¿Te imaginas a un compañero de facultad con el que te cruzas cuando acaba de salir del despacho de un profesor y te dice: «No te lo vas a creer, pero he conseguido sacarle al Vítguestain la prenota del examen de Filosofía del Lenguaje»? ¿Qué pensarías que quiere decir? Probablemente, si sabes italiano (¡qué malo es saber!…), que se trata de que el profesor le ha reservado una fecha especial para que repita el examen (prenotazione, que significa ‘reserva’ en italiano —por ejemplo, de un hotel—, suele abreviarse como prenota). Aunque lo más normal es que sueltes un ¿lo qué? o un prewhat? que se oiga en todo el campus. Pero eso sí, luego, ya más tranquilo, la unión de don Contexto y doña Imaginación seguramente te harán entender que se trata de la nota provisional que el Vitgues tiene en mente para calificar el examen de tu compañero, que a partir de ese momento será conocido, muy probablemente, como el Prenotas.

 

Bueno, pues a mí y a mi amigo Paco Galván, que como escritor —fantástico— es un atleta de la palabra (gracias, por cierto, por esta bella definición, Paco Muñoz) y, por ello, muy fiable a la hora de detectar o de intuir los usos sospechosos o irregulares de nuestra lengua, nos ha pasado algo muy parecido cuando nos hemos topado con el «posneologismo» prelista, presente en prácticamente todos los medios deportivos españoles desde la semana pasada, cuando los técnicos de las 32 selecciones que jugarán el Mundial de Brasil desvelaron las listas de sus 30 elegidos para la gloria.

 

¿Prelista? —nos preguntamos— ¿Y eso qué quiere decir? ¿Que  no llega a lista? Acaso, ¿que se queda en espabilada? Pero entonces, ¿qué sentido tiene anunciar a bombo y platillo que Del Bosque ha desvelado la espabilada de España? No es su función y, además, habría serias discusiones a la hora de decidir quién es, por antonomasia, la Espabilada de España (a mí, por ejemplo, se me ocurren varias…). De modo que por ahí no íbamos bien. No había duda, entonces, de que los periódicos se referían a otro tipo de prelista, y esta no podía se otra que la relación previa, provisional, de jugadores elegidos por el míster para representar a nuestro país en la Copa Mundial de Fútbol de Brasil.

 

A partir de aquí surgieron otras preguntas: ¿es apropiado el término?, ¿respeta las reglas de construcción de palabras en español?, ¿responde a lo que se quiere significar con él?, ¿hay alguna alternativa clara y concisa?… Pero, sobre todo, ¿por qué se han puesto de acuerdo prácticamente todos los periodistas deportivos en llamar a esta lista provisional prelista, con lo fea que es la palabreja? Ya puestos, podrían haber elegido antelista, por ejemplo. Al fin y al cabo, el elemento compositivo ante- también expresa anterioridad en el tiempo o en el espacio, como demuestra un término tan asentado como anteproyecto

 

¿Pero qué dice la Ortografía del prefijo pre-? Pues no mucho; tan solo que aporta una noción de ‘anterioridad en el espacio o en el tiempo’ a la base léxica a la que afecta. Bueno, y que es uno de los más productivos en español (¡voto a bríos que lo es, a juzgar por la facilidad con la que se echa mano de él!), aunque comparte su fertilidad con otros 40 prefijos, entre los que se encuentran algunos tan tortuosos como ex- (¿quién no ha dudado a la hora de escribir, por ejemplo, ex director general* o exdirector general; exBeatle* o ex-Beatle o, ya para nota, exxilofonista* o exilofonista, desde que se publicó la Ortografía en el 2010?) y otros tan maltratados como super- (sigue siendo demasiado habitual ver escrito super veloz* —o, aun peor, súper veloz*— por superveloz; super listo* por superlisto, o escribir super, sin tilde, para referirse a la gasolina súper o al súper del barrio). Pero volviendo al sentido básico otorgado a los sustantivos formadas con el afijo pre- que denotan una anterioridad temporal, que sería el caso de las sospechosas prelistas, la OLE cita los siguientes ejemplos: precampaña, premamá y Prepirineo.

 

Al analizarlos comprobamos que las precampañas no son campañas propiamente dichas, que las premamás no son aún mamás y que el Prepirineo no es el Pirineo. Sin embargo, parece claro que las llamadas prelistas, ya sean de deportistas, de candidatos a unas elecciones o de éxitos musicales, SÍ son listas, y esto nos debería hacer sospechar que algo no funciona. Podríamos decir en contra de este argumento que un prejubilado sí es un jubilado y que un precontrato es un contrato, pero mientras que jubilado y contrato son derivaciones de verbos, jubilar y contratar, respectivamente, ni campañas ni mamás ni Pirineo lo son. Así, mientras que sí parece admisible hablar de prerrelación de jugadores o de jugadores preseleccionados, pues tanto relación como selección provienen de los verbos relacionar y seleccionar, optar por prelista implica decir que no es una lista, sino lo anterior, es decir, un borrador o bosquejo de lista: una lista provisional, que es, desde mi punto de vista, la forma más apropiada de referirse a ellas. De aceptar prelista con el significado de ‘lista previa’ también tendríamos que aceptar, por ejemplo, prebocadillo de jamón para referirnos al plato en el que ponemos el pernil junto a la barra de pan ya abierta, con su chorrito de aceite en la miga y todo.

 

De modo que se podría decir que el prefijo pre- aplicado a sustantivos a los que se quiere dotar de una noción de anterioridad en el tiempo solo es apropiado cuando dichos sustantivos denotan la acción de un verbo, el verbo matriz del que derivan. Es probable, no obstante, que una lectura más atenta y pausada que la mía de la Gramática académica dé al traste con este argumento. Confieso que he ojeado su apartado sobre la prefijación (extraordinario) sin que apenas nada de lo leído me haya servido para establecer mi razonamiento. Pero resulta sintomático, por ejemplo, que en ninguno de los corpus de referencia del español que he consultado, ni en los tres de la RAE que cité recientemente en el artículo Agradezco que me regales peces… ni en los dos que olvidé mencionar —el de Mark Davis, magnífico, y el Nuevo diccionario histórico del español (CDH) de la RAE, espectacular (gracias, Conchi Polo, por recordármelo en los comentarios al artículo)—, aparece un solo resultado de prelista. Parece, por tanto, que es un término acuñado muy recientemente, aunque con un poder viral fuera de lo común, al menos en el deporte.

 

En fin, como dice un profesor de lengua a sus alumnos en una viñeta que cayó en mis manos recientemente: «Estudiar el lenguaje en sí no se puede, porque el lenguaje es un desmadre de la hostia. Pero no me pongan eso en el parcial. Pongan, qué se yo, que es multiforme y heteróclito»…

 

Jaime Garcimartín

Exredactor de la Fundéu BBVA

Consultor Lingüístico – SeproTec