía de SeproTec y la Fundéu, algo perfectamente entendible (en el sentido de comprensible, justificable, no en el de inteligible —el único, curiosamente, recogido en el DRAE—) si tenemos en cuenta que hay a su alcance otras formas de conocer la pronunciación de los protagonistas del Mundial (YouTube, Forvo.com, archivos de radio y televisión, las webs de las televisiones de medio mundo…) y que uno es libre de elegir la que más le guste, sino porque han decidido dejarse llevar por la inercia de lo consuetudinario y no molestarse en contrastar (el verbo del periodismo por antonomasia) sus fuentes (¿realmente Thibaut Courtois se hace llamar /Tibú/, o se presenta como /Tibó/; ¿el apellido de Arjen Robben se pronuncia /Róben/ o /Robén/..?). Así, por ejemplo, en la final de anoche entre Alemania y Argentina me volvieron a salir sarpullidos al escuchar una vez más —y ya era la séptima— que quienes la retransmitían llamaban /Hogüédes/ o /Hagüédes/ a /Hévedes/ y /Yoákin Lov/ a /Yoájim Lef/… Pero, como dice el refrán, en el pecado llevan la penitencia, porque imagino que entre los miles de aficionados que han seguido los partidos del Mundial y que han sentido la sana curiosidad —y la sabia humildad— de consultar la Guía (u otros medios a sus alcance, insisto) se habrá producido un runrún de desaprobación hacia los profesionales que no se han molestado en hacerlo.

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec

¿Te imaginas a un compañero de facultad con el que te cruzas cuando acaba de salir del despacho de un profesor y te dice: «No te lo vas a creer, pero he conseguido sacarle al Vítguestain la prenota del examen de Filosofía del Lenguaje»? ¿Qué pensarías que quiere decir? Probablemente, si sabes italiano (¡qué malo es saber!…), que se trata de que el profesor le ha reservado una fecha especial para que repita el examen (prenotazione, que significa ‘reserva’ en italiano —por ejemplo, de un hotel—, suele abreviarse como prenota). Aunque lo más normal es que sueltes un ¿lo qué? o un prewhat? que se oiga en todo el campus. Pero eso sí, luego, ya más tranquilo, la unión de don Contexto y doña Imaginación seguramente te harán entender que se trata de la nota provisional que el Vitgues tiene en mente para calificar el examen de tu compañero, que a partir de ese momento será conocido, muy probablemente, como el Prenotas.

 

Bueno, pues a mí y a mi amigo Paco Galván, que como escritor —fantástico— es un atleta de la palabra (gracias, por cierto, por esta bella definición, Paco Muñoz) y, por ello, muy fiable a la hora de detectar o de intuir los usos sospechosos o irregulares de nuestra lengua, nos ha pasado algo muy parecido cuando nos hemos topado con el «posneologismo» prelista, presente en prácticamente todos los medios deportivos españoles desde la semana pasada, cuando los técnicos de las 32 selecciones que jugarán el Mundial de Brasil desvelaron las listas de sus 30 elegidos para la gloria.

 

¿Prelista? —nos preguntamos— ¿Y eso qué quiere decir? ¿Que  no llega a lista? Acaso, ¿que se queda en espabilada? Pero entonces, ¿qué sentido tiene anunciar a bombo y platillo que Del Bosque ha desvelado la espabilada de España? No es su función y, además, habría serias discusiones a la hora de decidir quién es, por antonomasia, la Espabilada de España (a mí, por ejemplo, se me ocurren varias…). De modo que por ahí no íbamos bien. No había duda, entonces, de que los periódicos se referían a otro tipo de prelista, y esta no podía se otra que la relación previa, provisional, de jugadores elegidos por el míster para representar a nuestro país en la Copa Mundial de Fútbol de Brasil.

 

A partir de aquí surgieron otras preguntas: ¿es apropiado el término?, ¿respeta las reglas de construcción de palabras en español?, ¿responde a lo que se quiere significar con él?, ¿hay alguna alternativa clara y concisa?… Pero, sobre todo, ¿por qué se han puesto de acuerdo prácticamente todos los periodistas deportivos en llamar a esta lista provisional prelista, con lo fea que es la palabreja? Ya puestos, podrían haber elegido antelista, por ejemplo. Al fin y al cabo, el elemento compositivo ante- también expresa anterioridad en el tiempo o en el espacio, como demuestra un término tan asentado como anteproyecto

 

¿Pero qué dice la Ortografía del prefijo pre-? Pues no mucho; tan solo que aporta una noción de ‘anterioridad en el espacio o en el tiempo’ a la base léxica a la que afecta. Bueno, y que es uno de los más productivos en español (¡voto a bríos que lo es, a juzgar por la facilidad con la que se echa mano de él!), aunque comparte su fertilidad con otros 40 prefijos, entre los que se encuentran algunos tan tortuosos como ex- (¿quién no ha dudado a la hora de escribir, por ejemplo, ex director general* o exdirector general; exBeatle* o ex-Beatle o, ya para nota, exxilofonista* o exilofonista, desde que se publicó la Ortografía en el 2010?) y otros tan maltratados como super- (sigue siendo demasiado habitual ver escrito super veloz* —o, aun peor, súper veloz*— por superveloz; super listo* por superlisto, o escribir super, sin tilde, para referirse a la gasolina súper o al súper del barrio). Pero volviendo al sentido básico otorgado a los sustantivos formadas con el afijo pre- que denotan una anterioridad temporal, que sería el caso de las sospechosas prelistas, la OLE cita los siguientes ejemplos: precampaña, premamá y Prepirineo.

 

Al analizarlos comprobamos que las precampañas no son campañas propiamente dichas, que las premamás no son aún mamás y que el Prepirineo no es el Pirineo. Sin embargo, parece claro que las llamadas prelistas, ya sean de deportistas, de candidatos a unas elecciones o de éxitos musicales, SÍ son listas, y esto nos debería hacer sospechar que algo no funciona. Podríamos decir en contra de este argumento que un prejubilado sí es un jubilado y que un precontrato es un contrato, pero mientras que jubilado y contrato son derivaciones de verbos, jubilar y contratar, respectivamente, ni campañas ni mamás ni Pirineo lo son. Así, mientras que sí parece admisible hablar de prerrelación de jugadores o de jugadores preseleccionados, pues tanto relación como selección provienen de los verbos relacionar y seleccionar, optar por prelista implica decir que no es una lista, sino lo anterior, es decir, un borrador o bosquejo de lista: una lista provisional, que es, desde mi punto de vista, la forma más apropiada de referirse a ellas. De aceptar prelista con el significado de ‘lista previa’ también tendríamos que aceptar, por ejemplo, prebocadillo de jamón para referirnos al plato en el que ponemos el pernil junto a la barra de pan ya abierta, con su chorrito de aceite en la miga y todo.

 

De modo que se podría decir que el prefijo pre- aplicado a sustantivos a los que se quiere dotar de una noción de anterioridad en el tiempo solo es apropiado cuando dichos sustantivos denotan la acción de un verbo, el verbo matriz del que derivan. Es probable, no obstante, que una lectura más atenta y pausada que la mía de la Gramática académica dé al traste con este argumento. Confieso que he ojeado su apartado sobre la prefijación (extraordinario) sin que apenas nada de lo leído me haya servido para establecer mi razonamiento. Pero resulta sintomático, por ejemplo, que en ninguno de los corpus de referencia del español que he consultado, ni en los tres de la RAE que cité recientemente en el artículo Agradezco que me regales peces… ni en los dos que olvidé mencionar —el de Mark Davis, magnífico, y el Nuevo diccionario histórico del español (CDH) de la RAE, espectacular (gracias, Conchi Polo, por recordármelo en los comentarios al artículo)—, aparece un solo resultado de prelista. Parece, por tanto, que es un término acuñado muy recientemente, aunque con un poder viral fuera de lo común, al menos en el deporte.

 

En fin, como dice un profesor de lengua a sus alumnos en una viñeta que cayó en mis manos recientemente: «Estudiar el lenguaje en sí no se puede, porque el lenguaje es un desmadre de la hostia. Pero no me pongan eso en el parcial. Pongan, qué se yo, que es multiforme y heteróclito»…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec