Aunque se veía venir desde hace tiempo, tendremos que recordar el día 15 de marzo como uno de los días más tristes para la lengua de Cervantes. Hace pocos días que terminó el carnaval con el entierro de la sardina y este 15 de marzo de 2011, será recordado como el día en el que el Consejo de Ministros de Educación comunitario dio el visto bueno a la propuesta de la Comisión sobre la cooperación reforzada iniciada para descartar definitivamente al español como lengua oficial, junto con el inglésfrancésalemán en el sistema europeo de patentes.

Tras un largo proceso, España e Italia se han quedado solas en su defensa sobre la discriminación de sus respectivas lenguas frente a las tres oficiales. En el otro lado del ring los restantes 25 países que han apoyado la cooperación reforzada por mayoría abrumadora. El poco peso de España en lo que se refiere a innovación y número de solicitudes de patente presentadas ha lastrado esta negociación, siendo argumentado por los que siempre han querido eliminar al español –o mejor dicho, no incluir– de la patente europea.

Supuestamente, los más beneficiados por la creación de la nueva patente europea son las empresas que se evitarán costes de traducción para proteger las invenciones en todos los países signatarios del Convenio sobre la Patente Europea. Sin embargo, también las organizaciones empresariales españolas CEOECEPYME se han opuesto rotundamente al sistema de tres idiomas y han defendido la no discriminación lingüística manifestando que solo puede ser aceptable un sistema en el que todos los países miembros, sin excepción, renuncien a utilizar su propio idioma y se adopte el inglés como único idioma para tramitar una patente europea y que lo ideal sería que todas las patentes se tradujeran al español una vez concedidas.

Pese a que el español es el segundo idioma por número de hablantes nativos, muy por delante del alemán y francés, ha sido postergado en base a su poca representatividad a nivel tecnológico y científico. De nada ha servido la reciente y alentadora sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que declaraba incompatible con el derecho comunitario el sistema judicial incluido en el esquema de la futura patente mediante el cual se prevé la creación de un tribunal específico para los litigios sobre patentes.

Veremos cómo acaba todo esto, pero sería muy triste ver al español convertido en una lengua con su extremidad científico-tecnológica cercenada, incapaz de crecer, evolucionar y generar nuevos vocablos y términos en éstas áreas.

Paco Martín
Director técnico